martes, 14 de marzo de 2017

8812. REGRESO AL PASADO.

Rafael Ceja Alfaro.
Docente, escritor y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Con mucha frecuencia platicando con jóvenes de mi edad, tal vez por presumir o sentirnos bien o porque de plano es cierto, sacamos a relucir aquello de que todo tiempo pasado fue mejor y recalcamos con: Los niños hablan de lo que harán, los jóvenes de lo que están haciendo, los viejos de lo que hicieron y los tarugos de lo que hubieran hecho, como yo estoy en el rango de los que hablan de lo que hicieron, les diré que por lo mismo con frecuencia escucho o leo de cosas que ya viví y me hacen regresar al pasado.

Nada menos hoy en la mañana vi de pasada el programa de Las Fiestas Patronales de La Sauceda, “Ajuerzas” recordé mi infancia en esas festividades, todo un año hablando de lo que sería la próxima fiesta, preparaciones para la primera comunión y un montón de sencilleces para que en dos días, la víspera y “el mero día” todo se acabara y en ese mismo momento se empezara a pensar en la que sigue.

Momentos tan simples y sencillos como ir a tratar de hacerle trampas al tramposo de Ramón el “Carcamanero”, “enseñarle el Padre Nuestro al señor cura”, “El Carcaman” que jugábamos consistía en una mesita que tenía un mantel con las cartas de la lotería pegadas en las cuales se depositaba la apuesta, desde 10 centavos hasta lo que Ramón aceptara. El Carcamanero “Corría” las cartas de un mazo que debía contener las mismas que estaban pegadas al mantel, más La Mano, La muerte, La calavera y el Diablito. Estas cuatro eran los triunfos de Ramón, al llegar cualquiera de ellas a Ramón le sobraban manos para recoger todas las apuestas, mientras esto no pasaba, él debía pagarnos cinco a uno por cada carta acertada.

Casi siempre nos ganaba, sabía su juego, además que nos lo tenían prohibido y debíamos cuidarnos de los papás y de los trucos; cierta ocasión El Carcamanero se descuidó y mi hermano Memo (QEPD) le ocultó sus triunfos abajo del mantel y le estuvimos ganando hasta que al verse sin dinero paró la jugada y mientras buscaba sus cartas en el piso, mi hermano las acomodó en el mazo y nos fuimos a disfrutar la fiesta.

Siempre en la fiesta había carreras de caballos, a las que fui muy aficionado, y para matar el gusanito nos íbamos a apostarle cinco pesos al caballo preferido y después a competir o simplemente a disfrutar viendo los partidos de fut o básquet.

Al medio día el mole con arroz había estado para chuparse los dedos, en la tarde era compromiso acompañar a San José en su procesión con la banda que tocaba música todavía festiva, El Gallo de Oro, El toro de once, La pajarera, pirekuas y música muy bonita, no eran corridos de esos que usted ya sabe. Terminando los servicios religiosos, era de ley irse a la cancha de básquet, que en ese tiempo era nuestra plaza, a dar la vuelta llevando serpentinas, confeti y cascarones para rompérselos en la cabeza a la chamaca que nos gustara y saber si éramos correspondidos, si era “si” había una sonrisa y si era “no” nomas nos decían “a la otra”.

Desde las Mañanitas de la alborada hasta la quema del castillo, todo el día estaba lleno de actividades que las gentes del pueblo disfrutábamos con sencillez.

La Misa de alborada, la de Primeras comuniones, la de Función con sus ristras de cuetes (Sin agraviar), los desayunos, las comidas que eran abundantes para recibir a las visitas de otros pueblos, así como las bebidas entre los mayores. Un día muy importante, el más importante para todo el pueblo, era el día en que todos estrenábamos pantalón, camisa y huaraches o zapatos.

“Los juegos” eran una pequeña “Rueda de la fortuna” y “El volantín”, para subir gratis todos los chiquillos lo empujábamos corriendo y cuando “agarraba” vuelo brincábamos a la plataforma, las bancas eran para los que pagaban, en el centro del volantín actuaba un  fono mímico travesti y le apodaban “La Pancha”, el puesto de “las carabinitas” con la mira chueca, “las sillitas voladoras” además de los puestos que vendían artesanías, raspados de hielo y entre tantas cosas, algo que no debía faltar ¡La Lotería! A mi gustaba la tabla que tuviera La Chalupa, La Sirena, Las Jaras, El Valiente, La Maceta, El Apache,  y así hasta completarlas 16 cartas. Este puesto de la Lotería si duraba muchos días en el pueblo.

Previo a la quema del castillo, se quemaba el “torito” lleno de luces y buscapiés que nos hacían correr y el cargador del torito nos perseguía con el afán de que nos alcanzaran, al cielo se iban los cuetes de luces, la canastilla del castillo y las ilusiones y esperanzas de volver a vivir otro día de la fiesta.

Los tiempos cambian, estoy seguro que los pueblos siguen festejando y disfrutando sus festividades, a tal grado que la gente sigue viniendo desde los pueblos cercanos y más allá de la frontera, la crítica es cuando nosotros decimos “Todo tiempo pasado fue mejor”, sencillamente porque ya no es como nos tocó vivir, ahora se ve sobre todo, el espíritu de un baile, una banda sinaloense tocando corridos y quebradita, el baile que menciono se sale del goce total del pueblo, es para quien lo pague. Los estrenos son frecuentes, las gentes ya pueden comprar ropa más seguido, las carreras en muchos de los casos son “Tornillos”, ahora es de pensarse a quienes invitar a las casas. Las bebidas espirituosas abundan en todo el pueblo.

Pero bueno, el programa que vi inicia las festividades desde el día 11 de marzo con las representaciones de cada una de las calles y con “Padrinos” que organizan debidamente el día que les toca. Destacan “el día de los Hijos Ausentes” el mero 17, el 18 los Ejidatarios hacen de las suyas y lo hacen en grande. Del día 11 al 18 todos los días habrá bandas en las procesiones, misa a las 7 de la tarde y “torito”. El 19, el mero día de la Fiesta, me van a disculpar pero ese programa solo viviéndolo se puede entender, en este día se resume toda la fiesta y toda la añoranza de la espera de todo un año. Mañanitas, procesión por todo el pueblo, Primeras Comuniones, Bautizos, Confirmaciones, Carreras de caballos y un larguísimo etcétera. Dense una vuelta, la pasarán muy bien.

Todo tiempo pasado fue mejor, pudimos con él, con su ritmo, con todo su contenido, el tiempo presente es posible que su ritmo nos canse, no porque vaya más aprisa, sino porque ya no podemos seguirle el paso.

Bueno, por hoy aquí la dejamos. Reciban saludos festivos Toda mi Familia y Todos mis Amigos.

Rafael Ceja Alfaro.

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