miércoles, 24 de mayo de 2017

9145. RV: CURSO DE SOCIOLOGÍA DE LAS CIVILIZACIONES, y ESTAMPAS DE UN VIAJE A LA CIÉNEGA MICHOACANA.

Por: Héctor Ceballos Garibay.
Licenciado, escritor y maestro.
Desde Uruapan, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

RV: CURSO DE SOCIOLOGÍA DE LAS CIVILIZACIONES.
Por Héctor Ceballos Garibay.
Hoy, 09:34 a.m.
A MANERA DE SALUDO

Queridos alumnos:

Durante las próximas clases tendremos el deleite de visitar, a través de imágenes y datos históricos, una de las ciudades que, debido a la calidad de sus museos, iglesias y palacios, sin duda es una de las más interesantes y bellas de Europa. Me refiero a San Petersburgo (la antigua Petrogrado y Leningrado), antigua capital del imperio ruso. Antes de entrar en este ámbito palaciego, tan cargado de historia, visitaremos otras ciudades importantes que merecen una revisión aunque sea a vuelo de pájaro. Y también les hablaré en clase de Pedro el Grande y Antón Chéjov, cuyos cuentos no sólo son deliciosos sino que también emanan honda sabiduría.

Les paso, en archivo adjunto, una breve crónica que escribí en torno al reciente viaje que hice a Jiquilpan, donde impartí una conferencia en la Universidad de La Ciénega. Asimismo les comparto la liga de una entrevista que, luego de la charla, sostuve con los alumnos de la carrera de audiovisuales en la biblioteca de dicha institución.

Un abrazo afectuoso.

Héctor Ceballos Garibay

ESTAMPAS DE UN VIAJE A LA CIÉNEGA MICHOACANA.
Por: Héctor Ceballos Garibay.
El jueves salí precipitadamente de Uruapan hacia Jiquilpan, por la nueva carretera que atraviesa parte de la sierra purépecha (desde los alrededores de Zacán es posible vislumbrar el espectáculo visual del Paricutín) y que, pasando por Los Reyes, se enfila hacia el occidente del estado. Estaba fatigado pues al mediodía de ese  jueves impartí mi clase de arte y más tarde los alumnos me habían agasajado con una comida por el Día del Maestro. Eran las seis de la tarde cuando llegué a mi casa a recoger la maleta. Preparé un café para el camino, ingerí una aspirina y enfilé hacia la tierra donde nació Lázaro Cárdenas.

Fue en 1998 cuando conocí este pintoresco lugar, distinguido recientemente como “pueblo mágico”, pues en aquel entonces escribía un libro sobre Francisco J. Múgica y tuve que consultar el archivo que se encuentra en esta ciudad, un acervo bibliográfico integrado al Centro de Estudios de la Revolución Mexicana (CERMLC) y el cual, gracias a un comodato, ahora forma parte de la Unidad Académica de Estudios Regionales de la UNAM (UAER). En esta ocasión el objetivo de la visita era dictar una conferencia y presentar mi libro El saber artístico (2000) en la Universidad de la Ciénega (que de manera loable conjunta estudios científicos, tecnológicos y humanísticos), invitado por el profesor Roberto Escobar, talentoso pintor nacido en Uruapan. Y la diferencia entre ambas estadías aún me sorprende: en la primera, me limité a investigar datos históricos y no hubo nada digno de recordación; en esta segunda vez, por el contrario, la visita resultó agradable como paseo y provechosa en tanto que experiencia académica y cultural.

Llegué a mi destino cerca de las nueve de la noche y ya me esperaba Roberto en el hotel Palmira, pintoresca casona ubicada en el centro de la ciudad. Me registré y de inmediato salimos a cenar. Durante el trayecto hacia el restaurante italiano, recorrimos a pie la Plaza Zaragoza y el Jardín Colón disfrutando del ambiente pueblerino que lucía en ese momento su mejor cara: la convivencia plácida de las familias, el zapateo acompasado del grupo de danza folclórica de la universidad, los turistas que alegremente deambulaban por los lugares emblemáticos (la fuente de La Aguadora, la estatua del trompetista Rafael Méndez Arceo, el kiosko de estilo Art Noveau, etc.) y la algarabía de los lugareños que saturaban las mesas al aire libre de las cenadurías ubicadas en las calles peatonales. Hacía calor, no obstante el ligero viento que mecía las ramas de las jacarandas, los laureles, las palmas y las Lluvias de Oro. Esta rica variedad de flores le confiere colorido a una ciudad ubicada en una zona cada día más árida, misma que antes del avance de la mancha urbana estaba bendecida por los humedales de Chapala.

Roberto pasaría por mí al hotel a las 11:20 de la mañana a fin de trasladarnos en coche hacia la Universidad, situada a unos 15 minutos del centro. Antes de la cita,  quise aprovechar turísticamente la mañana de ese viernes y por ello me levanté temprano y recorrí caminando los sitios célebres del lugar. Comencé por la parroquia de San Francisco, cuyo atrio abierto conforma la tercera plaza de Jiquilpan. Enseguida me dirigí a la Biblioteca Gabino Ortiz, la cual posee dos creaciones artísticas de interés nacional. Por un lado, está el sobresaliente trabajo del escultor Guillermo Ruiz, quien en 1941 grabó unos casetones de bronce en la puerta de entrada al recinto; ahí retrata con maestría a varios próceres del pensamiento humanista latinoamericano. Por el otro, se encuentra el enigmático mural de Orozco, intitulado Alegoría de México (las imágenes monocromáticas de las paredes laterales, en estilo expresionista, quizá sean más valiosas que el fresco principal). Ya de regreso al hotel, alcancé a echarle un ojo al mural de un discípulo de Diego Rivera, Ricardo Cueva del Río, quien pintó con gran decoro y siguiendo las pautas de la Escuela Mexicana de Pintura una exaltación al trabajo y a la educación en el Centro Escolar Francisco I. Madero. Al salir de la escuela primaria medité sobre la distancia enorme que hay entre ese espíritu de amor al conocimiento de aquellos años treinta y cuarenta del siglo pasado y la decadencia que padece actualmente la educación en nuestro país.

Roberto llegó puntual a la hora convenida. El campus está en un promontorio casi desértico desde donde se contempla una vista privilegiada de la ciudad. Los recintos son amplios, bien equipados y limpios. Los alumnos y colegas, una vez comenzada mi intervención –a las 12:30 del mediodía-, mostraron interés en el tema que les expuse: las maneras provechosas de usar la literatura como una forma valiosísima de conocer la sociedad y el alma humana. Hubo preguntas interesantes del público. Al terminar la sesión, firmé libros y los alumnos de audiovisuales me entrevistaron para un programa cultural de la universidad.

Por la tarde, luego de una copiosa comida y una siesta reparadora, visité el Museo Feliciano Béjar (1920-2007), jiquilpense distinguido, artista plástico autodidacta y de altos vuelos, inventor de los famosos Magiscopios (esculturas con cristales de plomo) y hacedor de algunas pinturas notables. Asimismo fue un luchador social y uno de los pioneros del ecologismo en México. Esta casona familiar, donde él nació y vivieron sus padres (comerciantes industriosos que atesoraron esta colección de muebles y artesanías), tiene hoy la noble función de servir no sólo como exhibición de obras capitales del artista, sino también como un muestrario de diversos objetos de gran calidad (pianos antiguos, colección de títeres, vajillas de porcelana, esculturas sacras), amén de ser un activo centro cultural. A manera de colofón del día emprendí una visita veloz al acogedor espacio académico de la UAER, donde se conjugan la biblioteca, el archivo histórico de Múgica, el centro de investigación regional y el Museo de homenaje al general Cárdenas, una sala amplia que contiene una museografía bien ordenada por décadas, sustentada en fotos y textos biográficos, y a la que se le suma una pequeña pero importante colección arqueológica, donada por oriundos de la región.

Por la noche, Roberto me invitó a cenar a la casa de unos colegas, profesores de la universidad. El tema que concitaba la atención, por desgracia, fue la quema de autos en Sahuayo, esa misma tarde. Al compañero bibliotecario le tocó la mala experiencia de presenciar un coche en llamas, cuando acompañado de su pequeño hijo regresaba de esa vecina ciudad a su hogar de Jiquilpan. El sábado por la mañana, preocupado por los narco-bloqueos que se habían extendido a Tierra Caliente, decidí retornar a Uruapan vía Zamora, pero en lugar de seguir hasta Carapan corté camino tomando la angosta carretera que pasa por los pueblos alfareros (Ocumicho, Cocucho, Nurio, Pomacuarán), una ruta que cuenta con una magnífica panorámica de la sierra purépecha. Desdichadamente, el camino se encuentra en pésimo estado y las vistas en torno mío se enrarecían con una nata densa y turbia producto de los incendios forestales y las quemas de barbecho. A los baches había que sumarle los continuos basureros a la intemperie. Y estos poblados, cuyas capillas conservan magníficos artesones policromados que relatan escenas bíblicas, están sumidos no sólo en su ancestral pobreza sino que también padecen ahora esta neblina mortífera originada por la incuria humana. Al llegar a Uruapan, decidí que nada ni nadie, por funesto que fuera el suceso, empañaría las estampas gratificantes vividas en La Ciénaga.

21 de mayo de 2917, Sés Jarháni, Uruapan, Michoacán.

EL CRISOL DE LAS CULTURAS Y LOS TESOROS ARTÍSTICOS DE RUSIA
(Séptima de varias partes: la fabulosa provincia rusa)

 

 1-  PEDRO, EL GRANDE.
2-  NOVOGOROD Y LA CATEDRAL DE SANTA SOFÍA 
3-  CIUDADES ESPECTUACULARES: ROSTOV, DEL DON, KALINIGRADO, IRKUTSK 
4-  LA BELLEZA INTEMPORAL DE SAN PETERSBURBO (Primera parte) 
5-  ANTÓN CHÉJOV, HOMBRE EJEMPLAR Y GENIAL ESCRITOR.

Martes 23 de mayo, de 8: 00 a 9: 45 de la noche, Salón Ejecutivos del Hotel Pie de la Sierra.

Jueves 25 de mayo, de 12: 00 del mediodía a 2: 00 de la tarde, Auditorium, Av. Latinoamericana.

Resultado de imagen para pedro el grande.


El río Nevá  fluye a través de gran parte del centro de la ciudad. Izquierda - la cúpula de la isla Vasilievski. Centro - río Nevá, Fortaleza de San Pedro y San Pablo y el Puente de la Trinidad. A la derecha - Embarcadero del Palacio con el Palacio de Invierno.


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