sábado, 1 de abril de 2017

8894. LA CARNE CONTRA EL ESPÍRITU.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI


La carne contra el Espíritu.


El Espíritu  que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes. 
Romanos 8,8-11:

El poeta José Martí los llamó “bárbaros”, el pastor Martin Luther King se refirió a ellos como los oscuros, los indios Hopi los conocían como los desalmados, es decir, los seres sin alma, la mejor definición de los que han vendido su alma por el poder y el dinero, entre ellos se encuentran la mayoría de los políticos mexicanos y los que por omisión, son o somos cómplices del sistema conocido como la dictadura perfecta que sustenta en la premisa “un pobre es igual a un voto”, la partidocracia mantiene un país de pobres para compra el voto en las elecciones.

En una de las  lecturas de este domingo (Romanos (8:8-11) san Pablo señala la oposición irreconciliable entre la carne y el Espíritu, probablemente San Pablo llamaría “carnívoros” a los desalmados, pero no los que por costumbre o vicio se atragantan con carne animal, sino los que con sus actos y decisiones llevan a muchos hombres al canibalismo, la más terrible e inhumana práctica.

En Gálatas 5:17 el enunciado es muy claro: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisieres”.

La palabra de Dios no se refiere a la carne en el sentido de alimento, como todo libro religioso, la Biblia es un libro simbólico, en donde las palabras son multisémicas, tienen múltiples significados. La carne en el sentido de las Escrituras no sólo es la gula, es la lujuria el pecado de los ricos, a quienes  Jesús aplicó la parábola del camello; la luxuria es no sólo la exaltación de la libido, de la energía sexual, es el abuso, la desmesura, el consumismo que es la expresión más ilustrativa del materialismo y del nihilismo.

Si analizamos la tendencia actual de la humanidad, literalmente nos estamos comiendo los recursos naturales del planeta; las tierras agrícolas que antes se dedicaban a producir alimentos para todos los seres humanos, ahora se destinan a producir alimentos para animales. Miles de millones de vacas y pollos son sacrificados diariamente para alimentar a un sector de la sociedad que puede comer carne.

En Brasil hay más cabezas de ganado que seres humanos, en este país y en Argentina los bosques están desapareciendo para dar lugar a sembradíos de granos, el insumo principal de los alimentos para ganado.

Sahra Muse y su hijo mueren de hambre, como ellos millones de seres humanos no tienen qué comer. La ONU consideró que el hambre aumentó 35 % en el planeta en lo que va del año; en 2016 había en el planeta 108 millones de personas sin alimentos, hoy suman casi 150 millones.

Los cristianos pedimos abundancia a nuestro Padre, pero no agradecemos lo que tenemos y menos aún lo compartimos. Entre las obras de misericordia corporales a que nos exhorta la Iglesia están: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo.

Los millonarios de Nueva York que pidieron a los legisladores a través de una carta pagar más impuestos, no necesitan del gobierno para cumplir sus buenos propósitos, se supone que son líderes, capaces de tomar la iniciativa, si tuvieran voluntad, compartirían sin esperar a que el gobierno les aumente los impuestos.

Muy cerca de nosotros hay personas que necesitan apoyo, pero no las vemos.

Alimentarse de carne animal no ayuda a la espiritualidad, pero esa es otra historia.

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