domingo, 9 de abril de 2017

8937. ABANDONARNOS O MANTENER LA UTOPÍA, LA ESPERANZA.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Abandonarnos o mantener la utopía, la esperanza.

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció toda aquella tierra. Alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz: "Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?", que quiere decir: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". 
Evangelio de san  Mateo, capítulo 26.
                                                                                            
¿Cuántos seres humanos se encuentran hoy en una situación de abandono total? Millones de personas huyen de la guerra,  del hambre y de los desastres naturales. Los gobiernos que deberían de ser salvaguardas de los ciudadanos se vuelven contra sus pueblos sometiéndolos por la fuerza de las armas, permitiendo la corrupción y atacando las bases mismas de la sociedad al minar los valores que sustentan la convivencia social. Ante este panorama la desesperanza se apodera de los corazones y no hay lugar para el optimismo, para la esperanza.

El hombre que predicó la buena nueva del  amor y reveló el lado divino del ser humano cuando la esclavitud estaba extendida por el globo terrestre, fue crucificado, era la muerte más terrible   que se podía dar a un condenado, en esos tiempos miles morían crucificados,  condenados por los sumos sacerdotes y el imperio romano.

Cualquiera que osara levantarse contra el César podía terminar sus días colgado de una cruz, muchos zelotes, radicales y revolucionarios fueron ultimados con el terrible método de la muerte en la cruz, Jesús  osó llamarse a sí mismo hijo de Dios y  reveló que Dios era un Padre (Abba), no el dios colérico, celoso y dominado por  pasiones humanas del antiguo testamento, sino un Dios  que es como  un Padre bueno que no juzga ni castiga, cuya esencia es el amor.

Esto era  intolerable  para la casta sacerdotal que había construido todo un andamiaje de rituales y sacrificios de animales que se traducían en ríos de dinero y que sobre todo, mantenía al pueblo enajenado, en la eterna dependencia de los intérpretes,  de los sacerdotes; por parte del poder político, considerar a Jesús como un rey  también colocó al Maestro como un potencial enemigo del César,  del imperio romano; los orgullosos romanos ya tenían suficiente con los zelotes como para que otro  alborotador  viniera a agitar las aguas, ya de por  sí demasiado turbias.

Todo se volvió contra Jesús, sus discípulos huyeron en cuanto vieron aparecer a los soldados romanos, incluso Pedro, el discípulo que parecía el más comprometido,  lo traicionó, el sentimiento de abandono que experimentó Jesús debió de ser terrible. Estaba solo, su madre no lo abandonó, pero el sentimiento de soledad fue cósmico,  exclamó con fuerte voz: "Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?", que quiere decir: "Dios mío,  Dios mío, ¿por qué me has abandonado?".

Los hombres de la era moderna se olvidaron de Dios y hasta decretaron su muerte: “Dios ha muerto”, por su parte Dios  se olvidó de los hombres, al parecer los abandonó a su suerte. El silencio es la respuesta cuando los hombres exclaman desesperados pidiendo una señal de que Él está ahí, una luz en las sombras.

Los oscuros, también llamados los desalmados, imponen la fuerza de las armas y el poder del  dinero manchado de la sangre de sus víctimas, la ola de violencia y terror  afecta al planeta entero, los inocentes mueren en Siria bajo el bombardeo estadounidense, muchos más mueren en las guerras, o en ataques suicidas, o fallecen de hambre; ¿cómo no sentir pena?

El miedo, el terror de la guerra nos afecta a todos, no sólo a las víctimas directas e indirectas, todos perdemos con cada persona que cae en esta oleada de emociones negativas que intentan desmovilizarnos y matar la esperanza.

Pero así como el odio que estalla en los misiles y las bombas se esparce en el planeta, así el amor incondicional  hace crecer las flores cada mañana, hace que los hombres se acerquen unos a los otros, hace llover y nacer a nuevos seres con corazones  nuevos, colmados de esperanza. Algún día terminarán las guerras, los solados arrojarán los fusiles y amarán a sus enemigos como a hermanos.

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