miércoles, 12 de julio de 2017

9354. EN DEFENSA DEL IMSS.

LAS PEQUEÑAS COSAS

Por: Eliseo Castillo A.
Economista analítico.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

¿VENDRÁS?

Cada  mañana sin apenas pensarlo,
por la ventana escucho el viento,
es susurro amable, más que lamento
su caricia me acaricia, me abraza,
mientras pregunto suave..., muy quedo,
amor de antaño... ¿vendrás mañana?

eliseo.

"Al IMSS hay que defenderlo..., hasta de sus propios  trabajadores"  (Onofre Vázquez Ortiz)

Usando cualquier unidad del IMSS a lo largo del país, podemos comentar un cuadro que se presenta de manera cotidiana en ellas: cientos... miles de personas se congregan en condiciones inapropiadas en busca de un servicio médico; digo inapropiadas por que regularmente son personas que buscan alivio a algún mal.

Regularmente entra un enfermo acompañado por una, dos o más personas aparentemente sanas, y en no pocas ocasiones salen dos o más enfermos de la unidad médica.

Es muy doloroso, y personalmente me apendeja, y en no pocas ocasiones me he encabronado al ver la manera en que personas, que evidentemente llegan de lugares lejanos se ven en un espacio totalmente ajeno a ellos; con una burocracia  que no tiene tiempo para enterarse  de vidas personales con nombre y avatares;  con un lugar cargado de personas como ellos, a quienes no les importa algo más allá que sus propias necesidades: si son pacientes; que se les atienda lo más rápido posible; si son doctores y enfermeras, que no lleguen tantos enfermos durante su hora de trabajo; si son trabajadores administrativos, sus prisas se parecen a cualquier trabajador de cualquier empresa..., cubrir una rutina para regresar a casa.

En medio está toda esa gente foránea en busca de una mirada de apoyo..., todos son una suma de desconocidos para los doctores, enfermeras, administrativos... ¡y a veces solamente buscan alguien que les diga... "en qué le puedo ayudar..."

¡Resulta patético ver sus miradas, son una suma de "nadie"! perdidos en una jungla de personas que normalmente no tienen tiempo para verles a los ojos y llamarles por su nombre ; de hecho es complicado pedir que  se enteren que son alguien. Todos sabemos que en una unidad del IMSS de cualquier ciudad del país, sobran necesidades, a veces personal que labora en ellas… ¡y en muchas faltan voluntades!

Aquí no es fácil culpar a doctores, enfermeras y enfermeros, y personal administrativo; tampoco podemos culpar a los enfermos que van a entregarse en manos de, quienes son vistos como sus salvadores; menos aun esos acompañantes que en ocasiones terminan igual o peor que sus familiares enfermos, ellos mismos enfermos de algo que adquieren entre la mezcolanza  humana desordenada.

Creo que más que buscar culpables, hay que buscar soluciones.

Ayer martes 11 de julio de este 2017, en el cine club hemos visto la película EL DOCTOR, en ella nos presentan el cuadro en que  un doctor de buena reputación, realiza grandes obras de salud en el hospital, se le reconoce como una eminencia; luego, a él  le resulta un tumor maligno en la garganta y, de ser la eminencia médica... pasa a ser paciente..., un enfermo más en el mismo hospital, donde saca ficha para esperar turno...; donde no es importante, donde la administradora le amenaza con reportarlo y no atenderle si no acata las reglas del hospital... ¡aunque  sigue siendo una eminencia en su departamento!

Una vez que prueba el abandono que sufre todo paciente, y que su interlocutor es solamente otro u otros enfermos; una vez que se entera, por boca de ellos, de la muerte de determinado enfermo o enferma que murió ayer o antier apenas, esa persona que se  sentó a su lado en espera..., en espera de su salvador... el doctor,  va experimentando una amarga experiencia... es una eminencia que no conoce los nombres de sus pacientes ni le ha interesado..., y ahora maldice que le pase lo mismo que a ellos.

Obvio, la película nos habla de una transformación fantástica de su personalidad al salir de su operación; a partir de ese momento intenta ser una persona sensible ante la necesidad del "otro";  antes que médico, quiere su confianza, y desde luego busca ser mejor compañero y jefe.

¿Por qué cito al IMSS en este texto?

Porque es el lugar en que confluyen miles de personas a diario, miles de desconocidos entre si, buscando con ilusión resolver sus necesidades de salud, y no hay cosa más triste que un rostro sin nombre... un rostro triste, enfermo  que piensa que el médico  es un semidiós que no se digna mirarle ni nombrarle; luego vive al personal administrativo que, a veces, no tiene tiempo para detenerse un momento a escucharle.

Seguramente más que culpables, tenemos víctimas de las circunstancias, seguramente todo es manifestación de los nuevos tiempos de la masificación donde es complicado tener tiempo para escuchar al "otro", sea cual sea su necesidad.

Más que culpables, tenemos un sistema que no ha logrado ser lo eficiente que se dijo sería en los años 40 del siglo XX, cuando se echó a andar. Más que culpables, en ocasiones tenemos víctimas;  tan sólo por eso vale la pena insistir en lo que el líder social Onofre Vázquez Ortíz  tanto me recalcó en su cama de enfermo en el IMSS-ZAMORA... Al IMSS hay que defenderlo hasta de sus propios trabajadores.


Un abrazo y hasta luego.

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