jueves, 9 de marzo de 2017

8775. LOS VOLADORES DE PAPANTLA.

Por Everlido González Alvarez.
Ambientalista, periodista y escritor.
Desde Michoacán. México. Para
Tenepal de CACCINI


PRIMERA PARTE.

De verdad que hay personas que están mal en sus apreciaciones, lo peor es que ocupan cargos públicos o tienen como su fuente de empleo el escribir. Menciono lo anterior porque no puede ser que quien ocupaba el cargo de Director Técnico de Telesecundarias Federales, dependiente de la Secretaría de Educación Pública del Estado de Puebla, un señor de nombre Roberto Carlos Vega, publicó en Facebook lo siguiente: ““Hagamos patria y exterminémoslos; ellos sólo viven de nuestros impuestos sin aportar nada, son unos chupa sangre”. Hacía alusión a los Voladores de Papantla. Afortunadamente ya fue cesado de su cargo.


De verdad es lamentable que tengamos personas ocupando cargos tan importantes como el del Sr. Roberto Carlos y que tengan esa mentalidad. Atentar contra una de las tradiciones más conocidas y que ha perdurado porque gusta a personas de México y del extranjero, y que además es fuente de empleo para muchas personas.


Vamos a conocer de esa tradición que hará un año la pude ver en Playa del Carmen .


El origen del ritual de los Voladores de Papantla es por el agradecimiento ancestral a Chi'chini, el dios Sol, a Xipe Totec, dios de la primavera y la fertilidad, y a Tláloc, dios de la lluvia. La danza representa además una oración, un rito de amor a la Tierra, a sus frutos y a las fuerzas naturales que la rigen.


Los orígenes de la ceremonia de los voladores se remonta a la época prehispánica.


Se cree que este ritual comenzó a realizarse hace 1,500 años en el centro de México, como una plegaria al dios del Sol, para la fertilidad y la buena cosecha.


Aunque no se tiene una fecha exacta, se sabe que a la llegada de los conquistadores, sus principales cronistas consideraron esta danza como un juego, quizá porque originalmente el atuendo empleado consistía en trajes confeccionados con auténticas plumas de aves que representaban águilas, búhos, guacamayas, quetzales, etcétera.


Una leyenda totonaca cuenta que los dioses dijeron a los hombres: “bailen, nosotros observaremos”. Los “hombres pájaro” o conocidos popularmente como “Los Voladores de Papantla” son una tradición mexicana consistente en una danza espectacular, para agradar a los dioses. Es una danza ritual relacionada con la fertilidad. Este es un espectáculo para quien lo observa, pero para quienes lo viven, es el rito más solemne de fertilidad entre los totonacas.


En este ritual, un grupo de 4 hombres ---los danzantes--- se suben a un poste de 25 a 50 metros de alto, se atan una cuerda a la cintura o a los pies y de espalda se lanzan al vacío con los brazos abiertos girando alrededor del poste. Al mismo tiempo, un quinto hombre ---el sacerdote---, toca música indígena con instrumentos musicales hechos de madera y a mano; la flauta representa el canto de las aves y el sonido del tambor representa la voz de dios.


Cada volador gira 13 veces, esta cifra, multiplicado por los cuatro voladores, resulta en 52 círculos en total; ello, porque según el calendario maya, cada 52 años se forma un ciclo solar, era el ciclo de vida de los Mexica que adoptaron cuando 8 grupos partieron de Aztlán iniciando la Gran Peregrinación y cada año esta compuesto de 52 semanas, después de las cuales un nuevo sol nace y el curso de la vida continua. Los voladores arriesgan así su vida, de manera que el nuevo sol pueda nacer y la tierra se llene de felicidad.


Los aztecas tenían deportes y juegos que formaban parte del culto a los dioses y tenían una significación religiosa, entre estos juegos estaba “el volador”.


Para los aztecas el juego de “el volador” era un deporte que tenía significación religiosa.


Consistía en subir a un poste muy alto y liso, cerca de cuya punta se amarraba un bastidor cuadrado de madera. En cada uno de los ángulos de este bastidor estaba amarrado uno de los que tomaban parte en este peligroso deporte. Los cuatro estaban vestidos de guacamayas, que eran aves dedicadas al Sol. En la punta del mástil estaba un quinto individuo, en un cilindro que giraba mientras tocaba una flauta. Los cuatro individuos, que estaban amarrados en los extremos del bastidor, se dejaban caer a un tiempo, y las cuerdas con las que estaban atados se iban desenrollando y haciendo girar el cilindro de madera sobre el que estaba de pie el que tocaba la flauta. Trece vueltas daba cada individuo y al terminar la última tocaba con los pies el suelo y seguía corriendo. Los cuatro hombres vestidos como guacamayas que descienden del poste y dan trece vueltas son simbologías de los cincuenta y dos años de que se compone el siglo indígena, es decir del movimiento del Sol.


Fray Juan de Torquemada, en su Monarquía Indígena menciona “…se enlazaban por el medio cuerpo los cuatro que representaban las aves dichas, y dejábanse colgar de la soga con que fingían su vuelo, y con el peso de los cuerpos movían el cuadro a la redonda y daban ellos las vueltas, y mientras más bajaban, más iban ensanchándose las vueltas que hacían; de manera que la segunda ganaba a la primera aire y cuerda, y la tercera ala segunda, y de esta suerte venían a fenecer las últimas a manera de campana, en una muy ancha y redonda plaza, las cuales venían aventajándose en velocidad y fuerza, y así llegaban al suelo, con gran ímpetu y violencia.


Los otros que quedaban arriba, cuando veían que ya venían los voladores en la media distancia de su vuelo, haciendo muchos sones y sutilezas; de manera que cuando los voladores llegaban al suelo, venían con ellos juntamente. Aquí eran las risas y los contentos de todos; porque si el que volaba no era muy diestro, como bajaba con ímpetu y fuerza, alguna vez por dar de pies, daba de manos, o de cabeza, e iba rodando por el suelo hasta que la soga perdía la fuerza que traía; y desde esta manera se acababa el vuelo y volvían otra vez a recoger las sogas para hacer otro tanto.”


Hasta hace algunas décadas, el ritual comenzaba con la selección del palo volador, la máxima autoridad del grupo iba en su búsqueda. Éste se internaba en el monte para encontrar un buen árbol, de madera fuerte y resistente; al ser localizado, se danzaba a su alrededor con gran reverencia y se daban bocanadas de aguardiente hacia los cuatro puntos cardinales. Antes de que fuera derribado el árbol, se limpiaba perfectamente el camino donde se pensaba caería el árbol para evitar dañar su estructura; cuando el palo se encontraba ya en el suelo se le quitaban las ramas y follaje hasta dejarlo liso. Enseguida se transportaba el tronco desde el monte hasta el lugar donde iba a ser levantado. Para su transporte lo cargaban sobre los hombros, posteriormente se empleaban pequeños troncos a manera de rodillo, por donde se deslizaba y era jalado por hombres. Prohibido estaba pasar por encima del tronco o que alguna mujer lo tocara, ya que podría ser un augurio de mala suerte para los voladores.



CONTINUARÁ

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