lunes, 27 de febrero de 2017

8734. OTRO CANTAR.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI


LA FERIA
  
Otro cantar.
Aunque no parezca importante, nuestro idioma se compone de 158 mil palabras (88 mil castizas y 70 mil americanismos). Los que saben dicen que con variantes, modismos y declinaciones, sin contar tecnicismos ni regionalismos, el español llega a las 300 mil.

Bueno, pues resulta que en México, el común de las personas se comunica en la vida diaria con entre 300 y 1,500 (según el Boletín de la UNAM-DGCS-667, del 11 de noviembre de 2011), y que los hablantes cultos usan 5 mil, no sin advertir que esos, los cultos, tienen un ‘lenguaje pasivo’, que son otras 10 ó 12 mil palabras cuyo significado conocen aunque no las usen habitualmente. A todo dar.

Se atribuye esta pobreza de lenguaje a que se lee poco. Ha de ser.

Sostiene López que debemos tomar en cuenta actualmente un problema adicional: el habla políticamente correcta. Si pasa en otras lenguas y países, es cosa que ignara el del teclado, pero en nuestra risueña patria empieza a hacer estragos la obligación de expresarse cuidando no ir a ofender a nadie. Y alguna importancia tiene el asunto porque los primeros que aprovechan esta moda del cuidado verbal son nuestros políticos, aunque por razones diferentes a la delicadeza oral.

El habla políticamente correcta, sin ofender a nadie, se ha impuesto por el supuesto de que hay palabras que ofenden, que las hay, pero esas las conocemos todos y esa es su función: insultar, a menos que usted sea de los que le grita al que le da un cerrón en el coche: -‘¡Es usted un conductor de capacidades diferentes!’ –en vez de soltar un sonoro ¡pendejo! (que es el término que corresponde y el otro acepta con humildad, sabedor de que es asunto de coche a coche y no merece duelo a pistola).

Como sea, antes por alguna razón, ‘criada’ no era insultante y hoy es inadmisible, pasó a ‘sirvienta’, evolucionó a ‘trabajadora doméstica’ y hoy es la ‘señora que ayuda’, que ‘muchacha’ también es grosería… y pensar que la adorada Margarita siempre fue la criada de la abuela Virgen (la de los siete embarazos), y cuando algún metiche preguntaba algo de la casa, ella decía: -‘No sé, yo soy la criada’ –sin sentirse menos que una química farmacobióloga, pues era su oficio y era muy respetable (y le lloramos más a ella que a la abuela cuando murieron, cada una a su tiempo).

De a poquitos hemos ido suavizando, edulcorando el idioma, y no parece tener muchas ventajas. Antes nadie sentía rubor por llamar ‘inválido’ al inválido, pero hoy lo linchan si se refiere a alguien así. Y sin que mejore mucho el trato que reciben (que las rampas en banquetas y edificios no prueban nada), pasamos a decirles ‘minusválidos’, lo que significaba según algún activista hepático, que los considerábamos menos (‘minus’), por lo que temporalmente se impuso ‘discapacitado’, que tampoco fue aceptable porque era insinuar que un señor paralítico y sordo mudo, carecía de alguna capacidad (y eso era hacerlo menos), por lo que hemos arribado a ‘persona de capacidades diferentes’, que ya no significa nada, pues si a esas vamos, Mozart y Einstein fueron de capacidades diferentes y el Chicharito también.

Algo importante que no comprende este López, debe haber atrás de todo este manoseo del lenguaje. México antes se componía de gente de raza blanca, mestizos, negros e indios, pero todo eso es majadero, discriminatorio y ahora somos un país diverso’, ‘plural’. Las ‘aeromozas’ no se ofendían y hasta presumían serlo, pero el veneno de lo políticamente correcto obliga a que ahora les digan ‘asistentes de vuelo’, cuando tienen que ver con todo, menos con el vuelo, que eso es cosa de los que van adelante manejando. Los ‘enanos’ eran enanos, pero ogaño esa palabra es un agravio, por lo que se les puede decir, si hay que mencionar su condición (cosa que preferiblemente debe evitarse), como ‘gente pequeña’ (ya quiero ver la próxima edición de ‘Blancanieves y las siete gentes pequeñas’).

Los pobres antes se llamaban ‘pobres’, ahora son ‘personas de bajo poder adquisitivo’. Los ‘viejos’ éramos eso, pero algo irritó a alguien y pasamos a ‘personas de la tercera edad’, que por el tufo que alguien sospechó que tenía a ‘gente de tercera’, cambió a ‘adulto mayor’ (cosa muy confusa, pues lo demás venían siendo ‘adultos menores’), y ha arribado a… ‘adulto en plenitud’ (que no deja de ser casi burla, cuando duele medio esqueleto al levantarse por la mañana… ¡plenitud!).

Parece que algo tiene que ver todo esto con el respeto a las minorías, que tampoco pueden llamarse así, pues es casi descalificarlas, insinuar que no cuentan, por lo que lo políticamente correcto es llamarlas ‘colectivo’, con los mismos derechos que las mayorías, lo que traba en punto muerto el principio básico de la democracia… pero ‘¡todas las voces!’

Ahora ‘derecho a decidir’, se dice para no decir derecho a abortar, suavizando el asunto, sin que los efectos varíen. Los ‘presos’ ya son ‘internos’, sin que mejore la vida perra que llevan; los ‘locos’ no son ‘subnormales’ (grandísima falta de tacto), sino ‘persona de mente atípica’. Los ‘indios’, pasaron a ser ‘indígenas’ y como eso todavía le resultaba chocante a unos (que no son indios), ahora son ‘pueblos primigenios’, cuando no hay en toda América ninguno así, que unos llegaron de Asia, otros de Polinesia, Europa y África, pero primigenios, ninguno.

Dirá usted: ¿y a mí, qué?; y sí a usted, algo, porque nuestros políticos se han montado alegremente en esta moda y si antes usaban menos de 300 palabras y el doble de lugares comunes, ahora con esto del lenguaje políticamente correcto, no hay manera de saber que piensan cuando declaran algo. Dicen ‘rescate’ cuando vamos a pagar entre todos las deudas de otros (‘rescate bancario’, por ejemplo); ‘fluctuación a la baja’, para no decir devaluación; ‘igualdad’, cuando la verdad es que nadie es igual a nadie.

Poco a poco el idioma tiende a la neutralidad y con eufemismos se nos escamotea el debate público. Ya las palabras sirven de poco, cuidamos muy bien lo que decimos y lo que hacemos… eso es otro cantar.

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