domingo, 12 de marzo de 2017

8795. DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER EN LAS COMUNIDADES INDIGENAS.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista, periodista y escritor.
Desde Michoacán. México. Para
Tenepal de CACCINI

PRIMERA DE DOS PARTES

Este miércoles 8 de este Marzo pasado del 2017, estuvimos festejando, EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER.

Siempre, todo lo que se festeje y se haga por la mujer, será bien hecho y bien festejado y será poco para lo mucho que la mujer merece, con el solo hecho de traernos a este mundo, con eso ya merece un agradecimiento .además de todos lo que por ella se pueda hacer, ella merece todo.

Hay lugares en que ese día pasa desapercibido, ni quien las festeje y el día pasa como cualquier otro. Definitivamente no se concibe que alguien pueda dar un mal trato a una mujer y mucho menos que ésta pueda llegar a ser golpeada, pero así sucede y parece que cada vez es más frecuente.

Los medios de comunicación, continuamente nos informan de mujeres que han sido golpeadas ya sea por sus propios hijos o bien por el marido, pero no solo recibe mal trato en su hogar sino en ocasiones en el trabajo, en donde es explotada, a muchas partes de este México la igualdad no ha llegado y se siguen prácticas que datan de hace siglos en que a la mujer se le consideraba un objeto.

El mal trato a la mujer, es más común en las comunidades indígenas , en donde, aparte de ser ellas las que en su mayoría trabajan para mantener a la familia, es vista como un objeto, solo se le usa para que aporte dinero de su trabajo, la mujer trabaja mucho, el hombre poco, la mujer gana dinero, el hombre lo disfruta y lo derrocha, la mujer se sacrifica, el hombre la humilla y la golpea, esto sucede como si formara parte de sus usos y costumbres o como si ya fuera una tradición.

En estas comunidades la mujer no ejerce sus derechos y poco o nada se sabe de que denuncien el mal trato que reciben, porque la mujer desde chica es lo que ha visto o como ha sido tratada.

En las comunidades de Tarecuato y La Cantera, es común ver que las mujeres se levantan temprano, se encaminan a la tienda, compran una pepsi  le tiran un poco a la botella y la llenan con alcohol, charanda o mezcal y a tomársela; algunas otras en un vaso ponen dos huevos, le agregan un poco de azúcar y medio vaso de tipo jerez, lo baten y a acabarse el vaso -son las llamadas pollas-, algunas otras piden una cerveza se la toman y ya están listas para ir a alguna población a vender sus productos -nopales, duraznos, cerezas, tamales de harina, gorditas de harina y trigo, aguacates, peras, etc-. Principalmente en Tarecuato la mujer sabe vender, son comerciantes, ganan dinero pero como podrán darse cuenta, ellas poco lo disfrutan.

Voy a contar algunos casos que han sucedido en los últimos años, a algunas mujeres de ciertas comunidades indígenas, y como verán, a pesar de ser ellas las que trabajan y aportan el dinero, por cualquier pretexto son maltratadas y en ocasiones golpeadas.. En esas comunidades, las mujeres nada festejan su día, es más, no saben que existe, los casos no son inventos, hace algunos años los contaron y solo cambié los nombres.

Rumalia, joven señora de Tarecuato, acostumbra vender sus productos en Tinguindín, hasta allá se dirige diario después de haberse tomado una polla y darle a su hija Chonita unos panes con pepsi, las dos acostumbran poner su puesto de nopales  junto al área que se acostumbra hacer como mercadito, a un costado de la plaza.

Ya por las dos de la tarde es hora de regresar a su comunidad a distribuir el dinero que se ganó: una parte para comer, otra para el holgazán del marido y una más para comprar los nopales que revenderá al siguiente día.

Un día ocurrió que la venta fue poca, no se vendió mucho y el dinero que se llevó pues también fue escaso, lo anterior no fue del agrado de Liborio que le urgía mucho dinero pues había determinado pasarse la tarde con los cuates a trague y trague cervezas para olvidar las penas que según él da la pobreza.

Pidió dinero a su vieja y pues la novedad es que había poco y no alcanzaba para comprar las caguamas que pensaba tomarse con los carnales -amigos-.

Rumalia se negaba a entregarle el poco dinero producto de la venta y trató de convencer al marido de que la tomadera la dejara para otro día  pero Liborio no entendió palabras y como sucede en esos lugares y por esas cosas, la madriza  no tardó en llegar, los gritos de Chonita acallaron los sollozos de Rumalia.

Liborio le quitó a fuerzas el poco dinero y se dirigió a la tienda de la esquina a comprarse las acostumbradas caguamas, ya en la madrugada del siguiente día se le vio tirado dándole uso de cama a la banqueta  disfrutando de la cruda, que a decir verdad ya poco le hacía…

Betina, mujer cincuentona que vive en la comunidad de Carapan, es la encargada de ir al potrero a ordeñar las cuatro vaquitas que tienen, eran tres pero Camerino su esposo, que se fue a los Estados Unidos hace seis años, ahora por fin le mandó dinero y con eso se compró otra vaca. Betina después de ordeñar a las generosas vacas, ¡  como dan leche  y de la buena¡, se dirige a la comunidad de Zopoco a venderla; afortunadamente casi siempre se le acaba y se gana buen dinerito para la manutención de sus hijos.

Ese año en Noviembre, Camerino decidió que era tiempo de dejar un tiempo a la vieja gringa con la que vive e ir a ver a Betina y a sus cinco hijos, ya me han de extrañar pensó y un buen día hizo su arribo a Carapan a disfrutar unos días para luego volver con su ñora guera, con la que tiene dos hijos.

Como traía algo de dinero todo iba bien, no tenía necesidad de que Betina le diera para las botellas de tequila y las cervezas. Ya por mediados de Diciembre el exceso de gastos originó que el dinero se le acabara y se vio en la necesidad de vender un aparato de música que le había traído a sus hijos, pero el poco dinero que le dieron -su familia le insistía en que no lo malbaratara-, y la rapidez con que el dinero volaba de sus manos, trajeron como consecuencia, que el día de la Navidad el dinero se le acabara.

Para todo hay soluciones, pensó Camerino, y se encaminó hacia donde se encontraba Betina a la que primero pidió sesenta pesos, no la chingues viejo, -dijo la mujer- el dinero es para mantener a los hijos y a las vacas, tu gasta de lo tuyo, le dijo, es que el mío ya se acabó ya no me quedó ni para regresarme al norte -replicó Camerino-;  pues ponte a trabajar -le replicó la vieja-, mi dinero solo alcanza para mantenernos y no para tus vicios, -le dijo la mujer.

Lo anterior encolerizó a Camerino quien  a puño limpio le asestó tremendo fregadazo que Betina fue a dar al suelo, su dinero que tanto le costó ganar sirvió para comprar otras caguamas y para que el vividor de su marido se embruteciera con el alcohol. Ya luego se le vio tirado en el suelo en gran platica con un puerquito que por ahí pasaba y que a todo lo que decía Camerino el marranito contestaba con un oinc oinc.
                                                       
Continuará.

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