miércoles, 22 de febrero de 2017

8714. RECUPERAR LA DIGNIDAD PERDIDA.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepall de CACCINI

Recuperar la dignidad perdida.

Y así como los pueblos sin dignidad son rebaños, los individuos sin ella son esclavos. José Ingenieros. (1877-1925). Psiquiatra Italiano.

Seguramente conocen la historia de Teresa González, Alberta Alcántara y Jacinta Francisco, tres mujeres indígenas detenidas injustamente, procesadas y encarceladas bajo acusación de privar de la libertad a seis agentes federales en 2006, en Santiago Mexquititlán, Querétaro; el martes pasado después de 10  años de lucha y  a  casi siete años de su liberación,  las mujeres lograron que la PGR ofreciera una disculpa y reconociera públicamente su inocencia. Raúl Cervantes Andrade, titular de la Procuraduría General de la República, la ofreció, a nombre del gobierno federal y de la dependencia.

Mario Patrón, Director del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Prodh), leyó un discurso en el acto de reconocimiento de la inocencia de las señoras Jacinta, Teresa y Alberta, enfatizó que el Estado debe reparar el daño ocasionado a las víctimas y a sus familias. Copio  las partes medulares del discurso:

“hoy estamos aquí para atestiguar un acto de esperanza, gracias a la dignidad de tres mujeres indígenas que decidieron alzar la voz contra la injusticia; que decidieron luchar contra un acto corrupto por el que falsamente se les acusó de secuestradoras y hasta de poseer drogas”; agregó que el Centro de Derechos Humanos: “las ha acompañado por casi una década (…), gracias por su dignidad ñañú, por su fuerza de mujeres y por su persistente búsqueda de la verdad. Finalmente, después de 10 años, los representantes de las instituciones que las agraviaron, reconocerán –porque así lo ordenaron los tribunales– que ustedes siempre tuvieron la verdad de su lado y que nunca fueron culpables”.

“Hechos como los que vivieron, lastiman la vida para siempre. No hay duda: nadie podrá reparar los más de tres años en la cárcel, las congojas de sus familias al buscar liberarlas, el haber sido presentadas ante los medios de comunicación como criminales, el hecho de que doña Tere haya traído al mundo a la pequeña Jazmín estando en reclusión, el que doña Jacinta no haya podido disfrutar en libertad a su hijo Luis antes de que se nos adelantara en el camino, o el que hasta hoy sigan teniendo pesadillas en las que alguien se las lleva súbitamente a prisión. Incluso si llegan a cerrar, las heridas dejan cicatrices imborrables”.

El orador destacó la unidad y la fortaleza de las familias de Teresa, Jacinta y Alberta, que han estado a lado de sus mujeres sin dejar de atender las necesidades familiares: “doña Jacinta y su esposo don Memo han seguido elaborando las nieves que venden en el mercado y en la famosa paletería Jacimemo. Doña Teresa y doña Alberta, con el apoyo de sus familias, hoy producen jitomate en sus invernaderos y siguen bordando muñecas artesanales”.

“Hoy que se reconoce públicamente su inocencia, celebramos también que, aunque autoridades corruptas les quisieron arrancar la vida, no lo lograron. Seguramente los policías de la AFI, el Ministerio Público y el juez que las condenó pensaron que ustedes no podrían revertir sus acusaciones falsas; no sabían hasta dónde llega la dignidad de las mujeres ñañús. Por eso su lucha hoy es un ejemplo para todo México: no sólo porque es una victoria de la verdad frente a la mentira, sino porque su perseverancia se ha vuelto un emblema de la valentía, de la honestidad y de la sencillez, propias de los millones de mexicanas y mexicanos que en las condiciones más adversas labran el futuro con sus manos campesinas y siguen adelante, desafiando día a día la injusticia y la discriminación”.

“En un país donde 98 por ciento de los delitos permanece en impunidad, en el México adolorido de los más de 28 mil desaparecidos; donde la tortura es generalizada, donde más de 150 mil personas han muerto violentamente en la llamada guerra contra el crimen organizado; donde las instituciones que deberían cuidarnos son todavía en demasiadas ocasiones quienes agravian a los más vulnerables; testimonios de vida como el de ustedes son un signo de esperanza(…),  hoy las acompañan en este acto representantes de la sociedad civil que durante años las ha y nos ha apoyado en su lucha; integrantes de esa comunidad internacional que no deja de respaldar nuestros esfuerzos; pero sobre todo, las acompañan también otras personas, sobrevivientes de graves injusticias, que, como ustedes, son ejemplo de resistencia y de tenacidad. Aquí están esta tarde las mujeres de Atenco que han tenido que demandar al Estado ante la Corte Interamericana; padres y madres de Ayotzinapa, que siguen buscando a sus hijos; víctimas sobrevivientes de Tlatlaya, que aún esperan justicia; las mujeres valerosas de la campaña Rompiendo el Silencio, todas juntas contra la tortura sexual, y, desde sus corazones, también están –no lo dudamos– todas aquellas víctimas de nuestro México lastimado que han decidido exigir justicia como ustedes. Sus generosos esfuerzos para llegar hasta este acto, sépanlo, nutren también otras historias de lucha contra la impunidad”.

¿Hacen falta más palabras? ¿Cuántos mexicanos indígenas, mestizos, criollos, negros, amarillos, están en la cárcel injustamente mientras que los ladrones y cómplices del crimen están libres?

Recuperar la dignidad perdida, la dignidad que a estas mujeres y sus familias les sobra ese es el reto, es una condición para reconstruir este país desfragmentado por la partidocracia.

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