jueves, 4 de mayo de 2017

9049. BATALLAS INTERIORES: DE LOS GENES A LOS CAMPOS DE ENERGÍA.

Reporte Z.

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Batallas interiores: de los genes a los campos de energía.


Paz no es solo una meta distante que buscamos, sino un medio por el cual llegamos a esa meta. Martin Luther King (1929-1968).

Es verdad que los genes son importantes pero se ha sobrevalorado su función. La ciencia del nuevo siglo está diseñada sobre la física cuántica, el universo es energía en múltiples formas, que van de la forma de energía más densa, como los diamantes, a la forma de energía  más sutil, que es el haz de luz llamado el bosón de Higgs descubierto con el Gran Colisionador de Hadrones, GCH (en inglés Large Hadron Collider, LHC), un acelerador y colisionador de partículas ubicado en la Organización Europea para la Investigación, cerca de Ginebra, en la frontera franco-suiza. Fue diseñado para colisionar partículas subatómicas, dos haces de protones acelerados en sentidos opuestos hasta alcanzar el 99,99 % de la velocidad de la luz, al chocar entre sí produciendo altísima energía a escala subatómica que permitirían simular algunos eventos ocurridos inmediatamente después del Big Bang.

La polémica desatada por el descubrimiento del bosón de Higgs apenas comenzó así que el asunto  va  para largo; como dijo sabiamente el gran psicólogo suizo Carl Gustav Jung, las  conclusiones de la ciencia se han dicho desde hace miles de años y de la forma más bella o si a través de la religión y de la poesía.

Para los  fines de nuestra reflexión se trata de establecer como punto de partida un enfoque de energías que adquieren sentido en el libre albedrío;  es la voluntad del hombre, el desarrollo del nivel de su conciencia el factor determinante, no la carga genética. 

En la columna pasada comenté que  el proyecto programación para  la guerra que  llamaré homo bellum,  se comenzó a imponer en los medios académicos y científicos desde que Edward Wilson  afirmó que la guerra está sustentada en la naturaleza humana, afirmación que le ganó  las simpatías y apoyos de la mafia Illuminati; tales ideólogos  gozan de fama y reconocimiento  internacional,  basta saber que la Universidad de Harvard le dio trabajo y que es miembro de la Royal Society.

Rebasa los límites de nuestra reflexión recorrer el largo camino de la ideología guerrera, alimentada desde sus orígenes por la religión, el Estado o los señores feudales y por los militares; sacerdotes,  militares y gobernantes están  muy de acuerdo con las afirmaciones del buen Eduardo Wilson, creyente  aferrado de la teoría evolucionista  que tan bien fue recibida  por los Señores de la guerra.

Dos investigadores, Douglas Fry y Patrik Sodeberg en la más reciente edición de Science cuestionan la ideología del homo bellum, y afirman que el hombre es por naturaleza pacífico; que el hombre utiliza  la violencia y se convierte en asesino se sabe desde antiguo, la historia bíblica de Caín y Abel  así lo confirma, pero la guerra es un paradigma impuesto desde siempre  por quienes se benefician de ella.

La paz o la guerra no está en nuestros genes, está en nuestro corazón, en las intenciones y las decisiones que tomamos libremente; los soldados que marchan al combate lo hacen bajo el impulso del hambre, de la necesidad, pero al tomar las armas se autodenigran y entregan su voluntad a  seres  perversos.

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