viernes, 17 de febrero de 2017

8690. ¡QUE MENTIROSAS SON LAS MAMÁS...!

LA ECONOMÍA Y USTED

Por: Eliseo Castillo A.
Economista analítico.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

MIS REGLAS

Las reglas del juego son claras,
conjugamos el verbo amor y lo libamos,
conjugamos nuestras nostalgias,
las vivimos, las paladeamos sin reclamos.
Conjunción de respuestas somos, sólo eso,
este amor que a veces es suma de excesos,
se cocina y sazona sin recato,
apenas abres tus nocturnos ojos y los veo,
haciéndome el milagro de la vida.
Mis reglas es que conjuguemos el amor,
conjuguémoslo en tuyo, mío, nuestro.

eliseo.

Recuerdo que en mi infancia, mi padre reía mucho con la fábula que aparecía en nuestro libro de texto de primaria; seguramente era de tercer año y se llamaba Lengua Nacional; en este aparecía una madre tlacuacha que había extraviado a su hijito; luego de buscarlo sin cansancio, todos los animales invariablemente, ante la descripción que hacía la madre de su hijo, negaban haberlo visto. La madre Tlacuache les pinta el retrato de un tlacuache bebé muy hermoso, con todas las cualidades del mundo; vamos, el mejor tlacuache posible; hermoso, inteligente, gordo, mejor que los demás, muy superior para los de su edad; por tanto, todos los entrevistados le manifiestan que definitivamente no le han visto. 

La pobre madre sigue vagando por la selva sin consuelo, hasta que una fiera se le acerca relamiéndose los bigotes después de comer un rico cachorrito que se encontró perdido. Una vez que escucha a la desolada madre le dice que definitivamente no ha visto a esa joya de animal que es su hijo. 

Mira, le dijo, realmente no he visto a tu hijo; pero no te desanimes, seguramente que lo encontrarás, hay muchos pequeños perdidos, mira que me acabo de comer uno, pero no era tu hijo, este era flaco, con los pelos parados, ojeroso... ¡mira, aun quedan algunos restos de él..., no era el tuyo...!

La madre tlacuache rompe en llanto mientras reconoce los pelos y pedazo de piel que queda entre las garras del felino.... ¡te has comido a mi hijos, le reclama!

¡Pero tú buscas un animal hermoso, gordo, listo...!

¡Ingrato....! ¿Acaso no entiendes....? ¡Soy madre...!

Efectivamente querido lector, una de las más mentirosas es la madre; de manera casi ciega practica la negación ante lo evidente; se construyen una burbuja para sus hijos donde estos son especiales a tal grado que resultan peligrosas y aburridas; peligrosas porque si se les lleva la contraria normalmente hay pleito; y aburren por que se la pasan contratándose para hablar maravillas de su hijito... el mejor de la clase; el más educado del barrio; el orgullo de la familia; el para su edad..., demasiado brillante. Vamos, una joyita adelantado a sus compañeritos; o es la nena más admirada en la escuela..., todo lo sabe..., toooodo lo maneja.

Lo fantástico es que la gran mayoría de las madres son terriblemente mentirosas al sostener que su hijita o hijito son lo mejor del barrio, la escuela y la iglesia; claro, no tiene nada contra sus amiguitos...¡pero hay niveles por Diós!

El problema es que en estos casos hay que ser ecuánimes con las madres, desde su capacidad de amar, y su necesidad de ser reconocidas les brota  a puños esa búsqueda de reconocimientos para su gran obra, reflejada en sus hijos. Por eso aun que seguramente todos los niños tuvimos elementos físicos y mentales que nos hicieron lucir feítos en algún momento, o todo el tiempo; pero para nuestras queridas madres regularmente éramos hermosos; eramos tan hermosos a sus ojos, que cuando estamos flacos les parecemos lindamente esbeltos, cuando estamos bajitos, están convencidas de que somos tan bellos que la humanidad no podría con tanta belleza creciendo más; si somos gordos y deformes, ellas consideran que es señal de felicidad nuestra "pancita", así con cariño.

Total que para las madres no hay defectos y carencias... soooooolo cualidades diferentes, todas invariablemente bellas que nos hacen especiales. Para ellas ser chaparros, gordos, larguiruchos y flacos, narizones  nos da un toque de especiales; y para ella los seis y sietes que sacamos de calificación en ocasiones en la escuela..., ni qué decir cundo se reprueba una materia, regularmente alguien más tiene  la culpa...; seguramente son las envidias de los profesores que no aceptan que su hijito querido brille como corresponde. Ya ni le digo cuando de verdad el hijo es inteligente y obtienen nota altas... ¡que nos agarren confesados al estar cerca de esas madres..., son para volverse locos; cuando hablan de sus niños son la soberbia y orgullo imparable!

Claro, como exclamó  la mamá tlacuache al darse cuenta que el felino se había comido a su hijo... ¡soy madre!

Será por eso que cuando recordamos a nuestra madre sabemos que en algún momento, al menos en algún momento fuimos bellos, brillantes y casi perfectos; hasta eso ha hecho nuestra madre por nosotros, negar nuestros defectos, hasta que la realidad y otras personas se encargan de desnudar nuestra verdad.

Bueno, supongo que las madres son una casta rara de amor, pasión y ceguera consciente.

Le abrazo con cariño. 

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