viernes, 28 de abril de 2017

9029. COMER SANO, CASI IMPOSIBLE.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Comer sano, casi imposible.

Hay también otra cosa que se entiende bien, y es que la población trabajadora de Irlanda se muere de hambre, y que la clase propietaria, los terratenientes, se indignan y reclaman el auxilio de la policía cuando los trabajadores manifiestan esta pretensión absurda y revolucionaria: ¡comer! José María Eca de Queirós. (1845-1900). Escritor portugués.

Comer es tan necesario como respirar, y además es placentero y para muchos, un acto sagrado; algunos ascetas o fakires han logrado sobrevivir sin comer muchos años, entre ellos el Maestro Buda que era capaz de vivir sin comer semanas o meses; otros más lunáticos pretenden vivir con la energía que nos regala el Sol. Si se pudiera vivir sin comer, el mundo sería radicalmente diferente. La imposibilidad de vivir sin comer nos hace dependientes por naturaleza, sin mencionar las penosas consecuencias por el exceso en la comida.

La imposibilidad de comer por falta de recursos económicos, por las políticas de mercado y el control de los monopolios se refleja en el fenómeno la hambruna, millones de personas no pueden comer ni siquiera lo más indispensable para sobrevivir, y muchos millones más al comer ingieren, sin saberlo, agroquímicos que tienen consecuencias en su salud. Como dijo el hijo ilustre de Zamora, el Maestro Rius Frius, la panza es primero.

El proceso mismo de desecho de residuos orgánicos que caracteriza a hombres y animales, con todo y que es muy natural, tiene su lado desagradable; como sea  comer es uno de los placeres más trascendentes de la vida, pero sobre todo es una necesidad creciente que obligó a la industrialización, a la producción en serie, al uso indiscriminado de agroquímicos letales para la salud del hombre de animales y del entorno, especialmente del agua.

Uno de los agroquímicos más peligrosos y que más se comercializa libremente en el planeta es el glifosato, es el herbicida tóxico más usado del mundo del que se afirma con estudios bien sustentados, que es cancerígeno. Aquí mismo, en el agro del Valle de Zamora se comercializa y aplica por lo que la información que se comenta debería de ser un llamado a la reflexión.

La organización francesa Générations Futures realizó un estudio sobre la presencia de glifosato en la orina de 30 personas desde niños de 8 a personas de 60 años. Los resultados son escalofriantes, todas las personas analizadas portan en su organismo este potencial cancerígeno. Cierto, el número de personas que se sometieron a los estudios de laboratorio es muy reducido, pero los resultados no dejan de ser impactantes.

Las personas a las que se analizó viven en diferentes entornos, algunos viven en la ciudad, otros en el campo, la alimentación de las personas voluntarias que se sometieron al estudio también es variable; destaca el hecho de que personas vegetarianas también tienen en su organismo el peligroso tóxico que elabora la trasnacional de la muerte: Monsanto.

El análisis de la orina de los voluntarios es revelador. No sólo porque el 100% de las muestras analizadas contienen glifosato, sino porque el tóxico supera con mucho los límites permitidos que es de 0,075 ng/ml. El informe afirma que la concentración media encontrada ha sido de 1,25 ng/ml. El valor más bajo ha sido de 0,09 ng/ml y el más elevado de 2,89 ng/ml.

El estudio se realizó en España, pero igual aplica en nuestro México y en nuestro Valle de Zamora; el glifosto se utiliza en España y en todo el mundo, en donde las leyes las aprueban los diputados bajo la influencia de los agentes de los corporativos de la muerte; en la unión Europea la concentración máxima admitida para presencia de un plaguicida en el agua de beber (0,1 ng/ml); es absurdo de que establezcan índices permitidos en el agua, aunque sean muy bajos, pero el poder económico de las trasnacionales es inmenso.

A pesar de todo, en 2015 la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (organismo de la Organización Mundial de la Salud) clasificó el glifosato como “probable carcinógeno en humanos”, eso no impide que el tóxico se siga utilizando.

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