lunes, 27 de marzo de 2017

8868. NO SON SERIOS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

No son serios.
Al acumular años de edad -y más cuando la cuenta se lleva en decenios-, se supone que se van comprendiendo actitudes, decisiones y acciones, de los que eran adultos cuando uno era apenas lo que llamaban ‘mocoso caguengue’ (términos despectivos e imprecisos, ambos porque -al menos este menda, no sé usted-, jamás trajo narices ni calzones embarrados de materias tan desagradables a la vista y hasta el olfato). Como sea, a este López sigue sin entrarle en la cabeza que por haber regresado de la escuela sin un zapato, le hayan correspondido sanciones equiparables al asunto de Adán con Eva y en cambio, que habiendo regresado del trabajo su progenitor sin la corbata, después de una sesión de alaridos maternos, con lanzamiento y rotura de diversos objetos decorativos y amenazas seguidas de intentos de empacar ‘sus cosas’, a la mañana siguiente hayan amanecido muy abrazados y en paz en su cama (ni se levantó doña Yola a hacernos la torta para el recreo: sentada con las cobijas hasta el cuello, nos dio muy sonriente un peso a cada hijo -alcanzaba para dos y un refresco-, cosa inusitada en ella, especialista en análisis de costos). No entendía uno nada y de eso la desconfianza en las instituciones. A la fecha.

En países como el nuestro, en el que pasan cosas esperpénticas como fosas clandestinas y decapitados públicos, desaparecidos por miles (no incluir a don Duarte y señora, esos son prófugos y van en cuenta aparte); gente que sale de las cárceles de todas las maneras posibles (helicópteros, túneles, caminando por la puerta o secuestradores -capturados ‘in fraganti’-, liberados con disculpas del juez, por haber sido presentados por la policía con 15 minutos de retraso); y la danza de miles y miles de millones en fétidos asuntos de corrupción… de todo eso pasa y por eso parece que nadie respeta la ley, pero solo lo parece, hay casos y cosas que prueban la falsedad de tan aventurada afirmación.

Por ejemplo los impuestos: de eso nadie se escapa… bueno… a veces un poquito, algunos.

De cobrar los impuestos federales en todas sus variantes, se encarga el SAT, Servicio de Administración Tributaria, que desde el nombre empieza a estar raro, pues difícilmente ningún tenochca considera ‘servicio’ que le cobren los impuestos, ni serviciales a quienes se dedican a tan noble labor; ni estamos todos tan de acuerdo en que el SAT los ‘administra’; ni que los impuestos sean ‘tributos’, palabra con aroma a vasallo de esos que pagaban con plumas de quetzal o granos de cacao al gran Tlatoani, so pena de que le sacaran el corazón en la piedra de los sacrificios en Tenochtitlán, cosa harto incómoda, aplicada en condiciones higiénicas deplorables y sin anestésico (igual que ahora las multas de Hacienda: a pelo).

Aparte existe el SAE (Servicio de Administración y Enajenación de Bienes), que entre otras varias cosas, recibe, cuida y administra con primor para el mayor beneficio de la patria, lo que se decomisa a narcos y delincuentes misceláneos.    

Ese SAT, rigurosamente, no es parte de la Secretaría de Hacienda, sino que es un ‘órgano desconcentrado’ de esta, cuyo jefe nombra el Presidente de la república y que se maneja conforme a lo que ordene su Junta de Gobierno, que bien vistas las cosas también nombra el Presidente. El SAE es casi lo mismo.

Dijimos que nadie se escapa de los impuestos. ¿Lo duda?... pues solo que dude del SAT o que sea usted un envidioso de esos a los que les cala que en 2013 a 36 empresas se le condonaran impuestos por más de 80 mil millones de pesos (según la ASF, Auditoría Superior de la Federación).

Bueno, Señor Envidias: váyase acostumbrando, hay razones de peso, que seguro explican sobradamente que de 2008 a 2016, el SAT le haya perdonado impuestos por 593 mil millones de pesos a algunos suertudos, que no nos dicen quienes son porque aparte de que hay un Dios, hay secreto fiscal.

Ya algún día nos dirán quiénes y por qué; por lo pronto, confórmese con saber que según nuestras altas autoridades: ‘La cancelación de adeudos fiscales tiene la finalidad de “no destinar más recursos en perseguir deudas que le resultarían (al SAT) muy costosas recuperar o que difícilmente podrían ser pagadas por los deudores (…)’. No, si todo tiene su razón, lástima que el 0.26% de los contribuyentes acumulen más de la tercera parte de las condonaciones que otorga el gobierno (datos honorablemente copiados del informe ‘Privilegios Fiscales’, presentado la organización Fundar el 19 de septiembre del año pasado).

Pero, para que se eduque y entienda que con el gobierno no se juega, sépase que también el SAE es cosa seria y por eso da gusto enterarse ayer que llevan siete meses peleando en tribunales el dinero decomisado a un narco que el juez, Alejandro Caballero Vértiz, indebidamente, ordenó entregar a la Secretaría Técnica del Fondo de Apoyo a la Administración de Justicia del Consejo de la Judicatura Federal… ¡y eso sí que no!, y no al grito de ‘lo caido, caido’, sino porque la ley es la ley y eso es del SAE.

El narco cuando salió libre (a veces pasa), no regresó por el dinero que le decomisaron y el 17 de agosto de 2016, el juez resolvió que la lana la aflojara el SAE y este órgano descentralizado de Hacienda, presentó el recurso de revocación correspondiente y dos amparos, consiguiendo cuatro resoluciones, sin que acabe el pleito.

La cosa no se enfría porque el juez pide que ahora, se entregue el dinero con intereses, lo que agrava el trepidante asunto. Por cierto: ¿sabe cuánto es lo que decomisaron al narco?: $50.00 (cincuenta pesos).

O sea: por un lado el SAT perdonando miles y miles de millones de pesos a causantes que no nos dice quiénes son, y por el otro el SAE gastando miles y miles de pesos en litigar que le dejen $50.00 pesos que con intereses ya son $61.00… bueno, ya es más.

Por eso tanta gente no toma en serio nada oficial, incluida la novísima reforma educativa, porque si los toma uno en serio vive con el hígado hecho cisco y las neuronas en caldo. Por eso, porque: no son serios.

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