miércoles, 22 de febrero de 2017

8711. MUROS DE LODO.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Muros de lodo.
Algo le he contado antes de tía Beatriz, mujer capaz de deprimir al Sambódromo en su más loca noche de carnaval, que cuando uno la saludaba con el estándar ‘hola tía, ¿cómo estás?’, respondía invariablemente: -‘Pues aquí, con mi pena’ –y sí, tuvo penas, como todo mundo, pero la diferencia era que ella empeñó su vida en ser la campeona mundial y olímpica del sufrimiento, magnificando problemas, inventando tragedias y proclamando males a pesar de su salud de hierro, con el previsible resultado de que ya nadie le hacía caso y la vez que en una cena de Navidad empezó con que sentía el pecho como oprimido, tampoco le hicimos caso, hasta que azotó la cabeza en el plato de bacalao, muerta de un infartazo. Pobre tía Beatriz… se perdió los romeritos.

Hace varias décadas, en las escuelas de esta nuestra risueña patria, se nos enseñaba que el país era el cuerno de la abundancia, que nuestra Constitución era la mejor, que para revoluciones la mexicana y para héroes, pintores, escritores y machos, los nuestros. El caso es que los mariachis, nuestra cocina y María Félix eran la envidia del mundo y Chaplin vivía en la depresión desde que supo de Cantinflas. Como México no había dos y por eso, cualquiera que necesitaba refugio, el primer país en que pensaba era el nuestro y los recibíamos a todos con los brazos abiertos: españoles, judíos, libaneses, turcos, chilenos y a los gringos viejitos porque acá les luce más su pensión. Faltaba más: mi casa es tu casa.

No era del todo cierto, de acuerdo, pero de unos años acá, se nos fue metiendo en la cabeza, de a poquitos como las humedades, que nuestro país es una birria gracias en primer lugar, a que los infames conquistadores vinieron a deshacer una civilización idílica en que todo estaba bien (las guerras eran ‘floridas’, nomás para que le calcule); trágico nuestro destino por haber quedado tan cerca de los gringos y tan lejos de Dios; desgraciados por tener los veneros de petróleo escriturados por el diablo; desdichados  porque robaron la mitad más rica de territorio (aunque si fuera nuestra, seamos sinceros, la ‘migra’ yanqui estaría atajando migrantes igual, más arribita nomás); sí, un país víctima de gobernantes ineptos y rateros, porque si nuestros políticos no fueran lo que son, otro gallo nos cantara y esto sería una potencia. Y ahora, encima: ¡Trump!

Vea nada más la prensa de ayer: ‘La Jornada’: Trump da luz verde a deportaciones masivas; ‘El Universal’: Trump ordena contratar 15 mil nuevos agentes y acelerar deportaciones; ‘Reforma’: Esboza EU expulsión masiva de migrantes; ‘Reforma’: EU planea iniciar muro en Texas, Arizona y California; ‘El Financiero’: Denunciará AMLO a Trump (¡uy, eso sí le va a poner el copete de punta!)… Trump, Trump, Trump… oiga, pareciera que tiene en sus manos nuestro futuro y no, de ninguna manera: para empezar es Presidente de otro país.

Las comparaciones siempre son odiosas, sabido es, pero en este caso es irresistible la tentación: la canciller de Alemania, Angela Merkel, después de que el Trump dijera en una entrevista varias de las estupideces que le conocemos, solo que en esa ocasión, referidas a Europa, le respondió al día siguiente: ‘Los europeos tenemos nuestro destino en nuestras manos. Nosotros decidiremos sobre nuestros desafíos’. Punto.

Ya sabremos qué hace o deja de hacer el gobierno del Trump. No tendríamos que andar de prontitos meneando el rabo para caerle bien. Más correcto sería asumir nuestra realidad: México es lo que hemos hecho los mexicanos, mucho bueno y mucho malo (la proporción entre ambas cosas queda a su criterio).

Lo que no nos gusta de nuestro país no es responsabilidad de ningún otro país. Tenemos la matadera que tenemos porque libremente nuestra autoridad firmó el Plan Mérida (o ‘Iniciativa’, como la quieran disfrazar). Perseguimos las drogas, todas las drogas, por plegarnos a la política prohibicionista del tío Sam, desde tiempos de Cárdenas. Nuestro desempleo no es culpa de nadie del extranjero, ni nuestro despilfarro, ni nuestro constante saqueo de bienes, ni nuestra corrupción. Nada de eso es importado.

Todos los años que salieron del país millones de mexicanos a buscar trabajo en los EUA, no se oyó ninguna voz oficial (ni a ningún empresario) clamando por detener esa hemorragia de talento, cerebros y mano de obra, al contrario, se vio como un alivio a la presión de la inmensa cantidad de gente que no podíamos ni podemos emplear… y aunque el gobierno tenga estelarmente la responsabilidad, hemos de aceptar que algo tiene que ver el capital privado en el asunto, algo, digo, hay 300 mil millones de dólares ganados en México y depositados en el extranjero, en vez de ser reinvertidos acá, creando fuentes de empleo y más riqueza. Digo.

Todos los ocho años de don Obama, nadie puso el grito en el cielo cuando deportó a dos millones 800 mil tenochcas (Trump va más lento que Obama y estamos inconsolables).

Todos los años que estuvieron construyendo más de mil kilómetros de bardas en la frontera con México, no fue motivo de escándalo en nuestra prensa, ni preocupación principal de nuestras autoridades. Ahora sí y no es porque diga el Trump que nos la va a cobrar, sino porque el de la idea original, en 1994, fue nuestro buen amigo Bill Clinton  (‘Operación Guardián’), y luego en octubre de 2006, otro gran amigo de México, Bush, fue quien promulgó la “Ley de Valla de Seguridad”, autorizando la construcción de mil 100 kilómetros de muros y barreras a lo largo de la frontera, diciendo: “Esta ley hará que nuestras fronteras sean más seguras. Es un paso importante hacia la reforma migratoria”; y como no nos dijo de groserías ni violadores, entonces, tragamos… aunque haya sido planteada como condición para la reforma migratoria.

El país está como está con Trump y sin Trump, con y sin TLC. Y nuestros problemas, por cierto, no se resuelven con economía, sociología ni tecnología: el problema de México se resuelve con ética, privada y pública, porque sin ética se construyen muros de lodo.

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