miércoles, 26 de abril de 2017

9018. HUELE A QUEMADO.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista, periodista y escritor.
Desde Michoacán. México. Para
Tenepal de CACCINI

Huele a quemado y no precisamente porque a alguna señora vecina se le hayan quemado los frijoles por exceso de cocimiento, o porque la leche hirvió, subió y se tiró, o bien porque las tortillas hayan permanecido en el comal más tiempo del debido, no, definitivamente y afortunadamente eso no ha sucedido.

Huele a quemado porque los pastizales y los árboles siguen ardiendo como consecuencia de que los provoca incendios siguen haciendo de las suyas, como a ellos les gusta actuar: con libertad, sin que nadie los moleste, para ellos actuar así es el placer supremo, y cada año esperan con ansia que su aliado el sol, haya secado los pastos para que la labor se les facilite y entonces si puedan llegar a admirar el espectáculo para ellos tan esperado: cuando el fuego arrasa con pasto y árboles. Huele a quemado para todos lados a donde uno  dirija sus pasos no solo en nuestra región o solo en nuestro Estado, no, sino en todo nuestro México; nuestro muy querido México huele a quemado.

Huele a quemado y la fauna resiente los efectos de la acción destructiva del hombre y las aves, los mamíferos, los insectos, todos los que sobreviven huyen, los que quedan vivos y pueden hacerlo,  perdiendo su hábitat, ese, que ya no volverán a tener porque fue arrasado por el fuego. Huele a quemado porque unos cuantos tienen como uno de sus placeres, afectar a unos muchos cambiando el panorama de los cerros, de las lomas, de los lados de las carreteras quitando el verde o café para dejar el negro, para convertir las áreas en reguero de carbón. Huele a quemado y las acciones para prevenir los incendios no se ven, por eso los amantes del fuego se mueven con tranquilidad, siguen sus rutas establecidas, sabiondos de que nadie les impedirá cumplir con su cometido, con su gusto, ese que solo se dan una temporada al año, solo que en esta temporada el gusto ha sido mayor.

Huele a quemado y el enemigo número uno de los provoca incendios, o sea la lluvia, no llega en auxilio de la flora y la fauna, faltan algunos días para que la lluvia haga acto de presencia y para entonces… para entonces su llegada tal vez sea demasiado tarde.  Huele a quemado y solo queda esperar que en cuanto empiece la temporada de lluvias y con ella llegue a su fin la de incendios, las autoridades correspondientes lleven a cabo medidas de prevención de incendios, para que en los próximos años, podamos ver que la fauna recupera espacios que le servirán como hábitat; y para que podamos disfrutar viendo crecer los arbolitos que en un futuro  contribuirán, filtrando el agua, a la recuperación de los mantos freáticos y el agua no se convierta en un problema para el hombre. Huele a quemado y, ante esto, la ciudadanía muestra una vez más  su pasividad dando a entender que solo sabe ver pero no actuar exigiendo que se concientice a los provoca incendios para que no vuelvan a ocasionar incendios. Sí, una vez más, como en años anteriores huele a quemado para donde uno dirija sus pasos o su vehículo porque los amantes de todo destruir han actuado con libertad, sin estorbos. Huele a quemado porque aquí cercas arden los pastizales de los lotes baldíos. Huele a quemado y claro que sí, y aun cuando no con prontitud, hay quienes han acudido a apagar los incendios y sí, eso se agradece pero siempre lo mejor para el ser humano, para la fauna y por supuesto para la naturaleza, lo mejor será prevenir, evitar a toda costa que los provoca incendios actúen. Huele a quemado y la Beata no deja de ser agredida al igual que otros cerros de la región----. El 99 % de los incendios son provocados por el ser humano.

---Huele a quemado y es deseable que podamos pensar en que, así como los incendios han sido de intensos este año, así sea de intensa la labor de  las autoridades para prevenirlos para que nunca más volvamos a decir que: huele a quemado    


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