lunes, 17 de abril de 2017

8974. CLEPTOCRACIA.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Cleptocracia.  
Tía Dali (Idalia), del lado materno, casada con un tal Alfredo, tuvo cuatro hijos (dos parejitas), y crió a once, porque su marido tenía costumbre de llegar a veces, siempre a la hora de comer, con un niño nuevo (que ya caminara parece que era su norma), lo sentaba a la mesa sin decir nada y ya se quedaba para siempre. Todos, los once, innegablemente hijos de él (los de la tía, porque era señora seria y los demás, porque en la cara lo llevaban, las tres niñas y los cuatro niños). En la familia, si salía el tema, se decía que la Dali tenía un corazón de oro (aunque en voz baja, la opinión general era menos caritativa, decían que era más tonta que un puño de confeti). Es el caso que una malhadada tarde, la tía Dali vio a su esposo en un café del mero portal, en pleno centro de Toluca, sentado al lado y abrazando a una señora, entró y con voz que casi arranca el mantel, vociferó: -¡Así te quería encontrar! –rauda fue a su casa, puso la tranca y el tío ya nunca entró. La familia confirmó: -Es una tonta.

Recordé esta cándida estampa familiar leyendo ayer en la prensa las declaraciones de varios personajes de nuestra vida pública, sobre la detención en Guatemala del exgobernador Javier Duarte. Parece como si esa florecita en medio de un desierto, anunciara la inminente aparición de un vergel.

La detención del Duarte plantea muchas preguntas y no responde a nada.

Para empezar, si de verdad en este nuestro excéntrico país, vamos a empezar a respetar la ley, todo lo dicho, todo lo publicado (o casi), ensucia de tal manera el debido proceso judicial, que lo debiera anular: el Duarte ya es culpable, sentenciado de manera irrevocable, porque la prensa lo dice y porque otro señor, el actual gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, de muchísimos antecedentes por aclarar, así lo ha proclamado ‘urbi et orbi’: Javier Duarte es un corrupto químicamente puro, cosa que este López no es quién para poner en duda, pero que conforme a la ley, no se sabe ni se sabrá hasta que sea oído y vencido en juicio, hasta que no lo sentencien así los jueces que habrán de conocer del caso. No nos gusta, pero es la ley. Y no nos gusta cuando se trata de otro, no de uno, también hay que decirlo.

Pensará usted que el del teclado se ha vuelto loco. Que así como es sabido que la Tierra no es plana, que los niños no vienen de París, que el Cruz Azul no gana campeonatos, igualmente es de todos conocida la innegable culpabilidad del Duarte veracruzano (porque hay otro, el de Chihuahua, César), nada más que si así son las cosas, si de veras siempre se supo que este es un malandrín, un ratero, un saqueador, un canalla que jugó brisca con el erario, empiezan las preguntas:

La primera y muy gorda: ¿el gobierno federal no lo sabía?, porque es obvio que los mejor informados sobre las andanzas de los gobernadores de los estados, son precisamente los que del gobierno federal. Si lo sabían, ¿por qué lo permitieron?

La segunda igual de gorda, es: ¿el Congreso federal no lo sabía?, porque cosas de ese calibre de las que ni ahora responderá el tal Duarte (lo acusarán de algo, claro, pero no de todas las que se comió), cosas de tal tamaño no pasan desapercibidas a la Auditoría Superior de la Federación (órgano técnico del Congreso), que sí reportó algunas en sus auditorías (y no pocas)… y nadie hizo nada. ¿Por qué lo permitieron?

La tercera (y puede ser más gorda que las dos anteriores): ¿y los directamente robados, los veracruzanos, por qué lo permitieron? Claro que habrá quien recuerde que 20 alcaldes de ese bellísimo estado de noches diluvio de estrellas, palmera y mujer, lo denunciaron, sí… pero en 2016, ya con el chaparrón de esperpénticas sobre noticias encima de don Duarte. Además: ¿y el Congreso local por qué le aprobaba sus informes de Cuenta Pública?... ¿esos, nada?

La cuarta: ¿y cómo huyó?, porque es de niños de sonaja y pañal mojado, creer que a sabiendas de lo que se traía entre manos el caballero de rechoncha figura, todo el aparato policiaco del país se estaba rascando las narices y se les fue, como se escapa un carterista en un mercado. Don Duarte solicitó licencia al cargo 48 días antes del término de su mandato (‘licencia al cargo’: malabar lingüístico para no decir ‘renunció’, porque los cargos de elección son irrenunciables… pero, piden ‘licencia’ y ¡listo!), y su Congreso se la aceptó, sabiendo todos los veracruzanos, los mexicanos, los terrícolas y los habitantes de los planetas en que haya vida inteligente, que iba a tomar las de Villadiego, a huir. Y nadie hizo nada.

La quinta (algo incómoda): ¿y cómo supo el sacerdote Solalinde que estaba en Chiapas?, porque estuvo (ayer lo aclaró la PGR), y luego, de ahí se pasó a Guatemala, ratificando que aparte de exceso de peso, el señor padece de déficit neuronal (si se va a un barrio de medio pelo de la capital de país y lleva una vida discreta, no lo encuentra ni Dios Padre, dicho sea con respeto al Creador), pero, para suerte de la justicia, son tontos como una bacinica y no sólo se van del país, sino que se van a países con los que México tiene tratado de extradición… y les da nostalgia, extrañan a sus hijitos, a sus esposas, a sus novias, a los amigos. Merecen lo que les pasa, no tienen moral para asumir sus responsabilidades y gobernar sin chacoteos; y luego, no tienen carácter para aceptar que son prófugos: hablan por teléfono, mandan por la familia, piden que les entreguen en propia mano pasaportes falsos (que eso hizo este don Duarte de flaca inteligencia… habiendo servicios de mensajería, ‘ocurre’, por si no le saben).

La última pregunta: ¿y luego qué?... sí, supongamos que ya están en la cárcel todos los ‘ex’ y los ladrones actualmente en funciones… ¿luego, qué?.... ¿con eso arreglamos algo? ¿Se quedan pandos de gusto y tan tranquilos todos los que hacen posible esto?, porque son multitud los cómplices, nadie se roba, él solo, la sala de casa del vecino.


El problema no es la corrupción del sistema sino el sistema de corrupción, la cleptocracia.

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