miércoles, 8 de marzo de 2017

8774. FELICES.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Felices.
Vamos a imaginarnos que como especial favor Divino en atención al clamor popular, un día amanecemos sin políticos. Así, de golpe, ni uno (quedarían los burócratas, pero políticos, cero). Ahora sí ¡viva México!

Probablemente sea usted de los que piensa que la política es una mierda, los políticos igual y los partidos un albañal, como dicen los expertos que pensamos la inmensa mayoría de los honorables constituyentes del peladaje, masa amorfa de tenochcas simplex (pueblo raso, sin relación ni conecte con la élite en ninguna de sus presentaciones), y sí, eso parecen confirmar los resultados de las encuestas.

Latinobarómetro, organización que cada año publica los resultados de sus investigaciones en toda Latinoamérica sobre desarrollo de la democracia, la economía y la sociedad, señala en su informe de 2016, que en México el 76% de la gente piensa que el gobierno gobierna para unos cuantos grupos poderosos, en su beneficio, y solo un 18% de la población cree que el gobierno trabaja para el bien de todo el pueblo (ese 18% pueden ser niños de teta, la encuesta no especifica).

Latinobarómetro no es la voz de Dios, pero cuando menos no es una casa comercial de encuestas mexicana, de esas dedicadas a la subasta de resultados, y además, siendo internacional, no parece que tengan algún interés en trampear informes para echarle la mano a los amigos, así que provisionalmente, declaremos no sesgados sus informes.

Nos dice esa organización que en México, el 75% desaprueba al gobierno; que el 56% piensa que la política y los políticos han perdido credibilidad y no la recuperarán; que el 81% no cree que el país esté progresando y el 79% no está satisfecho con la economía como está (los que creen que estamos progresando y que la economía va de rechupete, deben ser del gobierno y de los ricotes que a su sombra se cobijan). Junto con estos indicadores de horror, el 56% de nuestros compañeros de nacionalidad piensa que no es posible erradicar la corrupción… y el 74% está ¡satisfecho con la vida! (inesperada explicación del porqué nuestra risueña patria no revienta).

Pero por si es usted de esos mexicanos que no creen en nada y menos en las encuestas, se le sugiere que proceda, con la debida prudencia, a hacer algún muestreo sencillo, por ejemplo en el cine, antes de que empiece la película, pararse y gritar: -¡Viva Enrique Peña Nieto! (o ¡viva el gobierno!; o ¡vivan los diputados!) –a ver cómo le va.

Sin cifras: no hay mucho margen de error si consideramos que la política y los políticos están muy mal calificados por la generalidad. Cierto. Pero como estamos fantaseando que mañana amanecemos sin un solo político, es recomendable acotar el asunto porque no son políticos los ciudadanos que hacen funcionar el complicado mecanismo de gobierno, son burócratas y no políticos, así que ellos se salvan, igual que jueces, bomberos, los que recogen la basura y los que fumigan contra el dengue: ninguno de ellos se esfumará.

Por el contrario, no cree este López que nadie vaya a rezar siete rosarios por las almas de diputados y senadores, respecto de cuyo destino parecemos estar todos de acuerdo: son prescindibles y bien podrían irse en lote a residir en el rancho del Pejehová. Junto con ellos, el peladaje estándar considera a la mayoría de la alta burocracia, secretarios de estado, subsecretarios y similares, que cobran como príncipes siendo sátrapas (no todos aunque no pocos); y no se espera gran oposición a incluir en este conjunto a todas las cúpulas de los partidos políticos y a los líderes sindicales de altos vuelos.

Ok. Ya se evaporaron. ¿Ahora qué?... sí, ¿cómo nos gobernamos?... ¿o no necesitamos gobernarnos ni gobierno? Piense nomás en quién va a organizar la educación, las campañas de vacunación, el cobro de impuestos, coordinar los semáforos, decidir dónde se construye un hospital, si se hace una carretera o ya en estas: ¿quién va a ir a plantarle cara al Trump, quién se va a sentar a negociar el TLC… o tampoco necesitamos eso?

Por supuesto la conclusión es obvia: necesitamos gobernantes y los que se dedican a eso son llamados políticos. Necesitamos políticos. Tal vez no estos, pero sí políticos.

La sociedad se organiza así, ni modo. Se puede hacer con dictaduras o monarquías, pero la experiencia enseña que es mejor tratar de hacerlo con eso que llamamos democracia, que no es la panacea y tiene más defectos que el primo Pepe, pero cuando menos no entrega sin fecha de caducidad el poder… y no es poco.

La cosa pública no se organiza sola, sino con personas que se meten a eso y a esos los llamamos políticos que a su vez, se organizan en partidos, grupos, clubes, como los quiera nombrar. Así que encima, son inevitables los partidos. El secreto es que todos se  sujeten a las leyes y, bueno, ni modo: también necesitamos legisladores.

Sin que este López pretenda tener la explicación de por qué estamos como estamos, por qué nuestra clase política se ha adelgazado tanto ni por qué nuestra política es lo que hoy es, algo puede tener que ver el PRI (el anterior al neoPRI, partido de Peña Nieto), no por lo que está usted pensando, sino porque no lo hacían tan mal, la cosa marchaba regularcito, ahí íbamos saliendo todos del hoyo y encima, de premio, podíamos maldecir (en voz baja) al partido oficial… pero en el fondo, estábamos pandos de felicidad de que hubiera unos locos que se dedicaran a lo que ninguno teníamos interés: trabajar por los demás. ¿Qué se enriquecían?, bueno, nos hacíamos los disimulados, total, de la bolsa no nos sacaban un peso y nos dejaban hacernos tarugos con lo de pagar los impuestos. Resultado: una sociedad holgazana.

No somos tolerantes, somos permisivos y el prójimo no es cierto que nos importe mucho que si así fuera no faltaría una aspirina en ningún hospital de gobierno. Tras nuestro talante guasón y fiestero lo que hay es una sociedad muy egoísta. No se enoje, no es personal, pero eso somos. Total, con que no lo ande contando, porque además, según las encuestas… así somos felices.

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