miércoles, 21 de junio de 2017

9259. REALISMO TRÁGICO.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Realismo trágico.
A usted, a su texto servidor, a nosotros, vosotros, ellos, Nicolás Maduro no nos cae bien, por decirlo suavecito. Tal vez para algunos sea un chiste (un Trump tropicalizado), pero para otros no pocos, su régimen es una tragedia, pues a pesar de la inobjetable propaganda negativa que recibe por cortesía de los EEUU, la verdad es que el señor ese es impresentable, no hay modo de matizar sus barbaridades. Venezuela sí está pasando por una etapa durísima. Ok. Todos de acuerdo.

Dicho lo cual: la OEA no puede negar su papel tradicional de instrumento del gobierno de los EEUU para mangonear a América Latina.

Su antecedente histórico es quizá lejano: en 1889 -sí, 1889-, cuando el gobierno yanqui dispuso que los países de Latinoamérica tuvieran un sistema de normas e instituciones comunes -¿y de parte de quién?-; luego, en 1902 crearon la Organización Panamericana de la Salud; en 1906, el ‘Comité Jurídico Interamericano’; y después de muchos pasos más, todos asegurando la hegemonía del país que el dedo de Dios escogió (‘Destino Manifiesto’, con todas sus consecuencias), en 1947 implantaron en reunión celebrada en Río de Janeiro, la ‘Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente’, de la que resultó el ‘Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca’ (tan acomedidos ellos), y así ya con todo en su lugar (pasando antes por cosas tan indiscutibles como la creación del Instituto Interamericano del Niño -1927-, la Convención sobre Derecho Internacional Privado y la Comisión Interamericana de Mujeres, ambas de 1928), arribamos bajo su rectísima intención a la instalación de Organización de los Estados Americanos (OEA), en 1948, creada nomás para resolver todo por las buenas, custodiar el cumplimiento de los deberes de las personas y el respeto a sus derechos (‘¡Fíjate qué suave!’, diría Manolín el de Shilinsky).

Y no es que sospeche uno de todo lo que hace el tío Sam, sino que para 1950 ya teníamos ensartado el BID (Banco Interamericano de Desarrollo); y en 1954 ya era obligatorio para todos los integrantes de la OEA, contener la expansión del comunismo en Centroamérica.

Sí, la OEA pronto se reveló como el instrumento de los EEUU para controlar y disponer en América Latina. En 1960 resolvió levantar las sanciones al pavoroso dictador dominicano Leónidas Trujillo -muy amigo del tío Sam-, por su participación en el complot para asesinar a Rómulo Betancourt, presidente de Venezuela; en 1962, expulsó a Cuba y le impuso el bloqueo (México se opuso… pero todavía éramos país).

No piense que fueron pecados del tiempo, cosas de la Guerra Fría, porque apenas en 2009, la OEA expulsó a Honduras a consecuencia del golpe de estado que tiró al presidente Zelaya, pero antes ni pío dijo por otros golpes como el de Guatemala en 1954 (la CIA derrocó a Jacobo Arbenz); el de Chile en 1973 (derrocamiento y asesinato de Salvador Allende); el de Brasil en 1964 (contra Joao Goulart); el de República Dominicana en 1965 (los EEUU invadieron el país -Cuerpo de Marines de los EEUU y la 82ª División Aerotransportada del Ejército de EEUU-, para derrocar a Juan Bosch, presidente electo); Granada en 1983 (derrocamiento y asesinato del presidente Maurice Bishop)… hay más ejemplos, pero la dictadura de las dos cuartillas es implacable (máximo seis mil caracteres, contaditos, espacios incluidos).

Tampoco pidió la OEA ninguna medida de censura ni expulsó a los EEUU cuando invadió Panamá en 1964 (operación ‘Urgent Fury’, Furia Urgente), ni cuando la guerra de Las Malvinas en 1982 (cuando los EEUU apoyó a la Gran Bretaña, nomás dijo que tenían la mano muy pesada y ahí quedó la cosa)… y ahora contra el muro que el Trump quiere poner en nuestra frontera, ya dijeron que qué feo, pero nada más. Para el dueño de la hacienda no hay más que retobos y tronadas de boca (esperando que no se dé cuenta), y lo dejan hacer lo que le viene en gana.

Segundo ‘dicho lo cual’: sigue siendo urgente la ausencia de don Maduro del gobierno de Venezuela. Se ha pasado de la raya, mucho. Pero es asunto de ellos, de los ciudadanos de ese país, a menos que aceptemos todos, que la soberanía ya no es la de antes, que ahora es otra cosa, que sí lo es, en los hechos, pero nomás falta que sea parejo: si todos los países de la OEA nos vamos a sujetar a  un mismo marco jurídico y nos vamos a meter en los asuntos de cualquier país cuando se viole el derecho, que eso incluya a los EEUU, lo que se antoja imposible, si de ser realistas se trata o lo que es lo mismo: América Latina está bajo el mandato de los EEUU, ¿no nos gusta?... no nos hubiéramos dejado, no nos hubiéramos estado peleando entre nosotros, facilitándole la labor al renegrido tío Sam.

Y tercer ‘dicho lo cual’: siendo esa la realidad de nuestro subcontinente, que alguien nos haga el favor de explicarnos qué anda haciendo México de mayordomo de los yanquis. ¿Por qué antes, siendo muchísimo más débiles en lo económico, podíamos plantarle cara al gobierno de los EEUU?

Sí. Con la pena, pero como ayer, en Cancun, la OEA no logró los 23 votos para romperle la columna vertebral al Maduro ese, nuestro canciller, en su papel de muñeco del ventrílocuo tío Sam, declaró:

‘Mientras somos incapaces de llegar a un acuerdo, en las calles de Caracas y de otras ciudades de Venezuela hoy mismo continúa la violencia, la represión’…

Oiga, don Videgaray, mejor preocúpese por la pobreza en México o por la matazón que tenemos y no cede porque están en todo menos en misa. Nuestro gobierno, antes de andar de prontitos, que recupere la seguridad pública, para  que sea innecesaria la intervención del ejército; para que los derechos humanos no sean una burla para las víctimas de los delincuentes. O cuando menos, consigan regresar al orden a los gobiernos estatales, digo, ya sería algo.

Don Videgaray está de gato del gobierno yanqui para amarrar su presidencia de la república, está bien, muy su asunto, pero mientras, aquí (no recuerdo quién lo dijo), vivimos en el realismo trágico.

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