lunes, 1 de mayo de 2017

9041. LOS VIEJOS Y LOS NIÑOS... ¡UNA CARGA!

LA ECONOMÍA Y USTED

Por: Eliseo Castillo A.
Economista analítico.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

TE ESPERABA

A la vera del camino,
que con tus cansados pies normaste,
como cada mañana, hace años,
mis nunca cansadas manos te esperan,
esta ilusión de verte te llama;
mientras el alba me despierta,
y la alondra feliz canta,
recorro el camino que tus pies formaron,
fiel al recuerdo y el deseo no ingrato
más que espera, el amor reincide.
¡esta insensata vida es menos huraña
cuando me tienes seguro de tu regreso!

eliseo.

En ocasiones he de reconocer que tengo un enfermizo encanto al escuchar a las personas rebelarse ante la afirmación de que los viejos y los niños son una carga en los tiempos actuales de las relaciones de pareja; la polémica se levanta casi en automático pues nos da apena reconocer que en nuestros tiempos , escasea la idea de que a los mayores todo el respeto por su experiencia, y  a los niños todos los cuidados para que sean unos felices inconscientes...

No, hoy no es cierta esta afirmación de antaño, por el contrario, podemos afirmar con con acidez y nostalgia que las prisas económicas y precariedades en el empleo, hacen de las personas en edad de producir y ayuntarse (juntarse con alguien sensual y sexualmente) unos reacios desconfiados, que en ocasiones se ven empujados a actuar de manera egoísta, postergando la posibilidad de ser padres, y cuando es el caso, tratando de convencer a sus progenitores o abuelos para que se retiren a un asilo, o en todo caso, incluso llegando a abandonarlos en lugares que les resulten complicados para su retorno a su hogar.

Es tan cierta esta afirmación respecto a los viejos, que el congreso legislativo ha aprobado una ley en que se condena  a cárcel a quien abandone a un adulto mayor con pena de un mes hasta 4 años. Y quien abandone su obligación de cuidarlos, la pena va hasta 5 años de cárcel y 28 000 pesos de multa a quien los deje sin recursos, por ejemplo que les quiten su casita, les roben sus pequeños apoyos sociales, etcétera, (Milenio, dom.30 de abril, 2017, p.10)

¿Por qué nos ocupamos de estos temas?

Por lo mismo  que nos ocupamos de conseguir  sobrevivir cada día; por que a cada momento  tenemos y necesitamos una razón para seguir adelante; es la condición de la vida en sociedad y en lo individual.  Suena feo... lo es, los viejos y los niños son una carga cada vez menos fácil de llevar.

Mientras el niño cuenta a su favor con la frescura de la sonrisa y la promesa de un mañana, que cada quien asume como una ilusión, una emoción o una esperanza; las quejidos de los viejos son una molestia que no divierte, que  compromete, preocupa y molesta  en el presente y preludia problemas en el futuro. El viejo cada vez ofrece menos y necesita más; deja de ser el aportador financiero sobre el que descansan las necesidades de la familia. Los símbolos nos indican que esta persona ha dejado de controlar los destinos de la casa: una solución muy frecuente es despojarlo de ella; y, en ocasiones asignarle un rincón  donde sobrelleve el resto de sus días; o un asilo..., o lo que se está presentando mucho... despojarle del derecho de ser parte de la familia abandonándole a su suerte (por eso la legislación mencionada, aclarando que apenas ha sido turnada al senado desde la cámara de diputados).

El niño, siendo una carga resulta menos grosera por que la frescura de su sonrisa ofrece promesas de redención futuras... mi hijo verá por mí el día de mañana que yo sea vieja (o)... ¡ay, son tan bonitos los niños, en cambio los viejos huelen a... a viejo, a muerte..., y son viejos..., ya no sirven  mas que para estorbar!

Esta visión degradante tiene al menos tres décadas que se ha agudizado con la instalación del modelo neoliberal que ha fomentado el estancamiento de la economía y los salarios por consecuencia; hoy las familias  se ven en problemas para salir adelante con sus devaluados salarios que fomentan el sentimiento del egoísmo como forma de vida en pareja: casados… pero sin hijos...; casados, y si podemos, les quitamos la casa a los padres o abuelos. 

Esto no es un chiste surrealista, es una realidad que ha llevado a las autoridades a buscar algunas soluciones parciales mediante la legislación para amedrentar a los hijos , nietos y otros parientes que, al parecer cada vez se ensañan más con  los ancianos; por cierto cada vez más indefensos. 

Puede o no gustarnos ver lo que sucede hoy, pero está pasando, se está repitiendo de manera frecuente; y las prisas económicas, al parecer son un disparador de esta situación. No hay duda, los empleos son cada vez menos estables, los niveles de ingreso de los mismos no mejora, por el  contrario ha empeorado desde 1982 a la fecha; para muestra un dato; con un salario mínimo de 1980 usted podía comprar de 25 a 27 kilos de tortillas; hoy puede comprar unos 7 kilos...así de simple; es decir que hoy con la misma jornada de trabajo apenas se puede comprar el 28 o el 30% de lo que se compraba en 1980. 

Si esta tendencia degenerativa sigue, no vemos forma de que mejoren las condiciones de trato de los ancianos y los niños.

Cuando se le pregunta a las nuevas parejas por la posibilidad de tener hijos de inmediato, regularmente, si no fueron cazados, así con Z, por un embarazo, regularmente no se sienten muy motivados para tener hijos en el corto plazo... ¡primero hay que resolver los problemas económicos! 

La época en que se festejaba las familias numerosas ha quedado en el olvido, hoy los viejos son una carga que cuando sonríen y hablan no despiertan aquel respeto y ternura de antaño; las sonrisas de los niños ya no son tan suficientes para festejar su llegada; hoy el mercado ha encarecido su llegada y sostenimiento.

Por último no olvidemos que entre los chistes sangrones que se acostumbran al respecto esta el que sentencia que los viejos solamente ofrecen chistes repetidos mil veces que terminan por enfadar, y flatulencias inapropiadas que a todos molestan. Mientras que los niños son una carga que se justifica con la esperanza del futuro... para que el día de mañana vea por los padres; y además, nos guste o no, las flatulencias de los niños son un motivo de risa y ocurrencia; las de los viejos son una molestia.


Le abrazo con cariño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: