viernes, 21 de julio de 2017

9394. ESPERANZA Y CARIDAD.

LA FERIA

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Esperanza y caridad.
Tío Cacho (se ignora su nombre, decían que era Pancracio), fue un señor alto y bien plantado, de mero Autlán, que se casó con una bella flor de por esos rumbos, tía Sofía (guapa de provocar incendios forestales), con la que tuvo 16 hijos (…y prolífica). Él, aparte de guapo y de hacer hijos, no servía para nada; heredó un buen rancho que vendió para poner una fábrica de telas en Guadalajara, que quebró en meses; los siguientes 40 años tuvo como 160 empleos en once estados de la república, junto con decenas de negocios que siguió intentando. Ya grandes, los hijos los mantenían (bien), y tía Sofía les rogaba que ya no le dieran dinero a su papá para ‘sus locuras’, cosa que a tío Cacho indignaba: -Así no se puede… ¡no me tienes fe! –y la tía lo veía con una mirada rarísima, de cariño y ansias asesinas.

“… en aquellos días dijo Miguel Ángel a los reporteros: tengan fe en la PGR. Yo les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a Palacio Nacional: -Vete para allá - y Palacio Nacional se iría, pues nada es imposible para los que creen en mi padre celestial que está en Los Pinos”. -Palabra de Gobernación. -¡Gloria a ti señor!

Trajeron de Guatemala a un Javier N (que nadie sabemos quién es), y compareció ante el Juez. Presentaron las acusaciones los fiscales de la PGR y los abogados defensores de Javier N procedieron con ellos igual que una tripulación de barco pirata con una ingenua doncella. Quedaron sin resquicio sano.

El jefe de los fiscales es el procurador General de la República, Raúl Cervantes Andrade, quien, preocupadísimo esperando noticias del proctólogo, sobre el estado en que se encuentran sus muchachos, no ha tenido tiempo de explicar nada al país. Comprendiendo su pena, don Osorio Chong le entró al quite y nos  pidió fe en la PGR, provocando sin proponérselo un ataque nacional de ternura por él. Que tengamos fe…

A riesgo de escandalizarlo, don Miguel Ángel, le pongo unos cuantos ejemplos de por qué el ciudadano estándar de este país, NO le tiene fe a la PGR.

Con los últimos cinco presidentes de la república, hemos tenido 15 procuradores, algunos de los cuales nos abollaron la fe a los tenochcas simplex:

Cinco tuvo Salinas de Gortari, uno fue Enrique Álvarez del Castillo, acusado por la Fiscalía de los EEUU de proteger narcotraficantes; y otro fue Jorge Carpizo, el que sostenía que asesinaron al cardenal Posados porque lo confundieron con el Chapo Guzmán (que es como confundir a la Madre Teresa con la Gloria Trevi); el mismo que se reunió en Los Pinos con el nuncio del Vaticano, Prigione, que tenía en su casa a los hermanos Arellano Félix, y que los dejó ir, por no hacer un  alboroto (no se le ocurrió detenerlos a las dos cuadras, ¡carajo!).

Zedillo tuvo dos: Antonio Lozano Gracia (La Paca, las osamentas sembradas, los testigos que compraba Chapa Bezanilla… ¿así o más?); y Jorge Madrazo Cuéllar, el que resolvió la matanza de Acteal enchiquerando a 79 personas, de las que 51 fueron liberadas por orden de la Suprema Corte después de entre 12 y 15 años de pudrirse en la cárcel, porque la PGR fabricó pruebas y testigos.

De Fox también fueron dos: el general Rafael Macedo de la Concha, el que no encontró delitos graves por la muerte por asfixia de un detenido por la PGR, mientras era interrogado (caso Guillermo Vélez Mendoza; a cuya familia la Procu indemnizó doce años después, en 2014, con 9 millones de pesos); el de las pifias en los casos de Rogelio Montemayor, Cabal Peniche, Isidoro Rodríguez, la extradición de los Amezcua ­acusados de narcotráfico-, y Gustavo Ponce; ese Macedo, encargado de parar la candidatura del Pejehová, tratando de meterlo a la cárcel, cosa que puso al país al borde del despelote. Chulada de Procurador, seguido por Daniel Cabeza de Vaca, al que le estalló en las narices el caso de Florence Cassez, cuando se probó que su detención en flagrancia fue un montaje para la televisión, lo que puso al gobierno francés de frente contra nuestro país (y la tuvieron presa siete años). ¡Cómo vamos a desconfiar!

Don Calderón tuvo tres procuradores: Eduardo Medina Mora (hoy ministro de la Suprema Corte), el del “michoacanazo”, con 38 funcionarios encarcelados (“arraigados”) sin cargos, de los que los jueces liberaron a los 38 (al año y medio, 37 y a los tres años al último: todos inocentes); don Medina, el que tuvo más de tres años presas a tres indígenas (Jacinta, Teresa y Alberta), acusadas de secuestrar a seis agentes de la AFI; sustituido por Arturo Chávez Chávez, a quien se nombró a pesar de dos advertencias por escrito del embajador de los EEUU (despachos 09MEXICO2701 y 09MEXICO2759), de que estaba bajo sospecha de ayudar “a cierta figuras” del narcotráfico. Y Marisela Morales Ibáñez, la que con mentiras de “testigos protegidos”, encarceló al general Tomás Ángeles Dauahare y al zar antidrogas Noé Ramírez Mandujano; la hoy “cónsul” en Milán, publicó J. Jesús Esquivel, en septiembre de 2013, en Proceso, está fuera del país “(…) para poder hacer una investigación exhaustiva dentro de la PGR”, según declararon funcionarios del actual gobierno federal, “(…) concentrados sobre todo en lo que concierne a la corrupción por narcotráfico dentro de la hoy desaparecida Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO)”. Podridero.

Don Peña Nieto (para que vean uno no es ciego) ha tenido tres procuradores decentes, asómbrese y créalo (Murillo Karam, Arely Gómez y el actual Raúl Cervantes Andrade), nada más que con pura decencia no se arregla una Procuraduría General que al menos de 1988 a 2012, estuvo en fermentación, tupida de sabandijas (con sus honrosísimas excepciones); con un agravante: nuestro sistema de procuración de justicia va a tardar mucho en aprender a investigar bajo las reglas del nuevo sistema penal acusatorio. Si siempre fue difícil torcer a políticos y poderosos, ahora, más. Ahí está el caso de Javier N.

Pedirnos fe es pedirnos mucho don Osorio. Pídanos mejor esperanza y caridad.

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