sábado, 4 de marzo de 2017

8752. EL DILUVIO.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde  el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

El diluvio. 
Ayer informó el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), que ‘la población con carencias sociales entre 2014-2015 se redujo, pero no presentó información sobre el ingreso, debido a que los datos para ese periodo no son comparables con los de otros años (…) De los seis indicadores que se miden, la carencia de acceso a seguridad social tuvo la mayor reducción, al pasar de 58.5 por ciento de la población a 56.6’ (nota de Angélica Enciso L., aparecida en La Jornada, página 39).

Muy bien, son serios: bajó el número de compañeros de nacionalidad con ‘carencias sociales’ (el 1.9%, tampoco es cosa de echar cuetes), pero no se puede decir cómo andan de ingresos… bueno, tampoco hay que ser sabios.

Más adelante, en la misma nota citada, se viene uno a enterar que ‘con base en otra metodología dio a conocer (el Coneval) la evolución del ingreso laboral per cápita de los hogares de 2010 a 2016, el cual sólo considera las percepciones provenientes del trabajo de los integrantes del hogar, no rubros como remesas o apoyo de programas sociales. Encontró que entre 2014 y 2016 el poder adquisitivo creció 5.9 por ciento, pero si se toman en cuenta los datos de 2010 a 2016 fue de apenas 0.1.

O sea, son serios… fíjese bien: no se sabe cómo andan los ingresos del tenochca simplex, peeero, sí la ‘la evolución del ingreso laboral per cápita de los hogares de 2010 a 2016’ (nada más que con otra metodología… ¡aaah!), de modo que el poder adquisitivo ‘creció 5.9 por ciento’ entre 2014 y 2016 (Peña ‘times’), y solamente el 0.1 por ciento desde el 2010 (equivalente a nada, en lenguaje común).

Sigue la información del Coneval: ‘El Coneval presentó la evolución de las carencias entre 2010 y 2015, y en todas se documentó una baja de la población afectada’.

Para no torturarlo a usted con exceso de números, le resumo la cosa en lo siguiente: la carencia alimentaria bajó un 3%, quedando nada más 26.4 millones de mexicanos con la panza pegada al espinazo. Lo que Coneval define como carencia en la ‘calidad y espacios de la vivienda’ (esto es: no vivir al raso o bajo un hule azul), bajó 3.2%, pero quedan 14.6 millones de alegres connacionales viviendo en cajas de cartón; y sin servicios básicos 24.9 millones de habitantes… pero vamos mejorando.

Mucho dorar la píldora para no decirnos a que la verdad, la verdad, a lo mero macho, en los últimos seis años no ha disminuido la pobreza. Se siguen tirando (invirtiendo) montañas de dinero en combatir la pobreza y nada que cede.

Alguna explicación debe haber. Por lo pronto, que después de 23 años de estar en el Edén del TLC, y casi 30 de tocar los dinteles de la Gloria del neoliberalismo, la gente en pobreza ha crecido y la riqueza se nos concentró (más de 50 millones de pobres y 11 -once- ricos de esos que dan casi asco de ricos).

Alguna explicación debe haber, sí, porque esto no es normal o de plano no le hemos entendido a cómo se le hace para obtener las inmensas ventajas del modelo económico que se impuso a México desde el FMI, el Banco Mundial -BM-, la OCDE y la renegrida Casa Blanca (con la alegre complacencia de nuestros gobernantes).

Algo puede tener que ver que esas inmensas cantidades de dinero que se gasta el gobierno en paliar la pobreza (sin conseguir su objetivo), es inferior a lo que se gasta en pagar deuda, deuda que no es muy seguro que haya sido indispensable contratar y que pudiera ser que obedezca a los intereses del gran capital global (se repite lo de FMI, BM, OCDE, Casa Blanca)… pudiera ser.

Mire usted lo que publicó el Excelsior el 22 de febrero pasado: ‘El gobierno destinó el año pasado 407 mil 894 millones de pesos para el pago de intereses, comisiones y demás gastos por la deuda pública, monto 6.5% superior a los 382 mil 935 millones de pesos que desembolsaron 11 secretarías y tres ramos generales contra la pobreza’.

Sí, señoras y señores: nada más en 2015, para pagar intereses de la deuda nacional, el gobierno se tronó 407 mil 900 millones de pesos… y en gasto social, para remediar los males de la pobreza: 382 mil 900 millones de pesos (25 mil millones menos).

Pero, ¡espere! (como en los ‘infomerciales’), es peor: el presupuesto aprobado ese año para combatir la pobreza en todas sus variantes y clasificaciones, fue de 414 mil 900 millones, se ajustó a la baja para quedar en 386 mil 600… pero nada más pudieron gastar los 382 mil 900, hubo un ‘subejercicio’ por burocracia, por lentos, por lo que sea, de 3 mil 700 millones (32 mil millones abajo del presupuesto aprobado por nuestros tribunos federales, que a estos fines, están pintados en la pared y Hacienda siempre hace lo que le sale del forro de su voluntad), en tanto que, para pagar intereses a los usureros internacionales, se habían presupuestado 401 mil 500 millones y se gastaron realmente esos 407 mil 900 millones (lejos de ‘subejercicio’, le pusieron más: 6 mil 400 millones más).

Algo anda mal, muy mal. No es nuestro problema el discurso del Trump en su Senado, ni si hace o no su barda: nuestro problema está aquí adentro y lo tenemos que resolver nosotros… ¡mmm!, pues quién sabe cuándo le vaya a dar la gana a nuestros líderes políticos y empresariales, darse cuenta que esto lleva a la catástrofe. Aunque claro, para la élite de la planta ‘pent house’ del país… después de ellos, ya bien gozada la vida padre que la riqueza les da, puede venir el diluvio. 

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