viernes, 10 de marzo de 2017

8787. EL JUEGO DEL TÍO LOLO.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

El juego del tío Lolo.
Contaba la abuela paterna, Elena, la de Autlán de la Grana, Jalisco, que allá por los años 20 del siglo pasado, en el pueblo estaba de alcalde un tal Margarito, que no era mal hombre y tenía el respeto de más o menos la mayoría, al que el Creador castigó con un ramillete de cimbrantes e inquietas hijas, guapas para mayores males, que le sacaban canas verdes porque el Margarito ése era celoso de espantar a Otelo, lo que fue la razón primera y única de su interés en llegar a Presidente Municipal, pues al día siguiente de tomar el cargo, mandó poner un bando en las cuatro esquinas del jardín central: ‘Se hace saber a los pobladores de este municipio, fuereños y visitantes, que está prohibido cortejar, requebrar o mironear a las hijas del señor Alcalde y que será multado o reo, dependiendo de la gravedad de lo hecho, cualquiera que sin su permiso las enamore. Cúmplase’. El pueblo entero se carcajeó y las nenas siguieron siendo lo que siempre fueron: unas güilas, con y sin bando.

Ahora resulta que en el estado de Baja California (el que queda al norte), han encontrado la solución a uno de los males de la patria que tanto molesta a todos. Sí, estimado lector, según publicó ayer el semanario Zeta:

‘En un hecho histórico, el Congreso de Baja California eliminó el fuero y se convirtió en la primera entidad del país en acabar con los privilegios de la clase política.  Esta medida aplicará para jueces, diputados, magistrados, alcaldes e incluso el Gobernador (…) Los 25 diputados del Congreso, pertenecientes a la XXII legislatura, aprobaron el dictamen para la eliminación del Fuero Constitucional en el Estado de Baja California (…) La votación se presentó como resultado de las mesas de negociación entre los legisladores y el grupo ‘Mexicali Resiste’. La votación se llevó sin la mayor discusión, puesto que había un acuerdo entre las diferentes fuerzas políticas (…) Luego de que los diputados locales eliminaron el fuero, las personas presentes celebraron esta iniciativa con aplausos, ya que, dijeron, “significa el triunfo de los ciudadanos”’.

¡Vaya!... o sea… resulta que por culpa del fuero eran las tropelías, raterías y abusos misceláneos de algunas autoridades (usted decida si ‘algunas’ equivale a la mayoría, a  todas, a unas cuántas, uno qué va a saber).

Y también, ahora resulta que quitando el fuero ya se dirige el país a estándares de ética pública de presumir, por lo que declaró el Gobernador de Baja California, Francisco Vega de Lamadrid, que ‘se trata de una prueba más de la voluntad de los bajacalifornianos para la consolidación de la democracia y aseguró no sentirse vulnerable por ello’ y que (redoble de tambores):

‘En este momento somos ejemplo de que sí se puede seguir escuchando a la gente, la gente quiere, ocupa y merece que los políticos también estemos en el mismo nivel. Ahora falta un paso muy importante: llevar esto al Congreso de la Unión (y quitar el fuero) llevará a los políticos a conducirse con mayor transparencia y abonará al combate a la corrupción en el servicio público’.

Ni la burla perdonan.

El fuero no era ni nunca fue una exención a cumplir con la ley ni un permiso para cometer delitos. Históricamente existe en todo el planeta. Hay jurisprudencia de la Corte que lo explica bien (Pleno de la Corte, Jurisprudencia (Penal, Constitucional), Tomo III, Junio de 1996  Página 388):

‘El fuero es, según su génesis, un privilegio que se confiere a determinados servidores públicos para salvaguardarlos de eventuales acusaciones sin fundamento, así como para mantener el equilibrio entre los Poderes del Estado, dentro de regímenes democráticos (nótese). No es lo que en la teoría del delito se llama excluyente de responsabilidad (…) sino un impedimento legal para que quien goce de esa prerrogativa no quede sometido a la potestad jurisdiccional (que no lo mande a detener un juez nomás por sus pantalones o por presión de algún poderoso del momento), la circunstancia de que un servidor público esté provisto de inmunidad no imposibilita que se lleve a cabo la averiguación previa correspondiente a fin de determinar si la conducta que se le imputa constituye o no algún delito (sigue)’.

El fuero era y es un obstáculo para las venganzas, ‘chicanadas’ y atropellos a que está expuesto quien ejerce un cargo público, pues no basta con dar una modesta cooperación a un policía, para que abran una carpeta de investigación y enchiqueren a un funcionario después de conseguir la buena voluntad de un juez a modo. Pero el fuero no es y nunca fue equivalente a estar exentos del cumplimiento de la ley.

Lo que es más: si eso fuera el fuero (no se haga bolas), no sería la razón ni explicaría la corrupción. Los gallos de la política y los integrantes de la alta burocracia son impunes por complicidad y colusión entre ellos -y entre ellos y sus socios particulares-, no porque sientan ni crean que la ley les pela los dientes (frase del distinguido obispo Onésimo Cepeda, no piense usted que el del teclado es un vulgar).

Por eso es gesta inútil quitar el fuero. Los chuecos, ladrones y abusivos, con y sin fuero, son eso y así no se les quita. En cambio, este acto, si es que procede, porque tiene un intenso tufo de ser inconstitucional, sí abona al cinismo oficial, a engañar a la gente (que ya ‘nos escucharon’, que ya se acabó… puro cuento); y aparte, también, pone a los funcionarios honestos, a los que sí cumplen y por eso estorban, en riesgo de acabar con sus huesos en la cárcel, acusados de cualquier cosa que algún corrupto les invente (… sí, hay corruptos capaces de eso, lamento quitarle la inocencia, créalo).

Nada habrá de cambiar por esto, porque esto es únicamente demagogia y los políticos si algo dominan es el juego del tío Lolo.

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