jueves, 18 de mayo de 2017

9116. CARICATURA.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Caricatura.
¡Alto al asesinato de periodistas!... claro que sí: ¡alto! Supone uno que este clamor incluye el asesinato de mujeres, niños, sastres, choferes de taxi, soldados, policías, padres de familia, estudiantes, campesinos, líderes sociales, defensores de los derechos humanos, sacerdotes, obreros, migrantes, chefs de cocina, taqueros… vamos entendiéndonos: se solicita alto al asesinato, punto.

Vale (por supuesto), que un gremio levante la voz por sus compañeros de oficio asesinados, faltaba más, pero no es más grave la muerte de uno que de otro, de un reportero, que del señor del carrito de las paletas heladas.

En la historia se ha hecho universalmente solo una distinción entre fiambres: los magnicidios, por sus consecuencias políticas e impacto en la estabilidad de las naciones, digo, que ni quien se acordara del asesinato de Francisco Fernando y su esposa Sofía, el 28 de junio de 1914, pero Pancho era el archiduque heredero del Imperio Austrohúngaro, su muerte provocó un liazo que duró cuatro años y costó más de 20 millones de vidas (la Primera Guerra Mundial, a su vez, causante indirecta -hay quien opina que directa-, de la Segunda, que arrojó otros 61 millones de muertos), no… no es lo mismo aunque, claro, como víctimas, valen igual don Pancho y su señora, que Tencha y su Juan: igualito, pero… no es lo mismo.

De cualquier manera, como la cosa pasa de castaño oscuro, ayer se reunieron los gobernadores del país con el Presidente de la república en la Cd. Mancera, en un sencillo pero sentido acto cuyo rótulo fue: “Acciones por la libertad de expresión y para la protección de periodistas y defensores de los derechos humanos”, que incluyó su reglamentario ‘minuto de silencio’, sí señor; nada más que si del corazón les saliera, tendrían que estarse 139 días paraditos y callados (170 mil muertos, más 30 mil desaparecidos, son 200 mil minutos de silencio; 3,333 horas, 139 días… ¿y si de plano ya se echan mudos lo que queda de sexenio?). 

Chulada de gente. Nuestros políticos, sabido es, son igual de buenos para un barrido que para un fregado. En el acto estaban todos cariacontecidos (hasta parecía que hubieran llorado). Tienen cara para inauguraciones, entrevistas, foto de portada de revista, mitin, quince años, 10 de mayo, posadas y funerales; ayer tocó esa y se la pusieron todos.

También tienen discurso para lo que se ofrezca; en casos como el de ayer se usa el formulario SSSH-1 (Sencillo-Sincero-Sentido-Homenaje); el 1, es para medios de comunicación nacionales, sin deudos presentes; el 2, con viudas; el 3, con mamás y parentela de fallecidos; el 4, con prensa extranjera; tienen 43 formatos nomás para asesinatos, desapariciones y conexos.

Los formularios los rellenan (tecleando y mascando chicle), los ayudantes del funcionario que ventilará la laringe frente al micrófono. El de ayer, tiene espacios en blanco entre ‘nos sumamos y nos solidarizamos’ (se agrega el motivo), ‘lamentables hechos’… ‘reafirmamos’… ‘compromiso para’… ‘hacer frente’… ‘voluntad indeclinable’… ‘todo el peso de la ley’… ‘fiscalía especial’… ‘coordinación transversal’… ‘firmeza y determinación’. No falla, sirve para todo y con tantita práctica hasta la voz sale seria.

Total, si así es el arte de gobernar: llega uno, se sienta y le toman una foto junto a la bandera, le pasan papeles a firma (¡no los firma!), inaugura obras (las veces que haga falta), recibe visitas, asiste a eventos (a modo), hace giras cuidando vestir como toque (de rescatista, ingeniero, médico, charro, deportista, y de saco y corbata para El Grito); luego, no hay remedio, se entrega el cargo y ya. Listo.

En el evento de ayer el Jefe de Gobierno de la capital del país, el grato señor Mancera, que aspira a ser Presidente de México, aprovechó la ocasión (no hay político que desaproveche una), y dijo: ‘Que nadie se equivoque, estos lamentables hechos no callarán las voces ni las notas que demuestran dónde está el mayor desafío que tenemos, el combate a la delincuencia’… ¿Qué nadie se equivoque?, si ni les dirigimos la palabra. Que no se equivoque él y deje ya la necedad de que en la CdMancera no hay delincuencia organizada. Que nadie se equivoque… oportunista.

El oficio de periodista es peligroso para los valientes que cubren notas de guerra,  asuntos de la delincuencia organizada y también para los que encueran políticos (porque hay algunos de modos muy feos). Por esa razón se han organizado desde principios del siglo pasado: en 1926, se fundó en París, la Federación Internacional de Periodistas,  la principal del mundo que hoy tiene su sede en Bruselas y otras, entre las más importantes, Reporteros Sin Fronteras, también francesa (‘Reporters sans frontières’, RSF), y el Comité para la Protección de los Periodistas, de Nueva York (‘Committe to Protect Journalists’, CPJ).

Bueno, pues según varios medios de comunicación, estas dos últimas (la RSF y el CPJ), dijeron ayer que el Presidente debe ‘dar la cara por el asesinato de periodistas’.

Dar la cara es responder por los propios actos y afrontar las consecuencias… y no, no es por ahí. A Peña Nieto y a su gobierno, encima de todo lo no poco que sí tienen que afrontar, no se les puede inventar semejante cosa.

Con todo el respeto que merezcan esas organizaciones y lo noble que es su labor, con la poca simpatía que se puede tener por Peña Nieto, se les recomienda que antes de apuntar con su dedito, se informen bien: en México, el gobierno como aparato del Estado, no manda matar periodistas, aunque tenga encima, completa, la responsabilidad por la falta de procuración e impartición de justicia.

Si van a andar de claridosos los bien intencionados de la RSF y la CPJ, que también le rasquen por el lado de enfrente y se enteren de cómo funciona la prensa en este país. Se van a llevar una sorpresa.

Y claro que puede haber, sin duda hay, políticos que ordenan golpizas a domicilio y hasta asesinatos, pero no el aparato de Estado. Es muy serio lo de los periodistas, pero dramatizar de más acaba en caricatura.

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