miércoles, 14 de junio de 2017

9239. SEMEJANTE GENTE.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Semejante gente.
A estas alturas no debería necesitar decirle que el primo Danielito tenía el cociente de inteligencia un poco (no mucho), un poco menor al de cualquier integrante de la familia de los anélidos oligoquetos (‘Lumbricidae’, por su nombre en latín), conocidos por todos como lombriz de tierra (ayudándolo, pero, caray, el cariño es el cariño). Decente, correctísimo, seriecito… pero imbécil, lo que no es tan grave, considerando que lo estúpido no está tipificado en el código penal, ni prohibido en los diez mandamientos de la ley de Dios. Los tontos se van al Cielo. Los que conversaban con Danielito sin conocerlo, primero pensaban que era muy chistoso, luego se ponían serios (casi ofendidos, creyendo que se estaba burlando), pero al poco, ya estando claro que nomás era tonto, despachaban la plática lo más pronto posible y se iban rapidito. El filosamente inteligente y malvado Pepe (el más impresentable primo que tenerse pueda), gozaba preguntándole cosas para oírlo decir que Darwin había escrito la ‘teoría de la revolución’ o en lugar de ‘ipso facto’, decir ‘ipso flaco’, o contar que su casa era ‘tuplex’, que no se le grabó nunca ‘duplex’. ¡Ay, Danielito!

Después del aquelarre de mapaches del domingo 4 pasado en el Estado de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz, que nos costó a los satisfechos tenochcas la modesta cantidad de 4 mil 28 millones de pesos, el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova, quien dice Wiki, es licenciado en derecho, investigador, académico, docente, abogado y jurista (suena impresionante pero es nada más licenciado, maestro de la UNAM y burócrata de lujo), con esa su seguridad de sabio que le sale tan bien, declaró:

‘Lo que ha ocurrido en los días pasados ha sido un debate sí muy intenso, ríspido como es deseable en las democracias (…)’; bueno, don Lorenzo, si ríspido sigue siendo lo que dice el diccionario (áspero, violento, intratable), parece peculiar su concepto de lo deseable en las democracias, cualquiera pensaría que la democracia sirve precisamente para evitar la violencia… pero, quién es uno para contradecir a un académico, docente, abogado y jurista. A ver, quién.

También dijo don Córdova, que ese debate ha sido ‘poco informado’ y que siendo como es, responsabilidad de la autoridad electoral (en este caso, y sin ironía: el INE, a su cargo), se comprometió a generar información “para poder inocular la especulación que sin información, lejos de encauzar el debate político, lo único que genera es estridencia y desviaciones”.

¿Qué?... Que van a generar información para inocular la especulación -ni modo que no entienda usted-, a modo de que no haya por falta de información ni estridencias ni desviaciones (y asoma por entre las teclas un lector furibundo: -Pues, no, no entiendo -¡áchis!, pues, la verdad, este López, tampoco).

Vamos por partes. Inocular, según el diccionario, cuyo uso -así sea ocasionalmente-, es recomendable, tiene tres acepciones:

La primera, en biología y medicina: introducir en un organismo una sustancia que contiene los gérmenes de una enfermedad (mmm, no, no es de creer que don Lorenzo considere la información como enfermedad… o quién sabe).

La segunda: inocular es pervertir, contaminar a alguien con el mal ejemplo o la falsa doctrina (¡ajajá!, con que esas tenemos don Córdova… mmm, no, se ve muy decentito… o quién sabe).

Y la tercera: inculcar (infundir), pero, siempre según el lexicón (ya puestos a ‘la Córdova’, esto es, al uso de palabras domingueras), inculcar es apretar con fuerza, repetir con empeño, infundir con ahínco, juntar mucho las letras, obstinarse en lo que se siente o prefiere; y para acabarla de amolar, infundir es: causar en el ánimo un impulso moral o afectivo (infundir miedo, fe, cariño); comunicar al alma un don o gracia (de parte de Dios… y no es el caso); y también es echar un líquido en un recipiente (quién sabe si haya un solo ser humano que diga: infúndame más café en la taza, pero eso dice el diccionario).

Ahora sí ya estamos listos para entender al consejero Presidente del INE (¿listo?...): va a generar información “para poder inocular la especulación que sin información, lejos de encauzar el debate político, lo único que genera es estridencia y desviaciones”… no, no se entiende y no se entiende porque no nos va a decir a las derechas que el INE a su cargo es responsable de la confusión del electorado, de la falta de información oportuna, de errores de conteo y maniobras que más parecen pases de mago que explicaciones profesionales.

El INE este año nos cuesta a todos la cantidad de 11,200 millones de pesos (sin contar lo que reciben los partidos políticos). Los señores consejeros electorales ganan mensualmente en promedio 236 mil pesos, más 11,970.00 para su comidita, más seguro de vida, coche y 20 días de vacaciones (Lorenzo el Presidente anda por ahí de los 258,549.00 de sueldito). El presupuesto anual del INE, incluye 134 asesores de los consejeros, con sueldos que van de 10 mil a 200 mil mensuales; hay un señor que trabaja de coordinador de asesores de don Córdova, Luis Jiménez Cacho, que cobra 201 mil pesitos mensuales, que es más que el sueldo del gobernador de Nuevo León o el del Director General de Pemex, 3 mil pesos menos que el Secretario de Gobernación o el de Hacienda, por ejemplo (datos de Ángel Cabrera, 24 Horas, documento INE/DEA/1747/2015, en respuesta a la solicitud de información UE/15/01786; no está uno inventando).

Y los 11,200 millones de pesos, los gasta el país (nosotros), básicamente para que organicen las elecciones y cuenten bien los votos, que no es labor de romanos, ni un trabajo de Hércules (del uno, sigue el dos, y del dos, el tres… y así, sin enredos).

No hay un peso en los 11,200 millones, para inoculación de nada, que la verdad, sin ganas de amarrar navajas, parece que don Lorenzo se albureó al país y ni quien se diera cuenta, pero (no sé usted), este texto servidor no se deja inocular nada (y menos de parte de semejante gente).

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