jueves, 29 de junio de 2017

9299. ¡OOOREMOS!

LA FERIA

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México para
Tenepal de CACCINI

¡Oooremos!
En la primera mitad del siglo pasado, los estados civiles de la mujer mexicana  eran cuatro: soltera, casada, viuda y quedada (no había divorciadas, la gente ‘in illo tempore’, se separaba nomás); aparte estaban las ‘arrejuntadas’, pero de eso no se hablaba. ‘Quedada’ era cualquier mujer que pasara de los 23 años y no tuviera marido (y cumplir 19 sin novio en firme, era de sudar frío). Las quedadas, una vez cumplidos los 50, pasaban a señoritas, que era trato de respeto; así, tía Rosita era la-señorita-Rosa (y murió en esa condición cerca de los 117, aunque decían que se quitaba años). Por alguna razón, este menda era su sobrino bisnieto favorito (después de Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda, que a ella le hacían mucha gracia sus andanzas), y aprovechando eso una vez le pregunté lo que nadie se atrevía: por qué no se había casado; la respuesta fue de bote pronto, mirándome con sus ojitos sonrientes: -De chamaca, veía yo a los maridos de las señoras de mi tiempo y pensaba que todas habían tenido mala suerte; luego cuando tuve pretendientes, les encontraba mucho parecido con esos maridos y me dije, “¡Rosa!, tú te quedas”… y me quedé, pero muy contenta, hijito, muy contenta –bueno, así pensaba ella.

Se acerca sin prisa y sin pausa la campaña política por la sucesión presidencial.

Antes, en tiempos del pricámbrico clásico, era cosa muy ordenada porque el sistema no permitía desórdenes y también porque una vez destapado el candidato oficial, era mandato que no admitía indisciplinas: el régimen no se andaba con chiquitas, en su menú solo había una sopa (ni aparecía la de fideos).

El natural deterioro del ejercicio continuo del poder, las normales defecciones y traiciones, los problemas de la reproducción endogámica de la clase política, y haber franqueado la entrada a intereses del extranjero (que no son más poderosos que los nacionales, sino infinitamente más poderosos), dieron paso en el año 2000 al remedo de democracia que tenemos, exhibición cínica del indiscreto encanto de la partidocracia cleptómana que monopoliza el acceso al poder en México, que con la habilidad que da la experiencia (al grito de ¡dádivas corrompen piedras!), pronto consiguió amancebar a las instituciones autónomas y tribunales que deberían ser garantes de la legitimidad y legalidad de los procesos electorales (y viera usted qué a gusto están todos en ese festín del erario… nada los aflige).

Así las cosas y como el tiempo es inexorable, todos los que pueden, los que creen que pueden y los que saben que no pueden pero les conviene aparentarlo (el oficio de candidato prederrotado, en México, es muy bien pagado), están trepados en la pasarela, impúdico desfile de esperpentos reciclados, en el que participan también algunas personas serias que no pueden excusarse, so pena de perder por decencia (virtud imperdonable en el régimen actual).

Ricardo Anaya, Moreno Valle, Mancera, Aureoles, Graco, el Bronco, Romero Hicks, Eruviel, Videgaray, Osorio, Miguel Márquez Márquez, Miguel Ángel Yunes… ¡qué cambalache!: “(…)  hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador...”, les dedica Gardel.

Muchas páginas harían falta para mencionar siquiera algunas de las razones por las que ninguno de estos debiera ni siquiera insinuar su interés en ser candidato a la presidencia. El que no está embarrado en escándalos de corrupción, tiene merecida fama de traidor; el que no es ladrón es vividor, malabarista con la ley o saltimbanqui de la política (hasta alguno que es asesino anda ahí). Y ninguno con sólida trayectoria de buen gobierno o buen desempeño de responsabilidades públicas. No pasa nada. Todo se vale. Total, van a hacer un ‘frente amplio opositor’ en el que cabe todo… bueno, no tanto.

No caben en ese revoltijo, el PRI ni Morena (el partido propiedad del Pejehová, redentor de todos nosotros), pero sí el PVEM que ya ayer anunció el verde Pablo Escudero, presidente del Senado, que su partido está dispuesto a analizar la invitación del PRD al frente opositor.

El PRI no cabe, no porque hasta entre perros haya clases sino porque no puede, pues sería tanto como enseñar los fondillos: la alianza es para derrotar al Pejecutivo de todos tan temido. Mire usted: si cada partido presenta un candidato, se atomiza el voto, se reparte mucho y entonces, como no es previsible que el PRI de Peña Nieto, arrase en las urnas, Morena con un 30% de votos, les puede dar el susto de sus vidas, como se los dio en el Estado de México donde por poquito les deja el trasero de mandril.

Los partidos de modestos alcances, la chiquillada pues, tiene que aglutinarse, unos en torno al PAN, otros con el PRI (o ninguno, es lo de menos). Se trata de sumar votos sean de dulce, chile o manteca, reales o ficticios, pero sumar y sumar, y poder presentar un triunfo creíble sobre un Peje que apesta a ganador.

Así las cosas, el duelo será de ese frente amplio contra el tricolor.

Si el PAN tiene un ataque imprevisible de sensatez (porque se necesita estar de camisa de fuerza para poner a Anaya de presidente nacional), si les da por ponerse serios, tiene una candidata muy muy presentable en Margarita Zavala, por ejemplo.

Si en PRI contienen al amigo de Trump, el Videgaray (con menos carisma que un enterrador y con su escandalito de corrupción), si deciden con la cabeza, tienen también gente que no da vergüenza votar por ellos: Narro o Meade, por mencionar dos, sin una sombra de escándalo, con bien ganado prestigio de señores serios.

En esto de la política casi todo es posible, así que tampoco se asuste si aparece Meade en un lado y Narro enfrente, que esa es la ventaja del primero, ni priista es (‘priista’ sin acento, don Arcadio, para que vea que lo leo). Pero Peje no habrá en La Silla, a ningún precio.

Si en el PAN siguen haciendo tonterías, que pongan a Moreno Valle, al que quieran, total, van a perder. Y si en el PRI se impone Peña Nieto como única voz, que Dios los coja confesados… ¡oooremos!

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