sábado, 11 de marzo de 2017

8790. LA CIUDAD DE MÉXICO.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista, periodista y escritor.
Desde Michoacán. México. Para
Tenepal de CACCINI

SEGUNDA PARTE

Tras una serie de levantamientos populares y la expulsión del ejército español, Tenochtitlan fue sitiada en mayo de 1521 y después de sufrir durante tres meses la falta de agua y alimentos, así como el azote de las nuevas enfermedades traídas por los europeos, Tenochititlan cayó el 13 de agosto de 1521. Fue el fin de un imperio y dio origen a las penalidades para los Mexica, esclavitud, enfermedades e inquisición, malos tratos y un acoso contra sus tradiciones, contra su alimentación.

Tras finalizar la conquista de Tenochtitlan, los españoles se establecieron en Coyoacán, misma que fue el punto de partida para el avance militar durante los primeros años de la Conquista hasta que en 1528, se nombró a Tenochtitlan como sede de la Audiencia de México y ocho años más tarde, capital del Virreinato de la Nueva España, edificándose la ciudad española sobre los restos de la ciudad  indígena tomando como punto de partida la traza ortogonal de sus calzadas principales y conservando el gran espacio abierto de la antigua zona ceremonial, que con el trascurso de los años se convertiría también en la gran plaza central de la Ciudad de México, en torno a la cual se edificó la sede del gobierno virreinal y la primera piedra de la futura catedral de México, sede del poder religioso. De esa manera quedó instituido un modelo de ciudad  que sirvió de base para la fundación de otras ciudades en el territorio mexicano y el resto de Latinoamérica.

Con el transcurrir del siglo XVI el sector indígena de la población continuó sufriendo distintas epidemias que mantuvieron la población por debajo de los niveles que había tenido durante la época prehispánica, pero pronto habrían de darse en ella importantes fenómenos sociales, culturales y económicos como el mestizaje, la llegada de varias órdenes religiosas como los frailes agustinos y franciscanos que difundieron incesantemente el cristianismo, el cultivo de otras especies vegetales y la cría de ganado, así como la consolidación de una administración local que desde la Ciudad de México controlaba la impartición de justicia, el recaudo de impuestos y la vigilancia de las leyes provenientes desde la metrópoli, en un amplio territorio que abarcaba la totalidad del actual México, Centroamérica, California, Colorado, Nuevo México y Texas, en un virreinato que era la joya de la corona del Imperio Español.

En 1823, con la proclamación de la Primera República Federal, terminó de manera oficial el Primer Imperio Mexicano ---1821-1823---, y el 18 de noviembre de 1824, tras la Independencia, el Congreso decidió crear un Distrito Federal, para albergar los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial en un territorio que no perteneciese a ningún estado en particular Gracias a fray Servando Teresa de Mier y a algunas otras personas que apoyaron su causa, la Ciudad de México fue elegida como el lugar donde se concentrasen los poderes de la Unión.

En ese contexto, durante los tres siglos de gobierno virreinal, la Ciudad de México fue un punto político de primer nivel que a pesar del control por parte del imperio, logró conservar una relativa autonomía respecto de ésta, sobre todo en los aspectos de administración virreinal y comercio, convirtiéndose en un destacado centro de intercambio de mercancías provenientes tanto de Europa como de Asia, así como en un brillante centro cultural que fue sede de la primera imprenta y de la primera universidad de las Américas. Como sede del arzobispado de México, la ciudad atestiguó la construcción de una inmensa cantidad de conventos y templos, la mayoría de ellos realizados en estilo barroco—ricos en adornos-- que por su riqueza y magnitud rivalizaban con los construidos por los europeos.

Así, durante la última etapa de la época virreinal, la Ciudad de México era considerada una de las ciudades más impresionantes construidas por los europeos en ambas partes del Atlántico, una auténtica Ciudad de Palacios como la definiera a finales del siglo XVIII, el científico y viajero alemán Alexander von Humboldt. De esta época de la historia datan la mayor parte de las construcciones del Centro Histórico, la Alameda Central, ----ubicada a un lado del Palacio de Bellas Artes y que hace algunos años fue totalmente remodelada y restaurada, además de que se le dejó libre de vendedores--- el Paseo de Bucareli y un sinnúmero de construcciones religiosas dispersas por toda la zona metropolitana, así como los barrios tradicionales de Coyoacán, San Ángel y Tlalpan.

Las reformas borbónicas trajeron cambios radicales mediante una tenaz política impositiva, la cual, además de ordenar la administración virreinal también significó una excesiva carga impositiva que con el propósito de financiar las guerras del imperio español en Europa, debilitó severamente la economía de la Nueva España. Lo anterior sumado a los problemas sociales que se venían acumulando desde tiempo atrás, sobre todo la falta de oportunidades para los nacidos en América dentro del gobierno virreinal, así como la frágil situación de España en ese tiempo, generó un gran descontento que precipitó en la independencia de la Nueva España, conocida desde ese momento como México, esto casi tres siglos después de la caída de los Mexica, de más de 200 años de la llamada Santa Inquisición --una brutalidad-- y de una guerra que al final de ella sus principales idealistas ya no estaban --Hidalgo, Allende, Morelos--.

El siglo XIX junto con la independencia de México trajo consigo varias décadas de inestabilidad política y económica, primero como sede de un primer imperio mexicano gobernado por el consumador de la independencia Agustín de Iturbide y luego como asiento de una débil república que vio su momento más lamentable cuando en 1847 fue ocupada por el ejército estadounidense. Tras luchas entre grupos conservadores y liberales, se dio una nueva invasión, esta vez a manos del ejército francés que facilitó la llegada del Archiduque Maximiliano de Habsburgo y Carlota Amalia de Bélgica, quienes fueron coronados emperadores el 10 de abril de 1864 en la Catedral Metropolitana respaldados por un sector minoritario de la sociedad mexicana, estableciéndose de esa manera el segundo imperio mexicano que tuvo como residencia real el Castillo de Chapultepec.

Este segundo imperio mexicano tuvo una breve duración pero una gran trascendencia para el desarrollo de la Ciudad de México, ya que en este periodo se traza el Paseo de la Emperatriz, el actual Paseo de la Reforma, para comunicar el Castillo de Chapultepec con el Centro Histórico, asentándose de esta manera la primera avenida que sería eje para el futuro desarrollo de la Ciudad de México y la llegada de nuevas ideas de urbanismo provenientes del continente europeo.

RECUERDE QUE LEER ES SABER, ES CONOCER, ES APRENDER.
Continuará.

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