miércoles, 12 de abril de 2017

8951. PERMANENCIA VOLUNTARIA.

Por Rafael Ceja Alfaro.
Docente, escritor y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Como creo haberles contado ya esta anécdota, me van a disculpar, pero la necesito para ilustrar mi presente escrito.

Cierto día, mi amigo Pepe con otros compañeros se vinieron a la ciudad a disfrutar de una función de cine. Para aprovechar el día y desquitar los gastos de cine, tortas, refrescos y dulces, entraron a la función de matinée que iniciaba a las 10 am. No recuerdo que haya habido “palomitas” de hecho, las conocíamos como “Chivitas”.

Exhibían ese día tres películas, la saga de “Tarzán el Hombre mono”, “La vuelta de Tarzán” y “Tarzán a la vuelta y vuelta” Es de suponer la emoción de estar en una sala de cine “El Ocampo, naturalmente” muy distante de aquella enorme troje del pueblo que servía para los mismos fines.

Pepe siguió con entusiasmo las hazañas de aquel mítico y legendario “Hombre Mono” encarnado por el actor Johnny Weissmuller y creado por el escritor Edgar Rice Burroughs. Los compañeros de mi amigo al terminar la tercera película, casi las cuatro de la tarde, salieron a la Plaza “a ver qué” y a dar la vuelta, ya no la de Tarzán.

Y así, casi toda la gente salió, empezaban a llegar los cinéfilos de la siguiente función, pero la permanencia voluntaria favorecía a Pepe, quien “no se la acababa” viendo a su héroe. Llega una pareja y justamente se sienta en las butacas delante de Pepe y al irse acomodando, la dama exclama “que agilidad de hombre”, mi amigo de inmediato interviene y comenta, “eso no es nada, ya anda cansadón, si lo hubiera visto desde en la mañana que empezó”.

La permanencia voluntaria permitía pasar largas horas viendo películas y comiendo tortas. Gritaba el amigo tortero (QEPD) “el que se come una, se va a la luna, el que se come dos, se va con Dios” tal vez por el “abundante” jamón. También se podía una siestecita o comer dulces, que en ese tiempo no eran tan caros, no como ahora.

Pero ya no hay tal permanencia, ahora en cuanto aparecen las letras al final de la película ya están las huestes del amigo Héctor esperando con los botes de basura para rápidamente limpiar la sala y dar inicio a la siguiente función. El tiempo es oro, y vaya que ese tipo de negocios lo demuestra con creces.

En los tiempos actuales existe un letrero o “Rétulo” dijera mi compadre Rodolfo, que dice NRDA, Nos Reservamos Derecho de Admisión, para empezar no cualquiera puede entrar a ciertos lugares en los cuales se prohíbe además entrar con mascotas, introducir bebidas y alimentos y fumar en el interior.

Largas filas en las taquillas, con todo y que se pueden adquirir los boletos por internet, precios altos en la dulcería, hay palomitas y refrescos de máquina. Clientes obedientes y sumisos sin necesidad de “polecias”, todos en orden dentro de unas vallas de cintas y con respeto. En lo personal soy asiduo al cine, cuando tengo unas horas libres. También me porto bien.

Esta frase me hace pensar que en esta nuestra vida, no tenemos permanencia voluntaria, pero que sin embargo la vivimos con bastante displicencia y desenfado. Dejamos las cosas, los asuntos para ese mañana que de pronto nos damos cuenta que es el último día: último para pagar la luz, las placas, el agua, el predial, la renta, los abonos del buen fin, y lo peor, cuando llega o se acerca el último día de nuestras vidas, ese día que nosotros no nos damos cuenta, pero que llega.

Antes de ese día que nos acerca a rendir cuentas con El Creador, o también el día que nos vemos en los apuros de enfrentar el examen ¡que ya es mañana y no estudie en todo el mes, el pinche profesor me va a reprobar! ¡No pagué a tiempo el Cable y me lo van a cortar (el cable) con lo aprovechados que son! ¡No he buscado la reconciliación con mi amistad después de ese mal entendido! ¡Sigo peleado con mis hermanos! ¡No he saldado los pendientes que tanto me preocupan y que he dejado para después!

El tiempo sigue, las situaciones empeoran, las familias se desintegran, el país se convulsiona y el mundo está a punto de estallar. Demostrado está que nada se arregla con tan solo la buena intención, que la acción bien encaminada es la solución, pero que siempre estamos esperando que alguien, que no sabemos quién y que no nos importa, porque volvemos a caer en los mismos errores, dé el primer paso y lo seguiremos como siempre lo hemos hecho, a donde nos conduzca.

No es una permanencia voluntaria, algún día tendremos que abandonar la sala, sin importar si nos gustó o no la función, porque además, somos los actores principales, al mismo tiempo somos los directores, guionistas, camarógrafos, en fin, desarrollamos día con día todos los roles que nos correspondieron, eso sí, con o sin responsabilidad. Fuimos llevando nuestra cinta, cada quien, de héroes a villanos y viceversa, sin tomar en cuenta que están por aparecer las letras FIN o THE END.

Un ejemplo: cuando platicamos de estos asuntos de la muerte, siempre hay alguien que teme al tema. “Fíjate que es necesario hacer el testamento” “No me hables de esas cosas porque me salas”. De acuerdo, después de muertos que ruede el mundo, pero ya sabemos, porque mil veces lo hemos visto, incluso vivido, el infierno que es el hecho de que no se haya dejado algo por escrito. Los herederos, todos, nos creemos los acreedores universales con todos los derechos. Ahí inician los problemas y las desintegraciones familiares, los hermanos que en un tiempo todo era de todo, ahora lo que haya quedado es de uno y lo jura por toda la corte celestial, nunca ninguno de los citados ha venido a atestiguar, y no por otra cosa, nomás por no meterse en líos. Si se han de matar los hermanos, está bien, ni a sus padres les importó que eso pudiera suceder.

Conocí un anciano señor, casi 100 años o un poco más, con muchas propiedades de las cuales rentaba la mayoría llevando un calendario de pagos exageradamente exacto, y aquel que llegado el día de pago no cumplía a las 8:00 am, recibía un mensaje lacónico pero sustancioso: “Señor Fulano, le recuerdo que no tiene usted la vida comprada, cumpla puntualmente con sus compromisos, Atentamente”. No hay Permanencia Voluntaria. Y menos en nuestros actuales tiempos con tanto cafre, Él o Ella, al volante, tantas motos imprudentes o exageradamente puntuales y tantos otros peligros. Para completar el macabro panorama, ahora tenemos sobre nuestras cabezas la amenaza de guerra que los rusos y coreanos por un lado y el alma buena y sensible de Trump, por el otro, que ahora se conmueve de los niños que murieron en Siria a causa de las armas químicas, mientras él acá en Gringolandia separa y destruye familias sin miramientos. La doble moral.

Me contaba el amigo Ángel, “Erpañol de Erpaña” porque según se dice hay “Erpañoles de Caca”, que allá en su país y por lo general en Europa, la juventud en cuanto cumple sus divinos 18 sale de la casa paterna a buscar sus horizontes, ya que “Los Viejos” tendrán una pensión justamente para ellos, buen razonamiento.

Pero acá, de este lado del mar, hay viejos sesentones que siguen viviendo, comiendo y durmiendo hasta altas horas de día (No sé cuáles son las bajas) en el hogar paterno, sin trabajar, sin estudiar, sin aportar ni un solo centavo, exigiendo comida que no les enfade “¿Otra vez sopa de fideo?, ropa limpia ¡Ah, y de marca!, dinero para gastar, o sea pues, viven en Permanencia Voluntaria sin hacer caso de insinuaciones, frases indirectas o definitivamente directas. ¡Qué poca!

Pues por hoy, implorando por que los conflictos en Oriente no trasciendan como los tememos, aquí le paramos y hasta la próxima.

Recordatorio e invitación: El próximo 26 de abril del 2017, en las oficinas de nuestro Amigo Notario Lic. Fidel Martínez Acevedo.

Domicilio: Amado Nervo N° 117, Centro
Ciudad: Zamora, Mich.

Tendré el gusto y honor de presentar el Volumen II de mi libro “A lomo de camello”.

Los espero, no falten.

Rafael Ceja Alfaro

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