viernes, 17 de febrero de 2017

8688. IMPERDONABLE.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Imperdonable.
Tío Daniel tuvo un Chevrolet 42 (más feo que escupir un Cristo en Viernes Santo), al que le tomó cariño y nomás no se deshacía de él, aunque vivía en el taller. Finalmente un día, estacionado en avenida de los Insurgentes, un tráiler cargado de cemento le pasó por encima todas las ruedas. ¡Bendito tráiler!, dijo tía Elenita, su esposa, que odiaba ese coche con todas las fuerzas de su alma.

¡Bendito Trump! (no se altere, siga leyendo); el batracio ese que ocupa la Casa Blanca, sin querer ni darse cuenta, nos está sirviendo de mucho.

En primer lugar (ya lo hemos dicho), para que de una buena vez, se acabe el discursito ese de que los gobiernos yanquis son nuestros socios, amigos, buenos vecinos: no, nunca, y nada bueno hemos sacado de ellos, ni del TLC, que no benefició a la población (al país sí, en lo macroeconómico, pero la pobreza creció, el salario siguió estancado y la riqueza se concentró).

También ha servido el patán de Trump, para recapacitar en que nuestro gobierno sí hizo su tarea y firmó tratados comerciales con otros muchos países (cuarenta o más), pero nuestros empresarios se concentraron en exportar al país vecino, ‘aquí nomasito’, en lugar de entrarle a  diversificar clientela y mercados… y ahora, con todos los huevos en una canasta, están que les da el soponcio.

En tercer lugar, el aguerrido Donald, nos ha obligado a voltear la mirada hacia nuestros compatriotas que están allá. Bien. Pero, un detallito: lo que están allá y ya tienen en orden sus papeles de residencia, no quieren saber nada de nosotros y no son raros los que sufren de un inexplicable complejo de superioridad (los hay insoportablemente sangrones… no tan poquitos, que encima, la mitad de ellos votó por el Trump, voto sin el que no estaría de Presidente, no se nos olvide); y los que no han conseguido legalizar su estancia, aparte de sufrir mucho, no quieren regresar a esta su risueña patria, por la cosa lógica de la chamba, la diferencia de ingreso, y porque allá con todo y todo, viven mejor que en esta tierra de hombres cabales (aparte y aunque sea un comentario de pésimo gusto, recapacitemos en que el salario promedio que allá ganan ronda los 2,500 dólares al mes y el promedio individual de remesas es de 320 dólares mensuales, doce por ciento de su ingreso, datos de 2009 -no encontré más actuales-, del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos y del Banco de México, así que tampoco se quitan el pan de la boca por ayudar a sus familias; valiosísimos los 26 mil millones de dólares que suman al año, pero son más de 6 millones 700 mil tenochcas.

De cualquier manera: gracias al salvaje Trump, ahora nos preocupan los trabajadores migrantes, empezamos a protestar por el trato que reciben y todo nuestro cuerpo diplomático en los EUA, se ha puesto a atenderlos… y nuestros compatriotas, recurren a los consulados mexicanos, que antes, muchos, ni se paraban por ahí.

En cuarto lugar (y siempre gracias al majadero inquilino de la Casa Blanca), ahora los mexicanos que viven allá empiezan a darse cuenta que no es de provecho la desunión ni vivir armando miríadas de organizaciones que pelean entre ellas o representan exclusivamente a los oriundos de su pueblo: si estuvieran unidos y  organizados, siendo los millones que son, ni loco se atreve el presidente yanqui a darles un arrimón: ni loco.

En quinto lugar (y de la mayor importancia), el grosero discurso del P. Trump (ya sabe, la P es de lo que usted disponga), ha provocado que el mundo entero se ponga del lado de México, pues nos ven como a un David simpaticón sin onda y con sombrero de charro, que enfrenta a un Goliat pelos de elote, abusivo y racista: Alemania (y casi toda Europa), Latinoamérica, China y los países de la cuenca del Pacífico, han alzado la mano: -¡Hey¡… compro, pongo fábricas, no hagan caso al Trump.

En sexto lugar, este bruto que se hospedó en la Casa Blanca, nos reconcilia -así sea a la chita callando-, con nuestros gobernantes (no sea díscolo). No es cierto que don Peña Nieto anda de tibio; sea objetivo: revise qué ha declarado, qué ha hecho: se ha comportado (¡alabado sea el Señor!), como un digno jefe de estado. En serio. No seamos aferrados, ya dejemos de lado que lo invitó antes de que fuera Presidente (metida de pata si las hay), porque a la hora buena ya en el cargo el salvaje Trump, ha actuado con dignidad y sin echar bronca, que sería de risa y no es su papel. Pero… no tenga miedo a reconocer que nuestro Presidente, en esto, ha hecho lo que debe y bien (total, nadie se va a enterar, acéptelo).

En séptimo lugar y siempre por obra y gracia del palurdo Presiente yanqui, en su propio país se ha desatado una corriente de opinión en defensa de los derechos humanos y civiles de los migrantes y están tomando conciencia de la importancia que tienen para la economía yanqui. Al menos 10 gigantes multinacionales se han opuesto abiertamente a la política migratoria del soez Trump (Toyota, BMW, Google, IBM, Apple, Amazon, Microsoft, AB InBev, Starbucks y Nordstrom), y el cuerpo académico de sus mejores universidades (Instituto Tecnológico de Massachusetts, Harvard, Pittsburg, Princeton, Yale y Nueva York). Destaca inmensamente por sobre todas esas adhesiones contra el P. Trump, la de la Reserva federal de los EUA (‘Fed’), que son los verdaderos dueños de la economía yanqui y global, además de ser los que dan o no dinero a su gobierno: el 14 de febrero pasado, Janet Yellen,  presidenta de la ‘Fed’ dijo en el Senado de allá, que frenar la inmigración ‘puede perjudicar’ el crecimiento de la mayor economía mundial. Enmudeció el palenque. Sin la ‘Fed’, don Bruto está perdido.

Por último, deberíamos los mexicanos recapacitar en la importancia de recuperar nuestra autosuficiencia alimentaria, pagar bien a los que se dedican a pensar… y crear condiciones que ya no espanten a los mexicanos, para que regresen a México los casi 300 mil millones de dólares tienen depositados fuera, que eso por justificado y legal que sea, es casi imperdonable.

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