viernes, 2 de junio de 2017

9189. 50 AÑOS DE LA DIVINA PROVIDENCIA.

Reporte Z.

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI


50 años de la Divina Providencia.


(Q.E.P.D.)

Que la ignorancia no te niegue
que no trafique el mercader
con lo que un pueblo quiere ser.

Lo están gritando siempre que pueden,
lo andan pintando, por las paredes.

De la canción “Mil años hace”,
de Joan Manuel Serrat (1943-¿?),
cantautor español.

Cincuenta años han pasado desde que la comunidad de la Divina Providencia comenzó en 1968 la construcción del templo que fue nombrado parroquia en 1983, el templo es el eje del apostolado que se realiza desde entonces al poniente de la ciudad. Recuerdo que acompañaba a mi mamá cada día primero a misa al naciente templo cuyas paredes se comenzaban a levantar gracias al  empuje de la comunidad y al padre José cuyos apellidos no recuerdo, el templo de estilo moderno se erigió en poco tiempo.

En 1977 el padre Luis G. Franco inició su apostolado en la Divina Providencia acompañado del padre Chava Ávalos, que años después difundiría un programa de radio “¡Ánimo!”.  La celebración del cincuenta aniversario es una oportunidad para recordar a quienes han sido pilares de la parroquia, seglares comprometidos y sacerdotes identificados con el pueblo, como el querido padre Luis G. Franco Ramírez, quien una tarde de un sábado del mencionado año entró al billar “El Pescador”, ubicado en la esquina norte del templo en donde yo jugaba una partida de carambola con mi amigo Javier Hernández Peña  y con Salvador Ramos Magdaleno.

Vestido con pantalón y chamarra de mezclilla, una cachucha y un paliacate rojo anudado al cuello, el padre Franco, se acercó a la mesa de billar, abstraídos en el juego, no habíamos reparado en su presencia hasta que nos saludó y nos dijo algo acerca del juego. No sabíamos quién era, pero su aspecto era como el de cualquier vecino, si bien su presencia irradiaba una cierta energía que en ese momento no pude definir.

Luego del saludo y de algunos comentarios sobre el juego, el padre nos invitó a una reunión de jóvenes que se llevaría a cabo en un rato más, en el templo, hasta entonces nos cayó el veinte de que era el nuevo párroco, ¿y qué vamos a hacer?, le pregunté al padre Franco que me contestó: vamos a platicar y a jugar, ahí los espero al rato.

Como no tenía nada qué hacer decidí aceptar a invitación del padre, así que ese día comenzó una amistad que se hizo cada día más fuerte. En el grupo encontré otros jóvenes, sabe Dios en donde los pescaría el padre, con ellos iniciamos una amistad que permanece. Algunos de ellos ya fueron llamados a la Casa del Padre, el mismo querido padre Franco partió a reunirse con el Padre Eterno en 2008, allá se encontró con mis hermanos Javier Alonso Díaz, Javier, El Camastro Martínez y Miguel Ángel Mendoza, El Chayo.

Con mis hermanos del alma con los que desde entonces conservo una preciosa amistad, como Ángeles López Franco, Ignacio Sánchez Castillo, Sergio Beltrán y Rodrigo Méndez Navarro (que entonces era un niño), además del padre Raúl Cacho Orozco, el domingo por la tarde-noche recordaremos a nuestro querido mentor, Luis G. Franco, cantaremos canciones que disfrutamos juntos y leeremos algunos de sus poemas. 

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