jueves, 26 de enero de 2017

8577. “EL PÚAS”, RUBÉN OLIVARES Y LA LEY DEL DESAPEGO.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

“El Púas”, Rubén Olivares y la ley del desapego.

Es inútil decir que no deberíamos querer la seguridad. Hemos de descubrir que no existe la seguridad, que buscarla es doloroso y que cuando imaginamos haberla encontrado, no nos gusta. Lo principal es comprender que no hay ninguno.
Alan Watts. (1915-1973).
Filósofo inglés.



Fotos: Rubén Olivares en 1969, cuando ganó el título mundial de peso gallo. En la foto superior de Carlos Hernández de La Jornada, “El Púas” a los 70 años cumplidos muestra una de sus obras de madera tallada, La última cena, en un puesto de La Lagunilla en donde desde hace tres meses subasta sus recuerdos. el ex campeón mundial de peso gallo y pluma ganó 78  peleas por nocaut.

Lejos quedaron los tiempos en que el boxeo era uno de los deportes más populares en nuestro país. El boxeo era sólo superado por el mítico futbol, deporte preferido de las masas, pero el box siempre fue el deporte del barrio bravo, y es que en el barrio hay que pelear para sobrevivir. Ya no hay grandes ídolos como el mítico “Alacrán” Torres, José Ángel “Mantequilla” Nápoles y su pintoresco manager, Kid Rapidez, ahora los ídolos, como el Canelo Álvarez, son fabricados por las televisoras. En ese tiempo las peleas eran en grandes escenarios, como la última precisamente de “Mantequilla” Nápoles que se realizó en la Monumental Plaza de Toros México, también era el auge de las televisoras que mucho contribuyeron a crear los ídolos de las décadas de los 60´s en adelante.

Uno de los ídolos del box fue “El Púas” Rubén Olivares, que en cada pelea se batía con sus rivales como si en ello le fuera la vida. Nacido en Guerrero y criado en el barrio bravo de la colonia Bonjodito, El Púas se la tuvo que rifar desde niño. A los 16 años comenzó a pelear en el ring, y antes de ser profesional y campeón mundial, ya acumulaba una larga experiencia en combates callejeros. Olivares sumó más de 60 peleas profesionales antes de conocer la derrota a manos de otro guerrero del ring, Chucho Castillo, a quien le arrebató el título mundial, por fin en la tercera batalla pudo vencer a Chucho Castillo para recuperar el cinturón que ahora “El Púas” vende en un millón de dólares, mientras que su anillo de ingreso al Salón de la Fama los remata en dos millones de dólares.

El ex boxeador aclara que no tiene problemas de dinero, pero cobra 100 pesos por tomarse una foto con él y cien por cada autógrafo. “El Púas” fue ídolo en una época que ya se fue, como boxeador fue notable al grado de que muchos lo consideran el mejor boxeador mexicano de todos los tiempos.

Leí con gusto la entrevista que le hizo Carlos  Hernández, de La Jornada; he leído la biografía de Rubén Olivares, que tuvo que levantarse de situaciones realmente adversas. En cada entrevista revela algo nuevo o curioso, como cuando narró que siendo un chaval su padre le propinó severa golpiza por robar, nunca más volvió a tomar lo que no era suyo.

En la última entrevista El Púas revela que le ofrecieron la nacionalidad estadounidense la primera vez que fue campeón mundial: “y yo ahí voy de pendejo a decir ‘No, gracias, yo soy muy mexicano’. ¿Por qué no la agarré? No que ahora ve: como está nuestro país de jodido y ahora más con este nuevo presidente de Estados Unidos (Donald Trump). ¿a dónde vamos a llegar?...”.

Tal vez no lo sepa, pero Rubén Olivares está poniendo en práctica la ley del desapego, y como dijo el gurú del liderazgo del Centro Fox, ¿Qué es eso?, la ley del desapego se ilustra con la parábola de la balsa: si un hombre construye una balsa para cruzar un peligroso río y luego de cruzar el río el hombre carga la balsa sobre sus espaldas porque le fue útil, ese hombre no obraría de acuerdo a la ley del desapego. ¿Cómo obraría apropiadamente con la ley del desapego?, lo justo sería que la abandone en la playa o la amarre a la costa dejándola flotar y después continúe libremente su camino.

En verdad, en la mente y la boca de la mayoría de los mexicanos está el tema Trump y el muro de la ignominia, en estos temas más que la ley del desapego (por ejemplo dejar atrás a los partidos políticos) es mejor aplicar la vieja máxima que reza: Todo pasa. Nada dura para siempre, ni la partidocracia del PRIANPRD que morirá cuando el pueblo despierte. La era Trump con todos sus retos y amenazas nos puede impulsar a buscar nuevos caminos, pero ningún sendero será bueno si no partimos de la resolución de los grandes problemas nacionales: terminar con la corrupción, con la desigualdad y con el pacto de impunidad de la partidocracia para lograr una verdadera democracia sustentada en la participación ciudadana, sólo así, unidos podremos enfrentar a Trump y a otros soberbios mesiánicos como él.

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