martes, 4 de abril de 2017

8909. CRÍA DE MONSTRUOS.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Cría de monstruos.
Tía Licha era exactamente el modelo de mamá que López deseaba tener cuando se encontraba sujeto -por disposición de la ley vigente-, a la autoridad de doña Yolita, Jefa de Administración y Disciplina del campo de entrenamiento y doma en que fue criado (‘mamá’ y ‘casa’, les decían otros niños a las suyas). Tía Licha daba consejos, jamás metía bronca; tía Licha consolaba, nunca decía ‘para que aprendas’; tía Licha comprendía que las travesuras eran ‘cosas de niños’. Y doña Yolita, viéndola consentir a sus hijos, decía ‘ya se beberá su llanto’… y el tiempo le dio la razón a la Comandante Yolanda: uno de los nenes de la tía, estuvo preso por ‘estupro’ (algo así como violación amistosa); otro dedicó su vida de adulto a estar en la cama de su casa, durante el día, apapachado por su mamá, y por las noches a la parranda hasta ponerse ciego de beodo; la niña fue la pionera nacional en el consumo de sustancias químicas  extrañas al cerebro humano y en el tatuaje facial extremo. Se bebía el llanto tía Licha y clamaba: -¿Qué pecado estoy pagando? –bueno…

El no-accidente automovilístico de la madrugada del viernes pasado en la avenida Reforma de la CdMancera, en que un auto se partió en dos a lo largo al chocar contra un poste a exceso de velocidad (entre 180 y 200 km por hora), costó la vida a sus cuatro pasajeros; el conductor quedó vivo y nada lastimado. Es un no-accidente porque lo provocó el conductor: iba en ‘estado inconveniente’ (ebrio o ebrio y drogado); y tan no quedó lastimado que ya fue dado de alta y está preso, sujeto a proceso por homicidio culposo agravado. Un hecho más de nota roja, piensa uno al enterarse, pero, no, para nada es eso.

Leyendo ayer la columna de Ricardo Raphael en ‘El Universal’, titulada ‘El mirreinato mata’, se entera uno que quien iba al volante, de 33 años de edad, es hijo de uno que fue policía judicial del entonces D.F., dado de baja porque cuando los sismos del ’85, encontraron los cadáveres de unos presos bajo su custodia, con señales de tortura y todo quedó en correrlo: impunidad; luego, ese mismo señor, papá del conductor siete vidas, se dedicó a la ‘seguridad privada’ y consiguió el importantísimo contrato de la seguridad del aeropuerto de la capital del país (¡nada menos!), mismo que perdió cuando se armó un escandalazo por el tráfico de inmigrantes indocumentados en el principal aeropuerto del país (y todo quedó en quitarle el contrato: impunidad otra vez); cuatro años después el gobierno federal emitió la orden a todas sus dependencias y entidades de no contratar a ese señor ni a sus empresas por ‘presuntamente’, estar relacionado en actividades fraudulentas (y todo quedó en no darle chamba: más impunidad). El papá del chofer del auto rebanado en dos, también estuvo acusado de robo, violencia moral y privación ilegal de la libertad: nada que le hayan probado; estuvo preso por falsedad de declaraciones en un asunto financiero, pero salió libre por falta de pruebas. La ley le pela los dientes.

Por supuesto, su hijo, el chofer del auto partido en dos a lo largo (¿de qué está hecho ese poste?), es responsable de sus actos, pero es obvio resultado también de una cultura de la impunidad, esa que vio en su propio padre toda su vida, esa que ahora llamamos en México el ‘mirreinato’… y ¡hay tanto ‘mirrey’!... comaladas de ‘mirreyes’ acostumbrados a hacer lo que les viene en gana, siempre, en donde sea, contra quien sea: todo les viene guango, para eso son hijos de funcionarios pillos (hay de otros y deben ser mayoría), de ricotes bandidos (se insiste, hay de los otros, deben ser mayoría, pero ¡cómo lucen los malos!)… en fin, hay mucho hijo malcriado de lo que antes llamábamos ‘influyentes’, que esto no es nuevo (ni aquí ni en ninguna parte).

Pero que todo les viene guango, les viene guango. Tan es así que el Jefe de Gobierno de la CdMx, el agradabilísimo Mancera, explicó en entrevista con Carlos Loret de Mola, que no fue posible tomarle muestras de sangre al responsable de la muerte de esos cuatro, porque se negó a ‘que se le realizarán exámenes toxicológicos, y eso es parte de las garantías individuales de todos los ciudadanos’ (¡ah, qué don Mancera!: ya ni hay garantías individuales, ahora son derechos fundamentales). En fin, el caso es que hemos de creer que llega al hospital un tipo después de un choque así de grave y los médicos no tomaron muestras de sangre, entre otras cosas para poder hacerle una transfusión en caso necesario, ni para saber que traía adentro para atenderlo y no irle a prescribir un medicamento que lo despachara al otro barrio. ¡No, señor! Primero están sus derechos, aunque haya cuatro muertos y la filmación de que iba como chiflido por Reforma. Torcida manera de interpretar la ley, como manda la más ortodoxa aplicación de los principios básicos del ‘mirreinato’.

Ya verá que sale libre dentro de poco, pues jurídicamente, no podrán probar que iba beodo o algo peor. ¿Por ir rapidito cuánto le pueden echar de pena?... (Ahora, a ver también cuántos capitalinos no se acogen a la explicación de Mancera para no soplarle al alcoholímetro, los derechos son los derechos, ¡qué caray!).

Hay muchas variantes del mirreinato. Hijos de expresidentes de la república metidos a protectores de defraudadores fiscales que van por la vida sin apuro ninguno, abanicándose con decenas de denuncias penales de Hacienda que nomás no ha podido, ni podrá, cortar la hemorragia de miles de millones de pesos de fraudes al fisco que cobijan esos ‘mirreyes’, que viven entre lujos de naco-arribistas (que eso son), y contratan exgobernadores por el puro gusto, nomás para sentir qué bonito es tener gatos de angora a sus órdenes. Hijos y nietos de políticos otrora poderosos, dueños de franquicias políticas (les llaman partidos), sin mérito alguno, salvo los apellidos que portan. Y también hijos de famosos a los que la ley alcanza cuando cantan las gallinas.

Ya nos beberemos nuestro llanto como sociedad de continuar esta ilimitada cría de monstruos.

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