miércoles, 26 de abril de 2017

9019. ¡GUERRA!

Por Rafael Ceja Alfaro.
Docente, escritor y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

¿Para qué? El hombre nació para matar al hombre.

Las escrituras nos dicen que el primer asesino que registra la humanidad es o fue, Caín. A este pobre matón se le acusó y sin más se le condenó a una cadena verdaderamente perpetua, hasta el final de los siglos. Sin abogados defensores, ni derechos humanos, ni psiquiatras que hayan estudiado su estado mental que lo haya orillado a partirle la mandarina en gajos al  bonachón o mosca muerta de Abel. Don José Saramago tiene una buena novela al respecto.

Después de este primer acontecimiento en los anales del crimen, la Humanidad ya no se dio abasto para llevar la contabilidad de los hombres que matan al hombre. Los que han muerto por castigo divino han sido más, pero tampoco se tienen cifras exactas, por lo tanto nos muestran un número X y otro triplicado de desaparecidos. Por cierto, se dice que de todos estos castigados se muestran argumentos pero no pruebas contundentes y eso que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario.

Lo que ha podido hacer la Humanidad en cada caso de muertes masivas (no hablo de impuestos) del hombre por el hombre, es tratar de resaltar el nombre de los sanguinarios victimarios y calcular el genocidio, llegando a la conclusión de que fueron muchos. Un ejemplo, Hitler y seis millones de víctimas.

Regresando al inicio, a los primeros tiempos de la esta humanidad, nos han dicho que ha imperado la ley del más fuerte, la ley de la naturaleza, los reinos de la naturaleza. Las especies en su cadena alimenticia, para sobrevivir mata y come lo que le corresponde, ya sean carnívoros o herbívoros o solo coman mosquitos cuaracuacua. Nos decían en un curso de capacitación de ventas que en el África todos los días despierta un león buscando a la gacela que se va a comer, así mismo, una gacela se despierta buscando que comer y que no se la coma el león.

Pero el hombre no se come al hombre, solo lo mata, ¿Entonces para que lo mata? ¿Qué puede ser tan importante para que el hombre mate al hombre? Se habla de mentes desquiciadas, de locos, de desalmados, traduzco: sin alma ¿Si habrá seres sin alma, zoombies? También se argumenta desesperación, arranques de odio, de anhelos de venganza, hasta de homicidios imprudenciales, sin embargo no dejan de ser muertes. A Caín no le dieron el beneficio de la duda.

El hombre mata al producir alimentos que van minando la salud y provocando enfermedades como la obesidad, la diabetes y hasta cáncer. Pero también mata fabricando las medicinas que no curan ni un resfriado y se las venden al público en general y a políticos pródigos en programas sociales, medicinas que no son medicinas, no curan, son engaños como aquel lebrón que compró leche en polvo, el otro que suministro a su estado toda clase de supuestos medicamentos que no curan ni la menor duda.  Engaños para los enfermos, los pacientes, porque los involucrados, todos ellos se llevan sus buenas ganancias a cualquier costo político y de vidas, los resultados son nefastos.

El hombre mata con las adicciones, aunque estas ya son como dice mi compadre Napoleón, el globero de la Plaza, el gusto de cada terrón que las consume, pero la comercialización y distribución tiene como combustible vidas humanas.

El hombre mata a través del trabajo, desde los tiempos de la esclavitud abierta, declarada y criminal, hasta estos tiempos de esclavitud disfrazada e hipócrita. Al igual que en la primera esclavitud, tampoco hay servicios médicos, porque aunque haya instituciones dedicadas a este fin, nunca hay los servicios médicos, ni clínicos para atender las necesidades de los pacientes.

El hombre mata de hambre, la clásica frase de “La inequitativa distribución de la riqueza” sigue vigente y cada vez es más necesario que toda la familia trabaje para sobrevivir con comida, no con alimentos, pero sin formación escolar ni de ningún tipo, solamente la formación que proporciona la calle, la esquina, el barrio. Muchos protagónicos se lucen en defensa de los derechos de los niños, pero ¿Qué hacen por ellos? Evitan que trabajen porque son explotados, pero no se preocupan por saber cuáles son sus problemas sociales y económicos, que si el papá es un irresponsable, que la mamá no tiene tiempo, que lo que sea. Si esos niños no trabajan y no se les proporciona algún medio de mediana subsistencia, están obligados a pedir, tranzar, mendigar y luego robar o pasarse al medio donde algo les pagan, más que en las esquinas o en las limosnas. Todos queremos ser alguien, pero la formación, la educación parece también haber muerto.

El hombre también mata ilusiones, mata esperanzas, sueños, futuros personales y familiares, siendo sus armas la indolencia, el desprecio, la discriminación, la avaricia, chiles verdes, papas fritas y otras hierbas. Eso sí, y perdón por la expresión, la humanidad usa como condón la confesión, el golpe de pecho cada viernes o domingo, la limosna, los clubes de apoyo “a los más necesitados”, cadenas de oración y frases de compasión. Así no hay contagio, ni embarazo, ni compromiso.

Lo común, normal es que el de arriba pise al de abajo, este al de más abajo y secuencialmente, pero si el de abajo logra subir, regularmente sus complejos lo harán peor que al que lo pisó. La historia se repite en cada generación, al mismo tiempo que se pierden los desvalorizados valores, la identidad, la vergüenza, la razón de vivir, la forma propia de vivir y se van adoptando y adaptando nuevos valores que se transforman en antivalores, nuevas formas de vestir, de comer, de hablar, de maquillarse con tatuajes, con colores exóticos, con música que es bien permitido escucharla y gozarla toda, pero no cambiar lo que somos por quién sabe qué cosa es eso que pretendemos ser.

No estábamos bien cuando nos matábamos entre nosotros, ahora estamos peor al querer acabar con toda la población del mundo. ¿Habrá alguien que entienda y al razonar pare este final? De plano ¿Qué será mejor, una desaparición total y un nuevo resurgimiento, o solamente ponerle limón, yodo y sulfa a las heridas? Citando a Fedor Dostoievski (Más o menos): habitamos un mundo injusto, un mundo definido por el horror de la guerra, un mundo donde se derrama sangre del modo más alegre, como si fuese champán”, dije más o menos.

Es triste voltear y hacia atrás y ver que siempre el hombre ha sido el lobo del hombre, quiero creer que una vida mejor es posible y que aunque tengamos diferencias, todas pueden ser superables y no tener necesidad de llegar al extremo del exterminio.

Unas frases pensadores ilustres:

“El supremo arte de la guerra es doblegar al enemigo sin luchar” Sun Tzu.
“Cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren” Jean Paul Sartre.

“La guerra es el arte de destruir hombres, la política es el arte de engañarlos” Jean Le Rond D Álembert.

“Combatirse a sí mismo es la guerra más difícil; vencerse a sí mismo es la victoria más bella” Friedrich Von Logan.

Ultimadamente estos temas ni me gustan, pero como en las comidas corridas son la sopa del día y no hay de otra.

Recordando que el 26 de abril del 2017 es la presentación del Volumen II de mí libro “A lomo de Camello”, esto es una invitación, no hice invitaciones impresas, así que no las esperen y está es la última llamada porque ese día es HOY.

Por hoy aquí le paramos.

Rafael Ceja Alfaro.

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