viernes, 24 de marzo de 2017

8858. OREMOS…

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Oremos…
Tía Susana era viuda, siempre fue viuda para este López, porque no conoció al marido, tío Lupe, con el que tuvo tres hijos, buenas personas los tres, bueno, los cuatro porque ella era muy buena gente. Cuando salía el tema del tío Lupe, ella contaba cosas que hacían pensar que el tío había sido una cruza de Gandhi, Einstein y Tarzán. Una vez, la deslenguada tía Victoria, después de una apología más del fiambre, dijo a este menda  que tía Susana se había sacado la lotería con la muerte del esposo, porque eso iba a acabar muy mal: era muy borracho, apenas daba el gasto y ni su marido fue, que era casado y ella, nomás la querida. Horrible.

Ayer fue el 23 aniversario del asesinato de Luis Donaldo Colosio. Asunto pendiente para la historia política del país, jamás aclarado a satisfacción de la sociedad aunque jurídicamente, se haya concluido. Cosa grave e injustificable.

Como todos los años, esto fue ocasión para el halago y la apología desmesurados. Este López no incurrirá en la majadería de ventilar cosas que siendo ciertas, pudieran parecer ataques al difunto: si era o no una buena persona es asunto de sus deudos y sus muy cercanos, solo su perfil público como político se puede comentar y analizar. Lo demás, no, por respeto y por decencia.

Con Colosio se medra. Igual que con lo del 68 y ahora con lo de Ayotzinapa. Y eso da asco. Para empezar, en rigor, no fue magnicidio; ni murió la última esperanza de la patria.

Luis Donaldo Colosio era priísta. Si eso es motivo para sacar las matracas o vomitarse, depende de cada quien; el señor era priísta y eso nos dice mucho a muchos.

Aparte de priísta, era salinista, de hueso colorado, y si hubiera llegado a la presidencia, hubiera dejado de serlo, como todos los priístas que llegan (en el PAN los usos y costumbres son diferentes, no mejores… y menos eficientes), pues marcan distancia y su impronta: el anterior se convierte en innombrable, siempre. Pero para ser candidato a titular del Ejecutivo Federal, se necesita pasar primero la aduana de la confianza (y hasta el afecto), del Presidente en turno; Colosio tenía ambas cosas de parte de Salinas.

Hay otras aduanas: en tiempos de Colosio se había ya diluido la importancia de la opinión de los sectores del partido, particularmente la CTM, pero aún importaba; ahora ya no, desde Zedillo ya fue muy secundario y ahora lo que importa es la opinión del capital, del gran capital, doméstico y extranjero, más bien, global (que por eso los pasean por Davos, en Suiza). Así que, Colosio: primero, priísta y salinista después.

Si Colosio hubiera asumido la presidencia de la república, es una bobada decir que la historia actual del país sería diferente: pues claro (y si mi abuela tuviera ruedas, no sería mi abuela); por ejemplo: no hubiera habido ‘error de diciembre’, ni estampida de capitales, no porque Colosio fuera genio en cosas económicas, sino porque no hubiera puesto el gabinete que puso Zedillo, el secretario de Hacienda no hubiera sido Jaime Serra Puche (sí, no se acuerda de él porque fue nomás del 1º al 29 de diciembre… y ¡a la calle!), y no se hubieran filtrado dos cositas: que venía una devaluación y que el país estaba endeudado en dólares, colgado de alfileres (devaluación anunciada; estampida de capitales; arcas vacías: crisis, la grave crisis que causó el zedillato). Tampoco hubiera habido Fobaproa…

Pero, en este escenario de ‘hubieras’, una cosa es segura: Colosio presidente, ahora sería Colosio expresidente… y estaría en la galería de los esperpentos en que están las efigies de todos los expresidentes de este país: de ese rosticero nadie sale sin quemarse.

Sus aciertos y errores también obviamente, hubieran sido diferentes, pero no hubiera cambiado el rostro nacional, por más discurso de ‘veo un México con hambre y con sed de justicia’ (6 de marzo de 1994), frente al Monumento  la Revolución, ante 50 mil acarreados, de los que la inmensa mayoría formaban parte de ese México agraviado. Ese discurso (bueno, malo o regular, pero no ‘histórico’ ni maravilloso), fue un discurso, nada más: otro discurso; y cuando quiera leer otras buenas piezas oratorias, busque discursos de otros que no están entre los afectos nacionales: Díaz Ordaz, Echeverría y el gran orador: López Portillo. Este país, de discursos hasta el copete está.

Se puede echar un vistazo a la radiografía de Colosio como político, revisando la lista de sus cercanos, esos que formaban su equipo de campaña: Zedillo (de todos tan querido), Mario Luis Fuentes, Esteban Moctezuma, Oscar Espinosa, Liévano Sáenz, Pedro Joaquín Coldwell, Germán Fernández Aguirre, Antonio Argüelles; José Luis Soberanes, Guillermo Hopkins, Samuel Palma, Alfonso Durazo, Ramiro Pineda. No es la lista de los liberales que acompañaron a Juárez. No hay uno que haya recogido la bandera para tremolar el ‘colosismo’ que nunca existió.

No hay nada sino monumentos no muy justificados, en memoria de un señor que poco hizo por México (porque lo mataron), y quién sabe qué tanto hubiera podido hacer, si no lo asesinan.

No sabremos jamás quién organizó ese crimen. Sí sabemos todos que fue un Fuenteovejuna de algunos de los dueños del país que no aceptaban que prevaleciera el ‘salinismo’, que sí hubo. Por eso hubo un cardenal asesinado (primer aviso, de eco mundial); luego el alzamiento en Chiapas (segundo campanazo de resonancia también mundial); luego: muerte del candidato y colocación de un sustituto dócil, a modo y a las órdenes del dinero: el Zedillito, diminuto como persona, como político y como presidente.

La otra cosa que no hubiera sido diferente es que se perdería la elección del 2000, el modelito estaba agotado, del todo seco.

Bien haría hoy el presidente Peña Nieto en recomponer las cosas: su sucesión puede ser tersa o muy accidentada: ha pasado, puede pasar. Bien haría el presidente Peña Nieto en darse cuenta que esto es el último grito de la cumbancha: para parar al Peje, van a tener que pararlo a las derechas y eso es precisamente lo que no se les da.


Oremos…

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