miércoles, 22 de marzo de 2017

8845. FÍJATE QUE, METIDO UNA VEZ MÁS EN LOS “TROTES” DE…

Por Carlos Acevedo Martínez.
Comentarista y analista político.
Desde Tuxtla Gutiérrez,
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

Estimado Conrado:

Fíjate que, metido una vez más en los “trotes” de la mudanza, ayer espulgando y expurgando mi mundo de papeles, me encontré con un viejo recibo de la entonces empresa paraestatal Teléfonos de México, de principios de 1983 para ser más exactos, y entonces me recordó (qué bueno, porque a mí todo se me olvida) porqué lo había guardado. Y no estás tú para saberlo, pero se me está ocurriendo incluir el caso en alguno de los capítulos de la novela que algún día pienso escribir, por lo pronto ya tengo el título: “El principio del fin…” y será una  crónica del fin desde el principio.

Seguramente recuerdas, que por esos días del recibo que te estaba diciendo, daba sus primeros pasitos como presidente de México el “loquito” (Salinas dixit) Miguel de la Madrid y empezó a sembrar los primeros “brotes” del neoliberalismo en este país maravilloso, cuando en México el principal enemigo del viejo PRI era el nuevo PRI, los egresados de la toma de Zacatecas contra los egresados de Hereford, perdón, de Harvard, y para que no hubiera dudas sobre quién había ganado, de la Madrid acompañado de su gabinete económico, entrando entrando le autorizó a Telmex un aumento en las tarifas, de un porcentaje muy ambiguo que flotaba entre el 23 y el 28 %. La gente pujó, pero como era una empresa nuestra, apechugó... el detalle estuvo en que esos 28 resultaron ser centímetros.

Digo, porque a finales de febrero de ese pinche año empezaron a llegar los recibos de Telmex con el nuevo aumento y en muchos de los casos éste rebasaba el 400%, muy lejos del 25 o 28 por ciento que oficialmente habían solicitado los telefonistas. Acuérdate, fue un escandalazo, en el país sumaron millones los suscriptores de Telmex los que formaron un coro para mentarles la madre con sobrada razón por el exorbitante aumento. ¿Y ahora quién podrá ayudarnos?... ¡yo!, Salvador Pliego Montes, mero mero de la procuraduría de Defensa del Consumidor (¡JA!).

Este bato de inmediato convocó a todos los medios de comunicación, para invitar a los damnificados por esos bandidos  de Telmex, a que acudieran a poner sus demandas y sus reclamos contra esos mentirosos, para partirles su madre por abusivos dejándoles caer todo el paso de la ley, faltaba más. No fueron pocos los incautos que se creyeron el cuento y se fueron a la mentada procuraduría, en espera de un trato eficaz, justo y equitativo…pero la iglesia estaba en manos de Lutero.

Poquito faltó para que los sacaran a patadas, agraviados y amenazados de que si no aceptaban el acuerdo que Telemex les proponía, a lo mejor salían debiendo más de lo que el recibo decía. Y es que estos amigos de buena fe que creyeron en la palabra institucional, se toparon en la rementoteada procuraduría, con que fueron atendidos por dos “huizaches” contratados por Telmex, para atender a la oleada de inconformes contra Telmex… dicho en buen castilla: juez y parte.

Luego de una espera de 1 hora y 45 minutos, finalmente el dueño del recibo que yo tengo, lo presentó al empleado de Telmex con la representación de la procuraduría de Defensa del Consumidor (el empleado, no mi amigo). El tal recibo acusaba un aumento del 450%. El empleado de Telmex le preguntó: ¿Dónde tiene instalado su aparato telefónico? Al escuchar la dirección, el preguntón sacó una hoja con un carácol concéntrico, como para tiro al blanco, pero venían siendo  las zonas y el blanco era el centro de la ciudad… “mientras más lejos del centro es más caro el servicio, ¿qué cosa no entendió?”

Se quedó con ganas de decirle, que eso tendría justificación si se tratara del transporte público, pero que el servicio telefónico no tenía por qué aumentar irrazonablemente las tarifas, nomás que el empleado de Telmex no le dio chance y le hizo otras preguntas igual de pendejas para convencerlo de que ese injustificable aumento tenía justificación: ¿su aparato está cerca de un contacto?, ¿cuántas extensiones tiene?, ¿su número está inscrito en el directorio?, ¿recibe un buen servicio?... cada pregunta era un concepto que pretendía justificar un porcentaje del aumento.

El pretexto de Telmex para dejarnos ir esos aumentos antes de Slim (éste ya no necesitó pretextos), era la expansión de sus servicios, que no eran más que ganas de hacerse pendejos, porque para eso y más cada solicitante del servicio tenía que comprar “a güi güi” determinado número de acciones y participaciones, cuyo monto en aquel entonces era de varios miles de varos… acciones y participaciones que al final la mayoría tuvo que vender, que digo vender, ¡malbaratar!

Pero esa nueva clase política tenía “escuela”, y resultó que el meollo (sin albur) de esos aumentos  tan ojetes no era Telmex, este nomás había aprovechado el truco para llevar agua a su molino, porque has de ver estimado Conra, que en los recibos ya con el arbitrario aumento en las tarifas, no aparece por ningún lado el impuesto del 60% que normalmente cobraba el gobierno por concepto de los “servicios telefónicos”. Pero ese fenómeno no fue obra de la madre Teresa de Calcuta, ¡qué va!, sino del gobierno neoliberal, porque ese 60% de impuestos se empezó a cobrar en cada uno de los “conceptos” (renta, larga distancia, directorio, mantenimiento, etc.) hasta llegar al 450%, o sea, era la misma gata… pero doblada.


Se trataba nomás, de empujarnos “a la malagueña” una medida anticonstitucional, que no sé ahora, pero antes señalaba, que en ningún caso se deberían de cobrar impuestos sobre impuestos,  pero sobre todo, se trataba de irle abriendo camino al maldecido IVA, el impuesto más neoliberal que hoy pagamos hasta por pagar, y que por cierto mucha culpa tiene de la inflación que está sofocando al pueblo mexicano. Total, mi estimado Conra, que Telmex, así como Pemex y la CFE eran nuestras… pero curiosamente siempre se han dedicado a esquilmar a sus dueños, el inerme pueblo consumidor, ¿edá?

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