lunes, 22 de mayo de 2017

9134. ENCÍCLICA LAUDATO SÍ’.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista, periodista y escritor.
Desde Michoacán. México. Para
Tenepal de CACCINI

SEGUNDA PARTE.

El diálogo que el Papa Francisco propone como método para afrontar y resolver los problemas ambientales, se practica dentro del texto mismo de la Encíclica, que retoma las aportaciones de filósofos y teólogos no sólo católicos, sino también ortodoxos -el citado Patriarca Bartolomé- y protestantes -el francés Paul Ricoeur-, además del místico musulmán Ali Al-Khawas. Sucede lo mismo en la clave de colegialidad que el Papa Francisco propone a la Iglesia desde el inicio de su propio ministerio: junto a las referencias al magisterio de sus predecesores y de otros documentos vaticanos -en particular del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz-, refiere numerosas declaraciones de Conferencias episcopales de todos los continentes.

En el centro del recorrido de la Laudato si’ encontramos este interrogante: ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo? El Papa Francisco prosigue: Esta pregunta no afecta sólo al ambiente de manera aislada, porque no se puede plantear la cuestión de modo fragmentario, sino que nos lleva a interrogarnos sobre el sentido de la existencia y los valores que fundamentan la vida social: ¿Para qué pasamos por este mundo? ¿Para qué vinimos a esta vida? ¿Para qué trabajamos y luchamos? ¿Para qué nos necesita esta tierra? Si no nos planteamos estas preguntas de fondo –dice el Pontífice– no creo que nuestras preocupaciones ecológicas obtengan efectos importantes.

Está claro que después de la Laudato si’. El examen de conciencia -instrumento que la Iglesia ha recomendado siempre para orientar la propia vida a la luz de la relación con el Señor- deberá incluir una nueva dimensión que considere no sólo cómo se ha vivido la comunión con Dios, con los otros y con uno mismo, sino también con todas las creaturas y la naturaleza.

La atención de los medios hacia la Encíclica antes de su publicación se concentró en particular sobre los aspectos ligados a las políticas ambientales de la agenda global que en el 2015 estaban en discusión.

Ciertamente la Laudato si’ podrá y deberá tener un impacto sobre las importantes y urgentes decisiones que se deben tomar en este campo. Sin embargo, no debe pasar a segundo plano la naturaleza magisterial, pastoral y espiritual del documento, cuyas dimensiones, amplitud y profundidad no deben reducirse al ámbito de la definición de políticas ambientales.

Laudato si’, mi Signore -Alabado seas, mi Señor-, cantaba San Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierva. Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. San Francisco, afirma el Pontífice, nos propone reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad: A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al autor.

En primer lugar, dice el Papa, haré un breve recorrido por distintos aspectos de la actual crisis ecológica, con el fin de asumir los mejores frutos de la investigación científica actualmente disponible, dejarnos interpelar por ella en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual como se indica a continuación. A partir de esa mirada, retomaré algunas razones que se desprenden de la tradición judío-cristiana, a fin de procurar una mayor coherencia en nuestro compromiso con el ambiente. Luego intentaré llegar a las raíces de la actual situación, de manera que no miremos sólo los síntomas sino también las causas más profundas.

Luego destaca el papel del ser humano como decisivo en este proceso y cuáles han sido las consecuencias del antropocentrismo moderno:

Así podremos proponer una ecología que, entre sus distintas dimensiones, incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea. A la luz de esa reflexión quisiera avanzar en algunas líneas amplias de diálogo y de acción que involucren tanto a cada uno de nosotros como a la política internacional. Finalmente, puesto que estoy convencido de que todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo, propondré algunas líneas de maduración humana inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual cristiana.

Concluye señalando cómo debe ser una ecología integral que nos plantee reorientar el rumbo para lograr un cambio:

Muchas cosas tienen que reorientar su rumbo, pero ante todo la humanidad necesita cambiar. Hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos. Esta conciencia básica permitiría el desarrollo de nuevas convicciones, actitudes y formas de vida. Se destaca así un gran desafío cultural, espiritual y educativo que supondrá largos procesos de regeneración.

Estimados lectores, vamos a conocer de esa Encíclica que, desde un particular punto de vista, es un documento al que le ha faltado difusión, al menos aquí en México, pero que es importante por lo que el Papa menciona, pero también lo es porque no es común que un personaje del nivel político y católico del mundo se refiera a nuestra Madre, a la casa que es de todos. Considero que al Papa le ha faltado reunir a los jerarcas de la iglesia católica y que se asuman compromisos que lleven a conocer en cada país dicha Encíclica, pero también a que se lleven a cabo acciones que favorezcan nuestra casa. Hace unos días, entregué en las oficinas del Obispado de Zamora, una solicitud al Sr. Obispo Javier Navarro Rodríguez, a fin de que enviara una circular a los sacerdotes con el fin de que, por lo menos una vez al mes, en la misa dominical, en la homilía, hablen a los feligreses de temas como la basura, el agua… a la fecha no ha habido respuesta, y considero que si al Papa Francisco le interesa el cuidado de nuestra casa, los ministros -sacerdotes- sin importar su cargo, debieran tener en cuenta dicho tema, por lo menos conocer la Encíclica Laudato Sí.


CONTINUARÁ.

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