martes, 31 de enero de 2017

8612. LEVANTAMIENTO DEL NIÑO DIOS.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista, periodista y escritor.
Desde Michoacán. México. Para
Tenepal de CACCINI

Vamos a conocer de la historia del Levantamiento del Niño Dios, una bonita tradición que ha perdurado, data de los tiempos después de la Conquista cuando los frailes llegaron a La Nueva España a evangelizar a los indígenas. Con el 2 de febrero termina el ciclo de la Navidad en México, por ello, en muchos poblados se acostumbra levantar al niño que lucía en el Nacimiento para vestirlo con las mejores ropas y accesorios durante esa fecha. El jueves 2 de febrero indica el término del ciclo de la Navidad. Se han cumplido 40 días desde el nacimiento del Niño Dios y por lo tanto, según las creencias antiguas, el tiempo en que la Virgen quedó confinada --por ello este día está dedicado a la purificación de la parturienta--.

De acuerdo con Fray Bernardino de Sahagún, el 2 de febrero se iniciaba el año de los antiguos mexicanos. Acababan de pasar los 5 días Nemontemi -Los cinco días al final del año calendario azteca, o los cinco días de mala suerte o inútiles. Se lo consideraba un momento peligroso, cuando la gente debía quedarse en sus casas y ni siquiera cocinar para evitar atraer la atención de los espíritus desfavorables. Estaban seguidos por Quahuitlehua, también llamado Atlcahualo, el primer mes calendario, 120 horas de mal agüero en los que nadie osaba hacer nada, por temor a la suerte nefasta, decían que vendrían los espíritus malignos y acabarían con la raza humana. Cuando terminaban, la gente se purificaba para entrar con el pie derecho al año nuevo-.

De manera que aquí se vuelve a encontrar la coincidencia de acontecimientos --prehispánicos y católico-europeos--, tan frecuente en nuestro país y que facilitaba la labor de los misioneros del siglo XVI.

Bueno, volvamos a lo del Levantamiento, en esta fecha se vuelven a reunir los familiares, amigos que cortaron la Rosca de Reyes y se ofrecen tamales y atole. Es también el día en que se acostumbraba levantar al niño y se guardaban las figuras del Nacimiento para el fin de año, ya que la costumbre era mantener el pesebre hasta este día.

El Niño Dios era sacado de su pesebre por la madrina que lo acostó en Nochebuena y era vestido con rica ropa de tela brillante --esta tradición aún sobrevive hoy en día—. En los mercados se pueden adquirir todos los detalles necesarios para confeccionar su indumentaria, incluyendo el halo que rodeará su cabeza. Por lo general, los vestidos son hechos en casa, sin embargo hace varios lustros, se podía ver en la ventana de alguna casa un letrero que decía: Se forran botones y se visten niños Dios.

Una vez vestido el niño, se sienta en una bandeja adornada con guirnaldas de flores y dos cirios y es llevado en procesión a la iglesia, donde es bendecido por el sacerdote. De regreso a casa se guarda, junto con las demás figuras del Nacimiento.

Las velas se conservan porque, según la creencia, protegen a sus poseedores contra tempestades. El hecho hace recordar el relato de Fray Toribio de Motolinía quien decía en 1541: “En la fiesta de la Purificación y Candelaria traen sus candelas a bendecir, y después que con ellas han andado la procesión, tienen en mucho lo que les sobra, y guárdanlo para las grandes enfermedades, truenos y rayos, y para otras necesidades.

Quizá en el ciclo navideño, más que en ninguna otra celebración, se aprecia cómo las primeras enseñanzas del siglo XVI dejaron los nuevos ritos bien establecidos y cómo los indígenas, a su vez, los elaboraron para crear con el tiempo algo muy mexicano, unas fiestas alegres y llenas de gozo, que no se parecen a ninguna de otra parte del mundo.

Nuesto país es rico en tradiciones, muchas que datan de tiempos de los Aztecas y otras más que fueron introducidas por los frailes franciscanos y agustinos cuando llegaron a la que fue llamada Nueva España.


LAS TRADICIONES NO DEBEN FENECER, ¡RESCATÉMOSLAS!

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