jueves, 10 de agosto de 2017

9471. EL SUBMARINO CONFEDERADO H. L. HUNLEY.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista, articulista y crítico.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Mientras sonaban los cañones en la costa, el submarino confederado H. L. Hunley finalmente regresó a puerto, 136 años después de pasar a la historia como el primer submarino que hundió un buque de guerra enemigo.

El Hunley, que se hundió con los nueve miembros de su tripulación el 17 de febrero de 1864, después de dañar con un palo cargado de pólvora el casco de madera del Housatonic, un barco de bloqueo de la Unión, fue extraído el 8 de Agosto del 2,000 de su tumba en el fondo del mar, a pocos kilómetros de la isla Sullivan, en Carolina del Sur, Estados Unidos. Desde allí lo llevaron al laboratorio de conservación de la base naval de Charleston.

El submarino, de 12 metros de largo, 1,20 metro de ancho y 1,20 metro de alto, permaneció  en Charleston 7 años y luego pasó a ser exhibido en el museo de la base. En las inspecciones previas al rescate se determinó que, desde el punto de vista tecnológico, la embarcación era más avanzada de lo que indicaban los registros históricos.

Los científicos que lideraron el rescate creen que el Hunley se cubrió y se llenó de arena al poco tiempo de hundirse, lo cual permitió que su carcaza de metal se conservara en buen estado, al igual que los restos de la tripulación y sus efectos personales. Los buzos encontraron un agujero en el costado del Hunley y una ventanilla rota, lo que aparentemente permitió que el submarino se llenara de sedimentos y no se deformara. Una vez que se excave el interior de la nave, los restos de los miembros de la tripulación serán sepultados con honores militares.

El Hunley fue encontrado casi intacto en 1995 por el autor de best-séllers y cazador de buques náufragos Clive Cussler, quien lo halló después de cuatro intentos fallidos y 15 años de búsqueda. Y fue necesario que pasaran otros 5 años más -de planificación y captación de fondos- para extraer el submarino.
El estado de Carolina del Sur aportó 3 millones de dólares para traer de vuelta el Hunley a la costa y empezar los muy costosos trabajos de restauración. La inversión total en la recuperación y preservación del submarino se estimó en 17 millones de dólares.

Para rescatar la embarcación, los buzos deslizaron correas debajo del casco y las ataron a una superestructura de acero montada sobre el submarino. Decenas de embarcaciones se reunieron a ver cómo aseguraban el Hunley a la barcaza que lo trasladó a la costa.

Mientras se disparaban los cañones, en el Escuadrón Naval de Charleston flameaban al viento las banderas confederadas, junto a las banderas de los estados de Carolina del Sur, Alabama y Virginia. El Hunley fue construido en Mobile, Alabama, y varios miembros de la tripulación habían nacido allí. Un oficial, de los muchos presentes en la ceremonia, comentó: "Le estamos rindiendo tributo a un grupo de héroes. Estaremos orgullosos de ellos y de lo realizado en este día por el resto de nuestras vidas".

Los científicos norteamericanos abrieron las escotillas de un submarino hundido hace tanto tiempo que la historia se ha olvidado de él. Ni los descendientes de sus nueve tripulantes recuerdan ya la hazaña de sus antepasados Cuando las mohosas escotillas se abrieron, los científicos encontraron los restos de esos marinos, aún en sus puestos de combate y sepultados en un universo de hierro y de coral, que encierra una aventura tan digna de Julio Verne como de la más verídica historia militar.

La noche del 17 de febrero de 1864, la Guerra de Secesión norteamericana llevaba ya casi tres años desde su comienzo y el puerto confederado de Charleston permanecía bloqueado por la marina de la Unión. Los oficiales que montaban guardia en la cubierta de uno de los buques yankee , el USS Housatonic, observaron de pronto una sombra negra bajo el mar y unas extrañas olas que avanzaban hacia ellos. De repente, una fuerte explosión sacudió la estructura del barco levantando una inmensa columna de agua: el Housatonic se hundió en apenas cinco minutos.

Acababa de ocurrir el primer ataque exitoso de un submarino en toda la historia, algo que no volvería a repetirse hasta la Primera Guerra Mundial, medio siglo más tarde.

Bajo el mar, ocho tripulantes del submarino confederado H.L. Hunley, guiados por su comandante, el teniente George Dixon, propulsaban con sus brazos unos enormes manubrios que hacían girar el cigüeñal que impulsaba la hélice. Luego de su ataque, el Hunley, una maravilla de la ingeniería militar de la época, huía de regreso a puerto. Pero nunca logró llegar. Por alguna razón hasta hoy desconocida, el sumergible, tal vez dañado por la explosión que él mismo había causado, fue a dar al fondo del mar.

A diferencia de los submarinos modernos, el Hunley no iba armado con torpedos, sino que estaba equipado con un largo arpón, a modo de ariete, que le daba la extraña forma de un pez espada. La punta del arpón cargaba una bomba que se detonaba al tirar de un gatillo desde el interior del sumergible por medio de una soga de 45 metros.

Pero si el Hunley podía ser letal para los barcos federales que embistiera, también lo era para sus propios tripulantes. Antes de su hundimiento final, otras dos veces ya había zozobrado cobrando la vida de dos tripulaciones, incluida la de su visionario inventor, Horace Hunley. Su accidentada bitácora llevó al general confederado P.G.T. Beauregard a afirmar que el sumergible era "más peligroso para quienes lo usaban que para el enemigo".

Francamente, formar parte de su tripulación no era para cualquiera, y los voluntarios que se atrevían a hacerlo eran por lo general jóvenes inmigrantes irlandeses, ávidos de aventura y buena paga, que habían llegado a Nueva Orleáns antes de la guerra.

La carrera contra el tiempo para rescatar el submarino comenzó hace cinco años, cuando un equipo contratado por el novelista Clive Cussler lo encontró bajo un manto de cieno, a nueve metros de profundidad, en la boca de la bahía de Charleston. Desde entonces, más de 17 millones de dólares se invirtieron para reflotarlo y salvarlo del deterioro.

Tres minutos tomó izar del agua sus 29 toneladas, distribuidas en 12 metros de eslora, ante la mirada de miles de norteamericanos que consideran el Hunley "un tesoro nacional".


RECUERDE QUE LEER ES SABER, ES CONOCER, ES APRENDER.

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