miércoles, 5 de abril de 2017

8914. ES COSA DE QUERER.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Es cosa de querer.
¡Que suene esa banda!... ¡tachún, tachúnnn, tachúnnn, tachúuun! y se deja oír la ‘Marcha de Zacatecas’, sí señor, que ayer se instaló el Comité Coordinador del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), que será presidido este primer año por quien preside el Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción, doña Jacqueline Peschard Mariscal.

Sopla por la patria el fresco viento de la purificación colectiva, hágase de cuenta que sacaron del remojo de agua con cloro, los hilachos nauseabundos de la corrupción nacional (pública y privada, que no hay funcionario ladrón sin ciudadano asociado), y salieron relucientes y con olor a limón, listo para meterlo al shampoo suavizante… ¡hmmm!

Qué discursos, qué frases… ¡qué gusto! Ahí presente, doña Arely Gómez, secretaria de la Función Pública, dijo que fue un día histórico; don auditor superior de la federación, Juan Manuel Portal, dio un trincherazo al decir que ‘es fundamental identificar las áreas más vulnerables a los riesgos en la gestión gubernamental’ (sí, hay que ponerse listos y detectar muy bien las áreas más vulnerables, no hay que perder tiempo en las menos vulnerables); la presidenta del INAI, Ximena Puente, mató de pecho y sacó un gran remate a donde anidan las arañas:  ‘el origen de este sistema es que la impunidad se ha colocado como uno de los grandes males de la sociedad’ (el público exultante hace la ola); y entre guirnaldas y nubes de hielo seco, tamboriles y pífanos, la flamante presidenta y presidenta (del Comité Coordinador y el de Participación Ciudadana), doña Jacqueline Peschard, expresó con candor angelical: ‘Tenemos que dar resultados más o menos en el corto plazo, porque existe el riesgo de que el desencanto y la desconfianza social se reinstalen con mayor fuerza, porque hay demasiadas expectativas acumuladas’ (sí, más o menos rápido, no se vaya a reinstalar el desencanto); y para que nadie dude que sabe de qué ganadería es el toro, declaró que es real el deterioro de instituciones por la corrupción (sí, damas y caballeros, lo siento, aunque les duela, es real: las instituciones, o sea el gobierno, se han deteriorado… en otros países le llaman podrido a lo que acá le decimos ‘deteriorado’). Solo faltó que estuviera presente uno de sus integrantes, el Fiscal Anticorrupción, porque los señores senadores están desde febrero de 2014, sin decidir a quién ponen, porque no quieren que se les cuele el actual Procurador General (y que le apuren porque estará en funciones hasta noviembre de 2018)… Puro enredo.  

Total, ya quedó instalado el Comité Coordinador del SNA y ya después veremos cómo le hacen para que funcione, porque el SNA está diseñado precisamente para que no sirva para nada.

Mire usted: el SNA se compone de ese Comité ayer instalado, más un Consejo Nacional para la Ética Pública y un Comité de Participación Ciudadana (el de la señora Peschard y cuatro ciudadanos más, de a cien mil pesos mensuales).

El de Ética Pública lo integran, el presidente de la Suprema Corte, los presidentes de las cámaras de Diputados y Senadores, el Auditor Superior de la Federación, los titulares de los órganos constitucionales autónomos federales (Comisión Federal de Competencia, Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, Instituto Federal de Telecomunicaciones, Comisión Federal de Competencia Económica, Coneval, Banco de México, CNDH, INAI, INEGI y la Fiscalía General de la República cuando exista, mientras estará la PGR); más el presidente del Tribunal Federal de Justicia Administrativa, los gobernadores de toda la república y los propios integrantes del Comité de Participación Ciudadana (el de la señora Peschard). El Presidente de este Comité, el que manda, es… (redoble de tambores): ¡el Presidente de la república!

O sea: en esta cazuela están todos los del gobierno, para vigilarse a sí mismos. Precioso.

¡Ah!... y un detallito: aún no tiene el SNA un centavo de presupuesto. Para este 2017, no se le asignó nada en el Decreto de Egresos (ni la palabra anticorrupción aparece: nada es nada).

Pero no se podrán quejar los activistas sociales más rumbosos: ahí está su Comité de Participación Ciudadana. Participen, pues, señores, la mesa está puesta.

Aparentemente se han tragado el anzuelo todos los más aguerridos ‘oenegeneros’ del país y el mundo: ¡México ya tiene sistema nacional anticorrupción! Sí, las ONG’s en México, están pandas de gusto y cómo no, si el gobierno federal sigue abriendo las alforjas para muchos, pero muchos de ellos.

Según el Registro Federal de las OSC (Organizaciones de la Sociedad Civil, entre las que se agazapan las afamadas ONG’s), al 31 de diciembre de 2014 había en el país la friolera de 29,142 organizaciones y en el año 2015, la Secretaría de Hacienda reportó haber financiado a 12,188 de ellas con la modesta cantidad de 7,256 millones 338 mil 450 pesos, que viene siendo el 65% de lo que nos cuestan a todos los alegres tenochcas los partidos políticos (para este 2017 el INE les autorizó gastarse 11,232 millones de nuestros impuestos). Y si le parece bien es que es usted muy generoso.

Y esa enormidad presupuestal es aparte de lo mucho que reciben de gobiernos y entidades extranjeras. Mucho, pero en serio mucho.

En nuestro país (quién sabe en otros), muchas ONG’s son un simple negocio, entidades de las que se nutren bien unos cuantos entre los que no pocos son lo que antes llamaban vividores. Ahora habremos de ver si el SNA va medir con la misma vara a los por definición corruptos y a las ONG’s y OSC’s, para las que sería una muy mala noticia que desapareciera la corrupción, porque desaparecería su razón de ser.

Como los 120 millones de mexicanos acabamos de llegar al país, les creemos que por crear una nueva estructura oficial, por cambiarle nombre a la PGR, por incluir a cinco ciudadanos (de a cien mil pesos mensuales), y por nombrar (cuando lo nombren), un Fiscal Anticorrupción, esto va a cambiar… no, si con lo que había bastaba y sobraba, nomás es cosa de querer.

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