martes, 16 de mayo de 2017

9107. LA HISTORIA DE LUIS.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista, periodista y escritor.
Desde Michoacán. México. Para
Tenepal de CACCINI

SEGUNDA PARTE

Debo decir que Luis no se pensionó, no se jubiló porque, en ese entonces, era mejor no atenderse en el ISSSTE, dice él que hubiera muerto, puede ser que tenga razón, tal vez siguió aquello que del ISSSTE se -decía- Inútil solicitar servicio, solo tramitamos entierros-.

Bueno, vamos a continuar con lo narrado por Luis y que agradezco haya confiado en mí para su publicación, él es como un hermano para toda la familia, ha sido un ejemplo para todos, ahora como dice “hice lo posible por cambiar mi fuerte carácter, por seguir las enseñanzas de mis papás y tratar de ser un mejor hermano y un buen amigo”.

“Pasaban de las 11 de la mañana cuando desperté, nada me dolía, me sentía como si nada hubiera pasado, poco más de 3 horas estuve dormido, no escuchaba ruidos ni nada hubo que me despertara, y fue entonces cuando reaccioné sobre lo sucedido, lamenté no haberle enviado decir a mi hermana Hilda que me sentía mal, luego consideré que fue lo mejor pues hubiera alarmado a Rosita.

Muy bien que me sentía y pensé que a lo mejor lo que me pasaba era debilidad aunque siempre comía bien, hacía mucho ejercicio y caminaba mucho, ya no jugaba lo que tanto me gustaba y en lo que había estado en la selección de la UNAM, en el basquetbol, para haber triunfado en ese deporte me hicieron falta 20 centímetros más de estatura. Bueno, me bajé del carro, caminé un poco para ver si me pasaba algo, nada, todo bien, luego dirigí mis pasos hacia un mercado sobre ruedas y ahí compré un durazno y una manzana que de inmediato me los comí.

Todo lo que hasta ese entonces me pasó a nadie se lo conté, a nadie quise alarmar sobre todo lo de la Calzada de Tlalpan. Nadie sabe lo que me pasó ni el riesgo que Rosita y yo pasamos y nunca he comprendido cómo logré orillarme en la Calzada de Tlalpan, con trabajos veía y no podía manejar y sentía que me desvanecía, tal vez algo uno trae que aflora en los momentos difíciles, algo ha de ser que me ayudó en ese terrible momento.

Después de comer me subí al carro, con precaución y manejando despacio  me fui a la UNAM, llegué y ya estaban preocupados, nada sabían de mí, el director que hacía un mes, cuando cumplió un año como tal, organizó una fiesta y ahí dijo que se había sacado la lotería, ¿cuánto le preguntaron? No -dijo- me saqué la lotería al contratar a Luis como Secretario Administrativo, bueno él estaba muy preocupado, no recuerdo qué excusa di y me fui a la oficina a sacar los pendientes, claro que no me podía concentrar.

Cosas buenas y malas que no he comprendido ni entendido me han pasado como cuando entré a trabajar a Auditoría Interna del Patronato Universitario en la UNAM, era un lunes y me mandaron al departamento de Deudores por Sueldo|, ahí estaba un amigo compañero de la secundaria y la preparatoria en Zamora, con él me mandaron a trabajar. Íbamos a la dirección General de Personal y pasamos por el auditoria de la Facultad de Filosofía y Letras, ahí ensayaba la OFUNAM, entramos, luego nos fuimos a “trabajar”, media hora después pues que nos tocaba ir a desayunar, total que de trabajo efectivo debió no pasar de una hora, el departamento estaba sumamente atrasado, y cómo no. Así fue el martes y el miércoles y el jueves al llegar a firmar de entrada, el sub Auditor me dice que el Auditor, el C.P. Domínguez quiere hablar conmigo,  entré a la oficina,  no lo conocía, en los tres días jamás llegué a verlo, estaba temeroso, consideré que me darían de baja , de ser así, Zamora era mi destino, entonces me dijo” la UNAM será sede del Séptimo Congreso Internacional de Medicina… y me han nombrado tesorero, pero comprenderá no puedo estar aquí y allá y por eso he decidido que usted funja como tal, su lugar de trabajo será el hotel… que es la sede administrativa, el lunes me dice que personal requiere así como equipo y más, en media hora lo espera el director del Centro Médico que ha sido designado presidente del Congreso.

Cursaba el segundo mes del primer semestre y absolutamente nada sabía de contabilidad, salí de ahí y mi amiga Silvia, quien me había recomendado para entrar a trabajar, estaba preocupada, le expliqué y se sorprendió de que a mi, me hubiera asignado un trabajo como ese, ella, viernes, sábado y domingo me enseñó lo que consideró debía saber. Al final me felicitaron. Siempre me hago la pregunta del porqué a mí, no me conocían, la mayoría de los que trabajaban ahí eran titulados con experiencia, regresé a Auditoría y a los tres días me nombran Jefe del Departamento y mi vida cambió, los ascensos se fueron dando.

Ahora, a los 33 años me pasa algo que no he logrado entender: ¿cómo hice para orillarme en la Calzada de Tlalpan?, son cosas que no logro explicarme, pero me pasaron. 

Continuará. 

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