domingo, 26 de febrero de 2017

8732. EL FILÓSOFO ISAIAH BERLIN Y LA MIRADA DE LOS MEXICANOS.

Por el Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez.
Sociólogo, docente universitario, Investigador y poeta.
Desde el Estado de Guanajuato. México. Para
Tenepal de CACCINI

EL FILÓSOFO ISAIAH BERLIN Y LA MIRADA DE LOS MEXICANOS.

Isaiah Berlin (1909- 1997), pensador, filósofo judío de origen ruso, que termina siendo británico e incluso recibiendo el título de Sir. Politólogo e historiador de las ideas, uno de los pensadores más importantes del siglo XX, el liberal con mayúscula, el apasionado de la libertad y sus dos conceptos contrapuestos, la libertad positiva y la libertad negativa. El que le pidió prestado a Kant su frase no muy optimista: “de la madera torcida de la humanidad no se ha hecho jamás nada recto”, para titular su obra: El fuste torcido de la humanidad.

Transcurría una de las etapas más complejas de la historia de la humanidad, me refiero a la Segunda Guerra Mundial, que encontraría a Isaiah Berlin  de 1942 a un año posterior a su finalización 1946, ejerciendo un puesto en la  Embajada Británica en la capital de la Unión Americana, Washington D.C. Los reportes que redactaba eran muy apreciados por Winston Churchill, quien estaba en su primer periodo como Primer Ministro británico y por muchos otros políticos por su perspicaz visión de la escena política estadounidense.

Berlín en 1945 fue operado de sus senos nasales en Baltimore y recibió el ofrecimiento por parte del embajador estadounidense en México, a visitar este país como parte de su recuperación. El pensador acepta y pasa un par de días en la capital del país, posteriormente se trasladará a Cuernavaca capital del vecino estado de Morelos, ubicada a 85 kilómetros al sur de Ciudad de México.

En el libro titulado Building- Letters, 1960- 1975, en el segundo tomo encontramos una carta que dirige a la esposa del Embajador estadounidense, Elizabeth Morrow fechada el 4 de abril de 1945, en la que agradece la invitación y posteriormente le confiesa su incomodidad, ya que México le parecía un país cruel y sangriento al que nunca querría regresar.

Su imagen del país es una mezcla de horror y fascinante curiosidad antropológica y repulsión física. Lo real es que México horrorizó a Berlin. “México era una nación extraña, salvaje, tosca y tímida”. Para el pensador acido en Riga- Letonia, los mexicanos eran “personajes oscuros y feroces, dominados por la superstición y el barbarismo”.

Posteriormente en otra carta que dirigirá a su gran amiga, la socióloga Jean Floud, al enterarse que ésta brindará unas conferencias en el Colegio de México en 1968, la que integra el tercer tomo de las cartas de Berlin, le hace ver que qué encontrará un país pavoroso. Se compadece de su amiga y no le esconde su impresión de ese país salvaje.

En México estuve muy aterrado, escribe Berlin subrayando el adverbio. México le resultaba inapreciable, no solamente por la violencia, sino por la celebración de esa violencia  que aparece en todos los rincones. Incluso le narra en la carta su experiencia de las imágenes de violencia enaltecidas por el arte mexica no. “Esos murales empapados de sangre, sangre en todos lados”, le escribe a Floud. 

Argumento por el que seguramente el pintor Diego Rivera, le habrá parecido un romántico de la atrocidad.

Externa el pensador: “La tierra en México es obviamente muy rica y puede dar vida a la vegetación más recargada, pero la mirada en los ojos de la gente me aterró. Podría respetarlos y hasta admirarlos. Jamás me podría sentir tranquilo entre ellos”.

Berlín veía a México como un país que difícilmente podría formar parte de la civilización liberal. Es más consideraba al campo mexicano extraño: remoto, extranjero: D.H. Lawrencesco. Que el tequila, está bien, pero el recuerdo de un hombre en la calle como en la Edad Media, le horripilaba.

Hace 71 años, Berlín veía el rostro de los indígenas mexicanos, impávidos, inertes, mirando al cielo sin parpadear. Hombres petrificados. Demasiado tiesos, dice en su descripción. Inhumanos los considera. México sentencia el pensador no es un país para liberales de piel delgada como yo. Y eso que muy a menudo en su vida Berlin solía decir: “Mi paisaje favorito son las personas”.

Incluso en su viaje consideró a los mexicanos con temperamentos “más intensos una vida interna más secreta que los alegres, sonrientes y, supongo frívolos latinoamericanos de otros países con los que uno se encuentra en Washington”. 

Retomando el tema del arte, decía: los murales empapados de sangre, sangre en todas partes, en Cuernavaca y también en la ciudad de México: primero un mural de Rivera, de los aztecas haciendo sacrificios humanos: luego de los españoles masacrando a los aztecas: luego gente siendo asesinada en lo que los estudiantes llaman C18 (siglo XVIII): luego los españoles masacrados en la Revolución Mexicana a principios del C19: después la sangre que manaba en tiempos del buen Juárez, después Madero, Zapata, etc.: finalmente un mural de un guerrillero y a sus pies un compañero degollado con una guadaña y diciendo “Tierra y libertad”.

Tiempo después Isaiah Berlín escribía: “La injusticia, la pobreza, la esclavitud, la ignorancia, esto puede ser curada por la reforma o la revolución. Pero los hombres no viven solamente combatiendo los males, viven por objetivos positivos, individuales y colectivos, una amplia variedad de ellos rara vez predecibles, a veces impredecibles”.

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