jueves, 30 de marzo de 2017

8885. SORRY MISTER!

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Sorry mister!
La impartición de justicia en el campo de entrenamiento y doma en que fue domesticado este López, estaba sujeta a dos códigos diferentes y simultáneamente vigentes: el de doña Yolita, ‘La Dama de Hierro’ (mamá le decían otros niños a las suyas), y el del papá, don Víctor. El de ella era muy simple: se presumía la culpabilidad del vástago salvo prueba en contrario y se aplicaban las penas corporales que considerara prudentes (había que mantener la compostura, porque sus nalgadas apenas quitaban el polvo del pantalón y si le ganaba a uno la risa, agravaba su caso por ‘faltas a la autoridad’… y podía regañar sin tomar aire, durante horas). El código de él era del todo distinto: era muy difícil que emitiera sentencia, hacía falta casi el testimonio de un Notario, no daba ningún valor probatorio a chismes, quejas, ni declaraciones formales de su consorte y jamás regañaba; de hecho una sola vez sacudió el trasero de este menda (quien ratificó su fama de meón: ¡esas eran nalgadas!). Tal vez por eso es que su texto servidor se alegró por el cambio de leyes en el país: ahora uno es inocente mientras no le prueben lo contrario… bueno, depende.

Depende en primer lugar de que se disponga de dinero como para contratar abogado particular, pues si se atiene a uno de oficio, puede llegar a la edad de tercera esperando que le resuelvan su asunto, no por perversos, que no lo son (habrá excepciones), sino porque están ahogados en casos (según el Censo Nacional de Gobierno, Seguridad Pública y Sistema Penitenciario, 2014, realizado por el Inegi, en todo México hay 3,239 abogados de oficio, a cuyo cargo hay un millón de casos… con un agravante: no están repartidos parejo, por ejemplo, Hidalgo tiene 95 defensores de oficio para un promedio de 34,400 casos al año; mientras Veracruz, con 52 abogados lidia con más de 70 mil asuntos legales por año).

Pero si cuenta con un abogado pagado de su bolsillo, aunque sea uno de esos famosos que sacan inocente al Mochaorejas, a Rasputín y Hitler, puede pudrirse durante años en la cárcel si se encuentra en una de las dos siguientes situaciones: su asunto reviste interés político (ya se fregó), o llamó la atención de la prensa nacional (en particular de las televisoras), pues son ave rara los jueces que se atreven a contradecir el fallo emitido por reporteros y lectores de noticias (los crucifican, les arrastran el prestigio y les echan un espeso manto de sospecha, por ejemplo, fresquecito: el juez que amparó a uno de  los ‘Porkys’: esos jóvenes son culpables, ya así lo falló la prensa y se pueden meter su presunción de inocencia en la parte menos grata de la anatomía humana).

Pero la peor situación son los casos mixtos: interés político más interés de la prensa (pasa… ¡oh, sí!): por ejemplo, el caso del diputado federal por Chihuahua Antonio Tarín García, suplente de otro diputado que murió en un accidente el 20 de este mes.

A este don Tarín le regalaron una orden de aprehensión en su tierra, acusado de un delito no grave y -raudo-, se metió al recinto legislativo federal para tratar de que le tomaran protesta al cargo y así, ya asumido el cargo de diputado, quedar con fuero y pintarle un violín a la policía que lo fue a detener y no pudo porque no puede violar el sacro terreno del Congreso… y se queda uno pensando:

El tal Tarín, así fuera súper culpable del delito no grave que se le imputa, ante la ley es inocente pues no ha sido sentenciado como tal; aparte de inocente es diputado federal suplente, no en funciones, pues no ha protestado el cargo (requisito indispensable según el artículo 129  de la Constitución del país, que obliga a todos los funcionarios públicos a protestar que guardarán la Constitución y las leyes que de ella emanen, ‘sin excepción alguna, antes de tomar posesión de cargo’), lo que deja mal a la Cámara de Diputados, pues tomarle la protesta era obligatorio también, acorde al Reglamento de la Cámara de Diputados, pues la suplencia procede de inmediato cuando se muere el diputado propietario, ya que puede suponerse que el difunto ya no podrá definitivamente atender las graves responsabilidades del cargo (Capítulo IV; Artículo 9.- (…) La suplencia procede cuando la diputada o el diputado propietario: (…) V. Fallezca o padezca una enfermedad, que provoque una incapacidad física que le impida el desempeño del cargo); no es optativo, procede y no lo dejaron.

Así las cosas, la Cámara de Diputados más mal se vio al permitir que el señor Tarín se quedara de huésped, al amparo de la inviolabilidad del sagrado predio (artículo 12 de Ley Orgánica del Congreso), porque la misma ley en el mismo artículo, ordena que en esos casos, el Presidente del Congreso o de la Comisión Permanente va a la puerta, le pregunta qué se ofrece a los policías, les dice que cómo no, los pone a sus órdenes y van por quien andan buscando para que lo presenten al juez.

Si tuvieron los calzones para no tomarle la protesta al cargo, debieron usar los mismos calzones para entregarlo, en lugar de darle tiempo a conseguir un amparo y echarle una trompetilla a los que lo iban a detener. Mal. Mal todo.

Ahora que está amparado contra la orden de aprehensión por un delito no grave, ¿con qué excusa no le van a tomar protesta al cargo? Le digo: la ley es linda, pero si hay interés político y anda por ahí un reportero o un camarógrafo, la cosa cambia. Lo de siempre y ni se dan cuenta que por estas cosas no los respeta la ciudadanía. Puro cuento.

También es puro cuento lo del muro de don Trump (cambiando un poco el tema): ahora se dan cuenta sus colaboradores, que de los 2185 kilómetros de frontera que les falta bardear (ya hay muro en mil), de Río Bravo son 1,455 kilómetros, y que el lindero está en la mitad del cauce, por lo que si hacen la barda en tierra de su lado, dejan fuera un pedazo de Estados Unidos y como no pueden hacerla sobre el agua (sí se puede pero es una locura carísima), pues a ver cómo lo resuelven, porque de nuestro lado, tampoco se va a poder. Sorry mister!

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