jueves, 9 de febrero de 2017

8645. CADA QUIEN HABLA DE LA FERIA…

Rafael Ceja Alfaro.
Docente, escritor y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Pues nosotros estábamos acostumbrados a la fiesta Patronal del Pueblo; la Víspera que era para preparar estrenos, las primeras comuniones, el mole pal guajolote o las carnitas o el antojito que cada quien podía. Eso si, para la Primera Comunión era una canasta de pan, leche y chocolate, podía haber más cosas para el desayuno, pero eso no podía faltar.

El mero día había fut bol, básquet, carreras de caballos, peleas de gallos, desde luego las misas de Alborada, de Primera Comunión, la de Función con “las ristras” de “cuetes”, la Procesión de San José y luego un rosario largo, largo.

Pero en las calles había puestos de vendimias de artesanías de Paracho y Quiroga, ahora ya son ventas de piratería. Después conocimos el Jueves de Corpus acá en Zamora, todavía no se llamaba feria y lo hacían, lo que yo recuerdo, por la polvorienta calle de 5 de mayo, muy despoblada todavía y ni un vacuno manejando “camión urbano”, se podía caminar por media calle y luego entrar por las filas de ambos lados de la calle de puestos con mulitas de paja (Sin agraviar) cornetitas de lámina, alcancías con forma de mulitas (Perdón otra vez) y de muchas figuras. También vendían unas medallitas de colores que siempre me han gustado, hasta la fecha. Algo parecido es lo que trajeron los conquistadores ibéricos  para intercambiar con los nativos, ellos nos daban medallitas y espejitos a cambio de piezas de oro exquisitamente labradas. Unos puestos con carabinas de aire, pero con postas para tirarles a unas figuras de lámina, unas tablas grandes con globos inflados y unos dardos que si lograbas atinar los tres o cinco te ganabas un premio. A veces le atinaban, porque los famosos dardos tenían los clavos chuecos, precisamente para que perdieran dirección. Lección de “tranza” traída de la Madre Patria.

La Rueda de la fortuna era más alta que mi papá y daba miedo subirse, pero ya arriba se sentía bien bonito como el aire te levantaba el copete y te acariciaba la cara. Cuando todavía éramos pocos hermanos alcanzaba para subirnos al Volantín y luego a los caballitos. (A propósito, ahora ya nomás los de tequila). Nos invitaban a comer a la casa de la inolvidable y siempre guapa señora María Elena Avalos, esposa de don Jesús Álvarez. María Elena siempre  quiso mucho a mi mamá.

Ahí siempre había mucho que comer, don Jesús tenía muchos huevos, en ese tiempo las gallinas necesitaban gallo para poner sus huevitos, eran gallinas contentas, no que ahora pobres animalitos, frustradas, amargadas, sin saber lo que es un orgasmo, ¿Dónde están los defensores de la equidad genero?,  don Jesús creo que era el principal distribuidor de este producto de gallina en la región. A la fecha cuando nos encontramos con la señora María Elena, Jesús el hijo mayor, Miguel y la ahora doctora… siempre nos saludamos con mucho afecto.

La parte de la 5 de Mayo que les cuento es exactamente frente a la “Catedral Inconclusa”, abandonada, con decirles que no tenía ni techo, menos curas, centros de salud o pleitos por derechos que mientras no se aclaren siguen siendo chuecos. No recuerdo bien si ahí se instalaban las carpas con la “Mujer barbada”, una exhibición de unas ratas gigantescas que según la propaganda fueron capturadas en La Merced, en la Ciudad de México. Lo que si recuerdo es a mi mamá cargando a uno de nosotros y jalando a los que ya caminábamos.

El día se iba sin sentir, con dinero o sin él, la diversión seguía con solo ver los puestos, los juegos dando vueltas, los ojos encantados de disfrutar un espectáculo de cada año y las manos en las bolsas vacías de los pantalones, asunto que no tenía la menor importancia. En la noche todo era más bonito, las luces que giraban en los juegos, el polvo ni se notaba y luego salía el “Torito” y el remate era un fulgurante castillo. Luego modorros y más dormidos que despiertos nos subían a la camioneta, pick up, y acomodados unos con otros llegaba el sueño hasta que de pronto un movimiento en el hombro y una frase “Despierta Mijo ya llegamos”.

Muchos años después volví a ver “El Corpus” por los rumbos de donde ahora es Jardinadas, por la calle Leonardo Castellanos, podríamos decir que todo igual, los niños comprando las mulitas, las cornetas, unos pajaritos de barro que se les ponía agua y al soplarles imitaban el trinar de las aves.

“Y aquí vine porque vine, a la feria de las flores, a ver una rosa huraña que es la flor de mis amores y no hay cerro que se me empine ni cuaco que se me atore” (Chucho Monge).

Por modernidad o por presunción o por no se qué ni cuando saltó esta festividad al rango de “Feria” con Palenque y presentación de artistas y por más lucha que se hace en Zamora, la mejor feria se hace en Jacona que ha demostrado organización y ha hecho bien las cosas. Me tocó participar en el cambio de lugar, de los Campos Amado Nervo a los terrenos del Princess. Un visionario y emprendedor ciudadano Juanito… “Se la rifó” y realmente  le dio un giro muy importante a la idea iniciada por el Padre Gustavo L. Franco. Por años funcionó muy bien, no sé qué pasó y todo se vino abajo y en los tiempos presentes de aquellas áreas de juegos, delfines, puestos varios, Gallos, museo de cera y muchas atracciones más, ya solo importa el Teatro del Pueblo que se ha convertido en tremenda cantina custodiada por vigilantes que cuidan a los que salen “pitimos”, es decir, cuidan el desorden no el orden. Pocos metros después de haber salido de “Las instalaciones de la feria”, los ciudadanos son detenidos por cumplidos elementos de la ley que según sus privilegiadas mentes sospechan que vienen con unas “De más” y “Párate ai”  En serio, tengo más de veinte años que no “disfruto” una bacanal de esa magnitud.

Dejamos lo pueblerino pretendiendo alcanzar a los Disneylandios y nos quedamos que “Ni chicha ni limonada” ya no hay los puestos de Jueves de Corpus ni las flamantes ferias con Palenque y destacados grupos musicales.

Con la llegada de la “modernidá” se fueron quedando atrás los goces y se adelantaron las ventajas cien por ciento económicas, de tal forma ahora se mide la feria de acuerdo a lo que se gana o se pierde, es menos importante el disfrute. Más de 20 años sin ir, y no siento haber perdido nada importante, podría expresarme  de acuerdo con el título de esta columna “Me va mal en las ferias”. Veremos este año, se dice que habrá La Feria de Jacona.

Las cosas, en si mismas, no son buenas ni malas, somos nosotros quienes de acuerdo al uso que les damos o al provecho que obtenemos, les adjudicamos el adjetivo, objetivamente, para alguno éste será positivo, y muy seguramente para otro será negativo. “Se oyen los lamentos por doquier” dijera El Jibarito Rafael Hernández, “el año pinta mal” es un clamor general, pero aún así debemos echar el cuerpo “pá delante”, trabajar un poco más de lo acostumbrado.

“Cada quien habla de la feria como le va en ella”

Por hoy hasta aquí, esperemos la Feria de Jacona y la Feria Internacional del tal Trump.

Saludos cariñosos para Toda mi Familia y Todos mis Amigos.

Rafael Ceja Alfaro

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