miércoles, 22 de marzo de 2017

8848. APRENDER.

Rafael Ceja Alfaro.
Docente, escritor y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Saliendo de dar clases (Echando a perder se aprende) prendí el radio en el programa noticioso del amigo Víctor Gutiérrez, alcance a escuchar el final de unas entrevistas cuyo tema eran los hijos. Los hijos son un prisma multifacético que suelen darnos gran cantidad de satisfacciones y gran cantidad de problemas. 

Acertadamente habló la persona que estuvo en el programa, no supe quién.

Ahora bien, cada familia tiene su propio sentido de la responsabilidad hacia sus hijos y aplica la óptica del cristal con que los mira; decía el entrevistado que una señora que presumía la anatomía de su pequeña hija cuando la presunción debiera ser de su formación académica, cultural, social. Eso no siempre sucede, es más, la mayoría de las veces los hijos van a la escuela porque están en la edad y los papas ceden la potestad educativa y formativa a las escuelas, si los muchachos salen bien preparados es porque “los papás los ayudaron” y si salen mal es porque “el profesor le tiene ojeriza”. Decía el Dr. Vicente Villa de la ingratitud que hay hacía los médicos: “Si el paciente sana, habrá que ir a pagar la manda a san no sé quién y si muere es porque el médico no tenía la capacidad”.

¿Por qué regreso a este tema que ya lo he tratado varias veces? Porque este ciclo escolar retomé mi vocación de “intentar” enseñar. Creo que ya les he dicho que en 1992, cuando apenas había terminado mis estudios universitarios, pero aun sin titularme fui invitado a dar clases y aunque tengo fama de “platicador” mis primeras clases me hicieron sudar desde la nuca, la espalda, el pecho, las axilas y todo lo demás. Poco a poco  fui agarrando tablas y el gusto por que se cumpliera la consigna de “el que enseña aprende dos veces”.

Inicié en secundaria y de verdad que se batallaba, los alumnos se distraían fácilmente, pero sus conocimientos básicos eran muy aceptables, sobre todo si los comparamos con los actuales. A partir de mi titulación fui invitado a las universidades, profesor de lujo; preparo mis clases y mezclo mi experiencia con la teoría y veo que no avanzo, cuestiono mi capacidad y trato de corregir fallas y vicios en mi enseñanza, mis resultados seguían sin ser los esperados.

Con el tiempo y la observación me fui dando cuenta que cada generación venía con menos conocimientos, lo que dificultaba  la enseñanza por parte del profe y el aprendizaje por parte del alumno ya que si el problema es la poca dedicación a la lectura y las materias requieren el total de ese ejercicio, por lo tanto ya no se capta la lección ni su significado, ni su utilidad en la formación, en el ser, en el servir. Solo se busca una calificación aprobatoria, muchas veces lagrimeando, implorando un punto para aprobar.

“Se les invita a la conferencia tal, sobre el tema tal, en el auditorio tal, más fechas y horarios” los alumnos en su mayoría, no todos, preguntan con candidez fingida ¿Y nos van a dar un punto por asistir?

Decenas de anécdotas que me entristecen. La queja de nuestra situación interna y ante el mundo es permanente, nos sentimos amenazados, agredidos, ultrajados, ¿Cuál es nuestra reacción? Mas lamentos, más quejas de impotencia, constante búsqueda de culpables.

He oído cientos de veces que quien tiene el conocimiento tiene el poder, entonces ¿Por qué no nos preocupamos por conocer, por saber? Entre las varias y tristes anécdotas me topo conque un alumno universitario no sabe leer números romanos, no entiende de porcentajes, ni siquiera la sencilla regla de tres simple.

Los estudios han demostrado que un quince por ciento del alumnado si quiere SER, miro mis grupos de 10 alumnos y no puedo aceptar que solo  1.5 logrará algo con el estudio. Muchas veces he escuchado, sobre todo de padres que $pueden$ que no es necesario el estudio, cierto, no siempre es necesario para quien ya tiene aparente o definitivamente el recurso económico, pero es necesaria la cultura, la formación ética, académica, humanista, investigadora, formadora de criterios y que nos aleje del complejo de ser ovejas que solo podemos avanzar si hay líder.

“El dinero compra los libros, no el conocimiento”.

La historia nos ha querido enseñar que no todos los líderes nos han llevado por buen camino, muchos nos han lanzado al precipicio en que vivimos y no podemos salir, no hemos podido sacar al buey de la barranca, ni con la pegajosa tonada. Lo decimos “Les conviene a los gobiernos que seamos ignorantes” lo decimos y lo repetimos pero en ese dicho nos quedamos.

Tenemos un complejo capitalista y hasta imperialista “Para eso pago”, creencia de que con el hecho de pagar se puede llegar tarde o no llegar, se puede reprobar y pagar el extra. Culpamos a la pobreza, a la corrupción, a la impunidad, a la delincuencia, pero ¿Ya nos dimos cuenta de que la ignorancia es la madre de todas nuestras desgracias? Deberíamos entender que el saber nos puede servir hasta para salir de nuestro maltratado país sin cruzar un río o saltar un muro que además de ignominioso y de cemento y acero, tiene mucho de barrera mental.

En un viajecito por Sud América, ya llovió, nos platicaban en la Hermana República de Paraguay, porque nos trataron como hermanos mayores, que había escuelas de fut bol para venir a jugar a México, su primera meta y luego a donde los solicitaran porque esa era la mejor manera de salir de la pobreza reinante en su país. Se preparaban para algo. En esa época era incipiente la Escuela de Carlos Seville Rinaldi, ahora hay muchas y que bueno, que al menos se fomente el deporte por sí mismo o por querer ser otro “Chicharito”.

Somos un país sub desarrollado no porque estemos en vías del desarrollo, sino porque nos quedamos en el subdesarrollo, ahí estamos estancados. Es nuestra ubicación en el ranking mundial, casi todos los países se desarrollan y el nuestro sigue en su nivel histórico de subdesarrollo. 

¿Quién lo puede sacar de ese bache?, los políticos no, los cleros no, los sindicatos no, los líderes mesiánicos no, ¿Ton’s? entonces nomás nosotros y ¿Nosotros que hacemos? Pá presumir, entre los primeros lugares de corrupción, los primeros lugares de analfabetismo, lujosos primeros lugares en consumo de refrescos de cola, honrosos primeros lugares en obesidad, no todo es malo, primeros lugares en embarazo de jovencitas  estudiantes de secundaria, también estamos entre los primeros lugares de los países fiesteros, de tal manera que sabemos nadar en las penas.

¿Entonces para que nos quejamos?

“El poglema” decía don José Valencia es que ante nuestras desgracias siempre buscamos a un culpable, buscamos un hombro para llorar, un espíritu sensible que lama nuestras heridas, siempre víctimas, inocentes palomitas. En fin, solo estoy buscando una fuga a mi incomoda condición de tratar de enseñar y la negativa reacción de los estudiantes  de Aprender.

Pero… ¿Debo quedarme en tan solo mencionar el problema? No, no puedo quedarme ahí. Si un país, hablando por ejemplo de Finlandia, en su canto patrio “Maamme” que significa Tierra Mía, dice algo como esto: “…Somos un país pobre, que no tiene oro, el recurso que tenemos es nuestra gente” complementan diciendo: “Así invertimos en nuestro pueblo, toda persona tiene que recibir formación y educación para ir tan lejos  como su capacidad lo permita” y ahí está Finlandia un país pequeño en territorio pero con un gran estilo de vida.

Y… ¿México y nosotros los mexicanos? No creo que tengamos maldición alguna ni destino manifiesto de su desarrollo. No, como ser humano no, como padre de familia no, como mexicano no lo acepto, y repito aquel fragmento de una canción de Luis Manuel El de la Paloma: “Los problemas en la vida tienen la medida que les pongas tu”.

Aunque a veces con la ilusión al nivel de las suelas, seguiré picando piedra, seguiré siendo exigente con mis alumnos, intentando que de esa piedra, ahora tosca, surjan los relucientes cristales de un diamante.

En verdad y analizando la esencia misma de nuestro existir… ¿Habrá tarea más importante que la educación de la generaciones venideras? Sin duda las tecnologías, como la maravilla del internet, nos han dado recursos inimaginables tan solo en una o dos décadas, pero también nos han abierto los accesos a los mayores basureros mentales de la humanidad. Lo que estoy cierto, es que depende de nosotros encontrar los tesoros o las miserias de lo que somos como humanidad. A pesar de sentir pesadumbre y desánimo en ocasiones, seguiré por el mismo camino, ya que no considero que exista otro mejor para la superación del individuo y con ello de la sociedad entera.

Una súplica, Padres de familia ¿Podrán apoyarme con sus hijos con la enseñanza que se debe dar en el hogar?

Por hoy aquí la dejamos. Saludos cariñosos para Toda mi Familia y Todos mis Amigos.

Rafael Ceja Alfaro.

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