viernes, 9 de junio de 2017

9216. ENTRE LA VIDA (LA TIERRA) Y LA MUERTE (EL CAPITALISMO).

Reporte Z.

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Entre la vida (la Tierra) y la muerte (el capitalismo).


Debemos encontrar un nuevo paradigma de vida frente al paradigma de muerte. El paradigma del Bien Común de la Humanidad. Por eso la idea de cómo podemos encontrar y construir otro paradigma: el bien común de la humanidad, es decir, la Vida, la vida del planeta y la vida de la humanidad. Porque es ese el problema fundamental: el capitalismo está matando la naturaleza y matando la humanidad. François Houtart.

Nada indica que el hombre nuevo esté en gestación. Hace 60 años, precisamente en la década de los años 60, parecía que el nuevo hombre comenzaba a nacer, el movimiento contracultural soñaba con un mundo nuevo, pero para transformar el planeta, para construir una Nueva Tierra, hay que empezar por transformar al hombre, pero para transformar al hombre se requiere una conciencia nueva, nuevos paradigmas.

Apenas el domingo pasado murió el poeta catalán Juan Goytisolo, tal vez con una diferencia de horas murió también el sacerdote y teólogo belga François Houtart, incansable andador que recorrió el planeta para unirse a las causas populares. En 2009, comenzó a trabajar sobre un nuevo paradigma civilizatorio, el Bien Común de la Humanidad, que es su legado teórico-político más importante, en el que trabajó hasta el final de su vida.

Para el sociólogo belga la lógica del capitalismo es implacable: se orienta exclusivamente a la ganancia, a la acumulación del capital, el único motor de la economía, al menos es lo que creen los ideólogos del pensamiento único: no hay otro camino que el capitalismo con todo y sus fallas. François Houtart afirma que el capitalismo lleva a la humanidad hacia el colapso, por lo que para Francois “el problema es que para resolver esta situación no podemos pensar solo en una regulación del mercado, eso no basta, debemos pensar en alternativas, en otro paradigma, en otra orientación fundamental de la economía de la política de la cultura”.

El teólogo belga pensaba como muchos creemos, que los recursos naturales no son mercancías, que la naturaleza es la fuente de vida y que no se puede aceptar más la propiedad privada sobre recursos que son de todos los seres humanos. Más aun, yo creo que podemos ir más lejos y pensar que los recursos naturales no pertenecen a una generación determinada, sino a toda la humanidad de ayer, de hoy, y de mañana.  La tierra, el agua y el aire, no son ni deben ser propiedad privada sino social.

El paradigma comunitario que se sustenta en la propiedad social, o mejor dicho, comunitaria, rompe con la columna vertebral del capitalismo y de este principio se desprende múltiples consecuencias económicas, políticas y sociales, entre las más importantes, la superación del sistema de partidos políticos y la preeminencia del valor de uso sobre el valor de cambio. La disyuntiva es clara: o muere el capitalismo salvaje, es decir, la propiedad privada y la ganancia, o perece la civilización como se conoce.

Al final de cuentas se trata de elegir entre el paradigma de muerte impuesto por los Señores de la guerra y sus achichincles, o cambiar hacia el paradigma de la vida con todo lo que esto implica.

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