jueves, 9 de marzo de 2017

8776. NO PIENSAN.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI


LA FERIA

No piensan.

La senadora del PAN, Sonia Rocha Acosta, presentó ayer una iniciativa para reformar el artículo 55 de la Constitución, y hacer obligatorio que todo legislador tenga licenciatura con título y cédula profesional. Lo dijo seriecita y en serio: “La sociedad merece una mejor calidad de representantes, para que estos puedan cumplir las expectativas de los ciudadanos, sacando a México adelante con más y mayores propuestas, estudiadas y determinadas por profesionistas”. La propuesta se turnó a las comisiones unidas de Puntos Constitucionales, Gobernación y Estudios Legislativos.

Luego, vía tuiter se agarraron Javier Lozano (el simpatiquísimo panista poblano de todos tan querido), y Manuel Clouthier (hijo de su papá), quien dijo que la propuesta es discriminatoria, a lo que don Lozano contestó diciéndole ‘gran demagogo’ y que nadie está discriminando a nadie; reviró don Clouthier diciéndole ‘porro calderonista’. Así se llevan.


¡Caramba! (usted puede decir ¡carajo!), no es para tanto. Hay que ver las cosas con calma. La propuesta tiene algo de sustento, más si se ha tenido la oportunidad de presenciar alguna sesión del ‘Pleno’, como dicen cuando se supone que están todos los legisladores en el recinto y más todavía si se ha tenido que escuchar alguna intervención de algunos de nuestros tribunos, vergüenza de jumentos y similares. Por algo antes (en el pricámbrico clásico), solo tenían permiso de alzar el dedo y aplaudir.


Solo que siguiendo esa lógica de asegurar una cierta preparación académica a los que cocinan las leyes que nos gobiernan, deben exigirse otros requisitos, tan importantes como el promedio de calificaciones (mínimo 8, se propone), porque, oiga usted, algunos tienen el título pasando de panzazo; adicionalmente, que los presidentes de comisiones legislativas tengan maestría y los de la Mesa Directiva del Congreso, doctorado. Y es indispensable confeccionar a la brevedad, una lista de universidades reconocidas en la Constitución para estos fines, porque hay licenciados que no han leído un libro en su vida y difícilmente escriben su nombre de corrido, egresados de universidades que son una casa particular con alumnado que solo por depositar puntualmente sus colegiaturas  recibe el título de su elección sin otra exigencia. Universidades patito, no, que van a legislar, ¡recórcholis! (léase, ¡chingao!).


Así las cosas, debería incluir doña Rocha en la Constitución, que los que quieran curul, aprueben un examen psicológico (¡hay cada tipo!, por ejemplo don Lozano), otro de confianza (digo, es obligatorio para ser policía y estar parado en un crucero espantándose las moscas), y otro médico (ebrios, consumidores de hierbita vaciladora y sustancias prohibidas, no tienen cabida en ese sagrado recinto).


En buena hora la Rocha puso el dedo en la llaga legislativa que padecemos. Pero, si van a modificar la Constitución del país (y poner ¡a trabajar! a los congresos de los estados), de una buena vez que vayan por todo y no luego tengan que andar poniendo parches, pues se trata, nada menos que, de ‘mejorar la calidad de nuestros representantes y cumplir las expectativas ciudadanas’ (expectantes estamos, entérese), por lo que es prudente normar una estatura mínima, pues los muy chaparros suelen tener muy feo el carácter y luego hay pleitos y sinsabores, en lugar de argumentos y debates de altura (las damas no, esas siempre tienen parejo el modo, sean del tamaño que sean); y no pueden descartar también, el establecer que tengan buena presentación (como ponen en el aviso oportuno para solicitar recepcionista), que luego van a las reuniones con congresistas de otros países y pasa uno vergüenzas (y en congruencia con la lucha nacional contra la obesidad, con el apoyo de la Secretaría de Salud -o de la Comisión de Box-, que se implante una cartilla de pesos y medidas, nada de panzones ni de señoras que se sofocan al subir a la más alta tribuna del país). No se discrimina a nadie, pero si hasta entre perros hay razas, como que tenemos derecho a escoger a lo mejorcito que haya para ocupar curul (que por los sueldos que reciben sería como para exigirles tres idiomas).


Ya en estas, se recomienda a Rocha, Lozano y Cía., establecer un mínimo de capital obligatorio para ser legislador mexicano, que luego hasta moches piden; mejor que ya lleguen cargados (con un matiz entre legisladores de áreas urbanas y los de cerro, esos con menos se empachan). Otrosí (‘además’, en lenguaje de picapleitos), que no sean mochos: laicos como nuestra Constitución y… parece que es todo. Se insiste: a nadie se discrimina.


Ya mejorada la calidad de la melcocha legislativa, cubriremos con un velo caritativo las vergüenzas nacionales de algunos vivillos que no tuvieron licenciatura, como Morelos que terminó el bachillerato y con trabajos se ordenó de cura (de esos de misa y olla, que él era arriero y campesino), o Sor Juana Inés de la Cruz, que no supo que le hacían falta estudios; Plutarco Elías Calles (tal vez nuestro único Estadista, que terminó Primaria y se improvisó como maestro), o Elvia Carrillo Puerto, primera mujer legisladora de nuestra historia, que nunca fue a la escuela (ni falta le hizo); Lázaro Cárdenas, que ni pisó la universidad, o Leona Vicario, primera periodista, heroína y sin carrera la muy cínica; Adolfo Ruiz Cortines que siempre quiso hacer carrera pero, bueno, no todo se puede; Demetrio Vallejo, que nomás llegó a tercero de Primaria; y tantos otros para ni mencionar casos como el de Juan Rulfo que una temporada fue oyente en San Ildefonso y luego mejor escribió ‘Pedro Páramo’ y ‘El llano en llamas’; o el de Octavio Paz que jamás  terminó la carrera de Derecho y no hubiera podido ser legislador con los estándares de doña Rocha, que tampoco hubiera salvado Winston Churchill (que dejó fama de burro en la escuela).


Ahora resulta que la decencia, la inteligencia, el sentido común y el respeto a los demás, los dan los estudios y una cédula profesional.


Así piensan… parece que no piensan.

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