sábado, 15 de julio de 2017

9370. LA PUERTA FALSA.

Reporte Z.

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

La puerta falsa.

Si se admite que el suicidio es un crimen, sólo la cobardía puede impulsarnos a él. Si no es un crimen, tanto la prudencia como el valor nos obligan a desembarazarnos de la existencia cuando ésta se convierte en una carga. David Hume (1711-1776). Filósofo escocés.

En la década perdida, la década de la guerra contra las drogas, la década del inicio de una ola de violencia que no tiene para cuando terminar, entre los años 2006 al 2015 los suicidios se incrementaron 49% en nuestro país, son datos del Inegi, lo peor del caso es que el 50 % de esos suicidios lo cometieron niños, adolescentes y jóvenes de entre 10 y 29 años.

"El suicidio se puede producir a cualquier edad, y en 2015 fue la segunda causa principal de defunción en el grupo de entre 15 a 29 años en todo el mundo”, afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS). La causa de fondo no es la depresión, como afirman sesudos psicólogos que no ven más allá de sus narices, la causa de fondo hay que buscarla más allá, en las causas de la depresión: el sinsentido de la vida actual, la locura de la guerra, la estupidez de un sistema que destruye la naturaleza y el egoísmo que lleva a la acumulación de la riqueza.

Es cierto que los adolescentes se encuentran en una etapa crítica, que los síntomas más comunes de la depresión son los cambios de humor, la preocupación, la angustia, pero, ¿qué adolescente no pasa por estas etapas?  El desinterés por la vida, negarse a levantarse de la cama, descuidar su aseo personal y el de su espacio vital, perder el deseo de ir a la escuela, son síntomas de una depresión profunda pero no sólo les pasa a los adolescentes y a los niños, si bien, es el grupo de mayor riesgo.

Los psicólogos no van más allá de los síntomas personales, los problemas sociales no significan nada para ellos pero es indudable que la situación de violencia creciente, de asesinatos, violaciones, secuestros y corrupción casi generalizada de los políticos y gobernantes, además de la pérdida de la confianza en clérigos que abusan de la inocencia de los niños y niñas son factores que golpean emocionalmente a los niños y adolescentes.

Si a ese clima general de violencia, corrupción y muerte se agrega la indiferencia de los padres, la falta de comunicación y la pérdida casi total de la experiencia de la amistad sincera, el resultado es desalentador y se empiezan a plantear preguntas sobre el sentido de seguir viviendo.

La incapacidad de amar y entregarse a otra persona incondicionalmente, es otro factor que resta sentido a la vida. Hoy se confunde el amor con el sexo, con la atracción física, con el erotismo, esa falta de capacidad de amar y comprometerse con una persona es un síntoma de la pérdida del sentido de la vida.

El arquetipo de la víctima, tan extendido en nuestro planeta y que se expresa en frases como “pobre de mí” y la falsa idea del amor que lleva al deseo de morir “si tú te vas, prefiero morir”, son una manipulación que, con la doctrina del shock aplicada en México desde el sexenio de Felipe Calderón, ha llevado a la actual situación de desprecio por la vida. Sólo el amor verdadero, sólo la compasión y la solidaridad con los más necesitados nos puede salvar.

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