viernes, 12 de mayo de 2017

9095. INDIGNADOS GUERREROS.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Indignados guerreros.

No puedes separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz, a no ser que tenga su libertad. Malcom X (1925-1965). Religioso y activista estadounidense.

El informe anual del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS por sus siglas en inglés) con sede en Londres colocó a México en el segundo lugar mundial de violencia armada en 2016, sólo detrás de Siria. El gobierno reaccionó negando el informe, negando que se tratar de una guerra,  igual que Felipe Calderón que inició la guerra contra el narco y después rechazó el término “guerra”, más allá de la terminología Calderón aplicó la violencia y Peña le dio continuidad.

El monero Hernández de La Jornada, tituló “Reconocimiento” a su cartón en donde dibujó a los dos responsables directos de la espiral de violencia en que han metido a nuestro país, Calderón y Peña Nieto.

Después de ver la frialdad con la que un soldado asesina de un tiro en la cabeza a un presunto “huachicolero”, se entiende que México sea uno de los países en donde “matar no cusa asombro”; puede haber diferencia en el número de muertos, pero la realidad es que los que tienen la autoridad y el poder no han querido cambiar un sistema basado en la corrupción y la impunidad.

Los huchicoleros ultimados en Puebla son solo los peones, trabajadores que laboran por un salario, los que se quedan con las tajadas grandes del botín no se ensucian las manos, no corren peligro, no exponen su vida, reciben el fruto podrido del botín manchado de sangre, ellos jamás son tocados por la justicia, viven en el paraíso de la impunidad.

¿Y qué decir de los soldados caídos? Ellos también son mexicanos, también son víctimas de una guerra en la que enfrentan a sus hermanos. Las guerras son despreciables porque se matan hermanos, peor aún si los hermanos que se enfrentan son del mismo país, de la misma comunidad, de la misma familia.

Los que ayer se vistieron con uniforme militar y hoy siguen lanzando a sus hermanos a una guerra suicida, sembraron odio y muerte y lo que cosechamos y cosecharemos no puede ser sino el fruto de la semilla del rencor.

De aquí en adelante los candidatos hacen y harán promesas, pero ninguno se comprometerá con la paz. El pueblo que sufre las consecuencias de una guerra atroz, soporta el peso de la ignorancia de la miseria y de la violencia, ¿Cómo podrá reaccionar sumido en la oscura caverna en que lo han metido los poderosos de este país?

Ahora mismo se gastan miles de millones de pesos en otra guerra, la electoral, una guerra en la que los contendientes recurren a la violencia verbal, muy a tono con la violencia física que se ha impuesto a los mexicanos desde las más altas esferas del poder porque así conviene a sus intereses.

Con más víctimas mortales que Irak, Agfanistán y Yemen, México se debate en la crisis humana más grave de los últimos 100 años, el pueblo solo tiene un recurso para cambiar la situación, buscar la unidad y organizarse para sobrevivir al ataque más despiadado de los violentos, de los que por dinero y poder están dispuestos a todo. El pueblo unido jamás será vencido.

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