miércoles, 5 de julio de 2017

9326. JOSÉ LUIS CUEVAS: LA MUERTE DE UN EGÓLATRA.

Reporte Z.

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

José Luis Cuevas: la muerte de un ególatra.

Yo entiendo que vas a sufrir para ti, no es fácil encontrar a alguien como yo.
     José Luis Cuevas (1934-2017), a su esposa Beatriz del Carmen.

La foto en donde José Luis Cuevas aparece en sus años de gloria, en plenitud física, es de 1981. José Luis Cuevas, el dibujante, el escultor, el narrador, se diseñó a sí mismo como buen artista que era. La foto de Rogelio Cuéllar es elocuente: el artista con ropa deportiva, informal, con reloj, tenis, sentado sobre un banco, con los puños cerrados, manifestando una gran seguridad en sí mismo. Detrás de José Luis, bastidores y una foto de Cuevas en su juventud.

José Luis Cuevas, el enfant terrible, tenía un ego súper inflado, nunca fue un artista comprometido con el pueblo,  las críticas al PRI y a sus métodos de gobernar fueron poses de una obra de teatro en la que Cuevas era el director y el protagonista. Cuevas se sentía Juan Camaney, era la superficialidad en su estado más puro, de ahí que su relación con poderosos priistas le hayan ganado favores y reconocimientos, uno de ellos, el poderoso funcionario priista Fernando Gamboa quien lo impulsó desde las entrañas del poder. En los años 70´s, Cuevas se convirtió en el artista oficial del régimen impuesto por el PRI, se sirvió del poder al punto de que utilizó el avión presidencial con permiso del entonces presidente Luis Echeverría para viajar a Estados Unidos a hacerse exámenes médicos; varias veces Cuevas presumió su amistad con Echeverría, otro que se manchó las manos con sangre de estudiantes; Octavio Paz y Carlos Fuentes, también gustaban de las mieles del poder y se beneficiaron de su relación con el PRI.

Cuevas sabía que era un sujeto antipático, él mismo relató cuando se hizo una encuesta para saber quiénes eran los personajes más odiados de México, Cuevas esperaba ser el primer lugar, pero María Félix se lo ganó por mucho y el segundo lugar fue para otro higadito como el conductor de televisión Jorge Saldaña. Desde entonces Cuevas se esforzó por ser el sujeto más antipático de México.

La egolatría de Cuevas lo llevó a rozar la locura: en sus últimos años afirmaba que era vidente y podía predecir el año de la muerte de personas conocidas, pero falló al predecir su propia muerte.

La última entrevista que Cuevas concedió a Elena Poniatowska: “La muerte no tiene remedio” es fiel reflejo de la superficialidad del dibujante, la reportera tampoco fue profunda y se limitó a lo externo, ninguno de los dos se atrevió a ir más allá de la superficie en un tema como la muerte, pero, ¿Cómo un ser tan superficial odría ahondar en el tema de la muerte, de su muerte?

Octavio Paz bautizó al movimiento artístico de los 70s como la generación de la Ruptura, de la cual Cuevas era el icono, pero, ¿cuál ruptura, cuál irreverencia? Paz y Cuevas eran vividores del sistema priista; la lucha “por la democracia” de Cuevas no fue más allá de autopostularse como candidato “independiente” en 1970. Todavía se recuerda que en 2012 Cuevas manifestó públicamente su simpatía por el PRI al afirmar que votaría por Peña Nieto. Cuevas como muchos otros se perderá en la oscuridad del tiempo, lo mismo que sus horribles dibujos, Cuevas sólo fue un alfil usado por el sistema.

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