sábado, 24 de junio de 2017

9278. LA HISTORIA DE LUIS.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Articulista, ambientalista, cuentista y crítico.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI
 
LA HISTORIA DE LUIS.
Sexta parte.
 
Comenta Luis que siempre ha gustado de la música en general, un tiempo después de llegar a la Ciudad de México, en las noches dejaba el radio prendido y ya en la mañana al iniciar transmisiones la estación, El Bolero de Ravel es con la que iniciaban.
 
Los discos de Selecciones no faltan en su colección y en fin, tiene música al por mayor ya sea de intérpretes de la canción ranchera -Amalia Mendoza, Lola Beltrán, José Alfredo Jiménez, Cuco Sánchez, La Consentida, Lucha Reyes y su lista es larga-, también baladas, en inglés -de los años 50, 60, 70 principalmente- y no le falta la música clásica que, -dice- es la que más escucha.
 
Música y la lectura son su pasión. Luis prosigue con su relato, salí del hospital y tenía que ir a rehabilitación, ahora creo que no porque hubiera esperanzas de volver a caminar, sino para no empeorar, las posibilidades de caminar, prácticamente eran nulas.
 
Las consecuencias de la polineuritis me llegaron pronto, hipersensibilidad en algunas partes del cuerpo, principalmente en las manos y los pies, esto que en algunas partes siento de más, un ligero raspón me duele como si hubiera sido muy grande, el agua tibia la siento como si estuviera caliente y así, pero también me quedó insensibilidad en algunas partes del cuerpo, o sea no siento y ésta es en más partes que la hipersensibilidad.

Una vez me encajé un clavo, traspasó el zapato y se introdujo al pie, nada sentí y me di cuenta al irme a bañar y ver el sangrerío en el zapato y el calcetín, en las manos me quedó todo un descontrol, necesito ver que es lo que tomo, lo que voy a agarrar para saber que es, si volteo hacia el lado contrario de donde está lo que voy a asir, no sé qué es, pero además, perdí fuerza, no puedo cargar y las cosas continuamente se me caen de las manos, así sea una taza, un plato, una cuchara, es un problema cuando voy a un restaurante que en el suelo se queda comida.
 
Me fue complicado ese tiempo de la insensibilidad que la sigo teniendo pero ya acostumbrado a ella, aunque a veces aún me hace renegar.

Claro que con el tiempo he podido corregir algunas cosas de la insensibilidad, como el tomar una taza, un vaso, el lapicero para escribir -prácticamente tuve que volver a aprender a escribir-, claro que hay ocasiones en que ni yo mismo entiendo lo que escribí, y para el teclado de la computadora me la ingenié y pude usarlo aún cuando solo uso dos dedos y las dos manos para el ratón -con una sola no puedo usarlo-.

Lo bueno que tiene el tiempo, es que da oportunidad de aprender y hay cosas que con ese tiempo y a base de insistir he podido volver a hacerlas aún cuando no sea de la mejor manera -abrocharme la camisa y los zapatos, rasurarme y actividades de la casa-.

Salí del hospital con la tremenda depresión -sin poder cargar a mis hijas y sin poder valerme por mi mismo y con un futuro nada bueno-. Iba a estarme unos pocos días en casa y después tendría que ir a la rehabilitación.
 
Como pude analicé las cosas y llegué a la conclusión que esa rehabilitación me ayudaría a no retroceder, anhelaba en ese momento que por lo menos ya me quedara como estaba, me causaba temor el que los dolores volvieran en la intensidad como los había tenido, ya para entonces no me inyectaban morfina, pero claro que las pastillas, para no sé cuántas cosas, tomaba a cada rato.

Mi familia recibió las indicaciones correspondientes para iniciar la rehabilitación -ir en traje de baño, llevar toalla, pants y muda de ropa-.
 
Un día llegué al área de rehabilitación del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, es grande el lugar, en un lado estaba la tina de hubbard -se recomienda para el tratamiento de las extremidades superior e inferior que permite la inmersión de todo el cuerpo de pacientes, con espacio para el movimiento del cuerpo y el ejercicio-, cerca de ella estaban las mesas de ejercicio, en un lado el área de colchones y en el extremo la barra de ejercicios y otros aparatos.
 
Continuará.

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