viernes, 30 de junio de 2017

9304. SÍ SOMOS ¿Y QUÉ?

LA FERIA

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

Sí somos ¿y qué?
Contaba la abuela Elena (la de Autlán), del tío Tencho, primo suyo, ranchero como de película en blanco y negro, de vida sencilla y pistola al cinto, con más reses que pelos un gato; acostumbrado a mandar; buen marido y buen padre para los estándares de la época (primera mitad del siglo pasado), que era más celoso que Otelo y como castigo de Dios, solo tuvo hijas, cinco: Laura, Leticia, Lilia, Lorena y Lucía (en el pueblo decían que no siguió buscando el varoncito porque se le acabaron las vocales, contaba la abuela). Lo celoso lo capoteaba bien su mujer, la tía Chata (Engracia), pero volvía locas a sus hijas porque les espantaba los pretendientes, ya todas en edad de merecer y todas de faldas ligeras porque (contaba la abuela), salieron a la mamá que “de chamaca dio mucha guerra”. El caso es que ya con la mayor a punto de quedarse (21 años), tía Chata le dijo que pensara en qué hacer, porque de monjas no las iba a mandar. Lo pensó el tío y dispuso que “las niñas” podían tener novio a condición de salir siempre con la mamá y una de las hermanas, lo que a fin de cuentas hizo que acabaran viviendo en Guadalajara, porque de las cinco, tres se casaron ya embarazadas, y las otras dos, no, esas no se casaron pero tuvieron hijos. “La zorra cuidando gallinas”, sonreía la abuela al contarlo.

Hace algunas semanas comentaba con usted que la loable iniciativa de instalar en México un Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), es equivalente a poner nuevas y más rigurosas reglas de póker en una mesa de tahúres. No es con leyes y normas, con dependencias o instituciones autónomas, como se puede disminuir a algún grado lógico la corrupción (porque corrupción siempre habrá, el asunto es que no sea generalizada, que sea verdaderamente clandestina y nunca con la participación de los titulares de las dependencias y entidades, cuantimenos de los de más arriba y de otros poderes... eso sí se puede lograr). Sin embargo, en algo podía ayudar la SNA, por algo se empieza.

Ayer, “El Universal”, publicó la siguiente nota: “Evidencian ‘trampa’ en sistema anticorrupción”, y explican que el Senado nombró una Comisión de Selección, responsable de escoger a los integrantes del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), cabeza del Sistema, pero no respetaron las reglas de selección.

Resulta que para elegir a los integrantes del Comité, primero se revisó a todos los que manifestaron interés en formar parte de eso; se seleccionó a 15, que consideraron los mejores, y después se elaboraron unas “cédulas de evaluación” de cada uno de esos 15. Quedó al frente, como presidenta del Comité, Jacqueline Peschard, quien sacó la más alta calificación: 247 puntos; los otros cuatro son Alfonso Hernández Valdés (240 puntos, la segunda más alta calificación), José Octavio López Presa (237 puntos); Luis Manuel Pérez de Acha (236 puntos); y Mariclaire Acosta Urquidi (207 puntos). El problema es que se saltaron a un aspirante, Gerardo Lozano Dubernard, que obtuvo 233 puntos en la evaluación. Para no variar: no se respetó la regla.

Abunda el autor de la nota de “El Universal” (Alberto Morales), que los que formaron la Comisión de Selección fueron recomendados… por los que resultaron elegidos como integrantes del Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA). No vamos a abandonar nuestras más rancias tradiciones, faltaba más.

Los seleccionadores explicaron que no fue la calificación el único criterio (claro que no), y que escogieron a la señora  Mariclaire Acosta, por sus contactos: “Como lo establece la metodología de evaluación (...) existe una estrecha relación entre los flagelos de la corrupción, la impunidad y las violaciones de los derechos humanos. Por lo mismo, los vínculos de Acosta con organizaciones de la sociedad civil podrían ser un activo de enorme relevancia en el funcionamiento del comité”.

¡Vaya!.. o sea: los conectes de doña Acosta pesaron más que la evaluación que ellos mismos hicieron. Lo que no nos dicen a las claras es que la señora de todos nuestros respetos, es la representante del tío Sam en el SNA. No es calumnia, doña Acosta era la directora del capítulo México del Freedom House (ONG con sede en Washington D. C.).

La Freedom House se fundó en octubre de 1941 a iniciativa del entonces presidente Franklin D. Roosevelt, como máquina de propaganda para influir en la opinión pública de los EEUU y prepararla para la entrada en la Segunda Guerra Mundial. Luego, se encargó de atizar la postura anticomunista de ese país durante la Guerra Fría, y ahora funge públicamente como una ONG dedicada a proteger los derechos humanos. ‘Ta bien…

Nada más que uno de sus miembros más destacados es un señor Ken Adelman, asesor de Donald Rumsfeld (1971 a 1977), director de control de armas con Ronald Reagan y miembro (al menos hasta 2016) del Consejo de Política de Defensa de los EEUU.

Nada más que un tal James Woosley es (o fue hasta 2016), presidente de la Freedom House y antes… director de la CIA

Nada más que el 80% del presupuesto anual de la Freedom House lo aporta el gobierno de los EEUU (a través de la USAID y el Departamento de Estado), cosa un poquitín peculiar si se trata de una organización que procura la neutralidad de las organizaciones que cuidan de los derechos humanos basándose (en sus propias palabras) “en el principio de garantizar la independencia y una financiación creíble de los gobiernos”.

La Freedom House ha estado envuelta en no pocos escándalos, como apoyar la elección de Ian Smith en 1979 al gobierno de Rodesia, que desconoció la ONU y luego, no reconocer la elección de Robert Mugabe, que sí reconoció la ONU; o su descarado intervencionismo en El Salvador a favor del partido de extrema derecha ARENA, y llamar “desequilibradas” las informaciones sobre matanzas en ese país.

Sí, damas y caballeros, la Freedom House ha puesto una pica en Flandes: nuestro SNA es a fin de cuentas, un aparato al servicio de los EEUU… sí somos ¿y qué? 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: